Ellos descubrieron cómo vivir 120 años

Ellos descubrieron cómo vivir 120 años

14 de septiembre del 2014

El valle de Hunza parece un pequeño paraíso escondido entre la inmensidad del Himalaya. Gigantes montañas nevadas le sirven de muro, y ríos con bravos raudales bajan de lo alto con agua tan helada que apenas parece que esté descongelada.

El terreno es en partes árido, y en otras de verde vivo. El mundo de Hunza se alza sobre los 2.400 metros de altitud. Está en el nororiente de Pakistán, algo cerca de China y en tierras que se inscriben en Cachemira.

Llegar al valle de Hunza es una azarosa travesía. La población más cercana con un aeropuerto está a más de 12 horas en auto y la carretera no es todo el año transitable. La trocha, en invierno, es peligrosa por las inminentes avalanchas de nieve arrastran todo a su paso hacia temerosos abismos.

En las mejores épocas del año, los caminos hacia Hunza se llenan de frutales de albaricoque que adquieren un color naranja con otros tonos amarillos. En la meseta se ven numerosos colores de pastos y el aire limpio recorre un silencioso jardín en el que se puede cultivar cebada, trigo, almendra, hortalizas, coles, manzanas y cerezas.

En ese pequeño e inhóspito reino vive el pueblo Hunza y sus hermanos Kalash. Son una tribu nativa, de al menos 40 mil habitantes, que sorprende al mundo por su altísima calidad de vida, la carencia de enfermedades en sus pobladores y una longevidad que puede llevar a muchos de los lugareños a vivir hasta 120 años.

Ancianos y niños tienen una vida con suficiencia activa. A los pequeños se les ve jugando y aprendiendo las tradiciones culturales, y a los mayores cargando pesados bultos de las cosechas con las que se abastecerán en estaciones más frías.

Mujeres de más de 50 años parecen recién haber llegado a la madurez y cuando tienen 60 años aún están en capacidad de dar a luz.

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El valle de Hunza es un lugar de ensueño para una larga vida. 

Los hombres alardean de ser sexualmente activos después de los 70, y ostentan sus cuidadas sonrisas después de los 100 porque no están postrados en una cama, sino que siguen en las granjas en tareas de pastoreo o agricultura.

El alejado mundo de los Hunza

Su apariencia dista de la del resto de pakistaníes, chinos, indios o afganos. Tienen rasgos físicos europeos, como caucásicos.

Dicen algunos relatos históricos que los Hunza serían descendencia directa las tropas de Alejandro Magno, y quizá algunos llevarían los genes del rey de Macedonia.

Los griegos, y en especial las campañas de Alejandro Magno, atravesaron el valle de Hunza hace más de 2.300 años siguiendo la famosa Ruta de la Seda. Es probable que hayan dejado una herencia en tremendo paraíso, con personas que encontraron los secretos de una vida próspera, tranquila y sana.

Los Hunza hablan Burushaski, una lengua nativa que se transmite por tradición y solo es empleada por quienes habitan en el valle, y su religión es el ismaelismo, una corriente del Islam chií.

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Las mujeres se dedican a la alimentación familiar y el racionamiento de las comidas. Son las que secan las frutas y las conservan para el inverno.

Lo curioso es que a pesar de ser musulmanes, su tradición es bastante liberal. Si bien su doctrina entiende que el Corán es una alegoría de un mensaje oculto, que aunque sea descifrado tiene siete niveles más de mensajes ocultos hasta llegar a la verdad suprema, también se desentienden de las ortodoxas normas que –por ejemplo- exigen a las mujeres usen un velo que les cubra el rostro; para el pueblo Hunza, el género femenino es tan igual como el masculino.

Aunque los matrimonios son acordados por los padres de la pareja, si los recién casados experimentan una incompatibilidad en su convivencia pueden separarse. Además, la mujer casada puede decidir frecuentar la casa de su familia y vivir en ella el tiempo que considere prudente, si existe algún inconveniente con su esposo.

Finalmente son reconocidos como una población ejemplo en alfabetización. Claro que los niños del pueblo Hunza reciben educación tradicional, pero también se les enseñan lenguas como el urdu y el hindi. El 95% de la comunidad sabe leer y escribir.

El secreto de la eterna juventud

Antropólogos, etnógrafos, médicos y curiosos se han aventurado a viajar al valle de Hunza, bajo la promesa de conocer los secretos de una vida prolongada y saludable.

Lo que han encontrado quienes visitan el pueblo, es que nadie tiene una vida sedentaria sino más bien activa. Su alimentación es rica en calorías pero baja en  proteínas y tienen una cotidianidad sin estrés ni tensiones.

Hay en el mundo otros ejemplos de pueblos con altos índices de longevidad, como los Abkhazia en el Cáucaso y los Ikaria en el mediterráneo.  Las dietas en todos estos lugares son ricas en vegetales, frutos y un nivel de colesterol del 50% menos que en el promedio global.

En el libro de John Clark llamado ‘Lost Kingdom of the Himalayas’ (Reinos perdidos de los Himalayas), el investigados describe que los Hunza solían basar sus comidas en cebada, trigo, nabos, zanahorias, fríjoles secos, guisantes, calabazas, melones, cebollas, ajos, coles, coliflores, albaricoques, moras, nueces, almendras, manzanas, ciruelas, melocotones, cerezas, peras y granadas.

Acostumbran a comer en verano frutas, verduras crudas y leche, mientras que en invierno el alimento cotidiano son albaricoques secos con granos cocidos y queso de oveja. Casi nunca consumen carne y, cuando lo hacen, prefieren el pescado.

Las semillas de los albaricoques son procesadas para obtener aceite, que en tiempos de frío también es usado para obtener calorías.

Los Hunza también tienen un licor obtenido de frutas y les sirve para sus fiestas y los tiempos de frío.

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Proceso de secado de frutas para el invierno.

Los líderes religiosos practican rituales con el humo de la ruda siria para llegar a estados de trance y profunda reflexión. También es impactante conocer de sus tradicionales baños en el agua helada pero cristalina que viene desde las montañas, lo que para muchos tersa su piel y les da apariencia de juventud.

Los investigadores que han visitado el terreno confiesan que no es tan cierto que los Hunza sean inmunes a las enfermedades; las han padecido, pero un adecuado manejo de medicamentos con plantas y cuidados naturales les permite sobrellevar las decaídas.

También se cree que las aguas de los ríos que vienen del Himalaya, con líquido originado directamente en los picos nevados y ricos en minerales, podrían ayudar a la envidiable salud y longevidad de los lugareños.

El zoólogo y expedicionario marroquí Jordi Magraner, que estuvo 9 años conviviendo con pueblos del norte de Pakistán, describió al término de su viaje los que creyó él que eran los secretos de la larga y buena vida de los Kalash y Hunza: “ (La clave son) los elementos fundamentales que nos deberían definir como seres humanos: la camaradería, el amor por la diversión, la música, el baile y la cultura; proteger a los pobres, al medio ambiente; alejarse de las tensiones, ser felices y vivir el amor en general”.