Mujeres Nasa: tejiendo vida para el país

Mujeres Nasa: tejiendo vida para el país

5 de diciembre del 2018

Cada cuadra de este municipio tiene en sus paredes murales que hablan del pueblo Nasa: uno de los ejemplos de resistencia más significativos para Colombia, desde La Colonia hasta ahora.

Un viaje a Caldono, en el departamento del Cauca, una región con 84 resguardos de ocho pueblos indígenas se convierte una visita obligada a la historia del país.

Sus líderes cuentan relatos como el de Juan Tama de la Estrella, un joven que viajó hasta España y logró el reconocimiento legal de los territorios indígenas en Colombia durante La Conquista.

Las abuelas Nasa recuerdan también, que en los años 1500 existió una mujer: Guatipán, conocida como ‘La Cacica Gaitana’, una indígena que vengó la muerte de su hijo a manos de los españoles, marcando un antes y un después para este pueblo. Desde ese entonces hasta el siglo XXI, hombres y mujeres de la comunidad han tejido la vida de su gente y del territorio sobre los hilos de la historia.

Entre charlas y visitas al Cabildo San Lorenzo de Caldono, Romelia Guagua Bomba, una líder con ojos profundos e ideales orientados al servicio, manifestó que estar bajo la coordinación del Programa Mujer A’wala le ha permitido entender el significado de cada hebra que se entrecruza, para formar los tejidos hechos por sus compañeras de comunidad y que hoy se comercializan a lo largo del territorio nacional.

Mujer A’wala, una expresión creada en Nasa Yuwe, que representa en castellano la relación del territorio con la mujer.

El programa es un espacio en el que las mujeres tejen implementos propios de su región. Posteriormente son comercializados en la región. La iniciativa genera además independencia para las tejedoras. “Ellas pueden vender sus productos y se sienten útiles. Ya no dependen tanto del marido, sino que ambos aportan en el hogar”, cuenta Romelia.

La casa donde se reúnen las mujeres a tejer es un lugar oscuro y a pesar de estar en un clima caliente, su estructura descuidada y de concreto hace que el frío llegue a los huesos. Solo los días en que todas tejen se siente el calor de la lana hilándose para construir mochilas, sandalias y toda clase de objetos que las manos permitan, para representar su dimensión cosmogónica.

En el programa, las mujeres tejen más que un accesorio. Por ejemplo, una representativa mochila blanca con un hilo colgante en la parte inferior representa el cordón umbilical, la conexión de un hijo con su madre. Y es llamada la matriz de la mujer.

Los chumbes, son una herramienta de suma importancia en la comunidad y con un único significado. Personas que no pertenecen a ella los utilizan como accesorio para la casa o para el cuerpo. El chumbe es el libro del los Nasa, en ese tejido de aproximadamente diez centímetros de ancho por dos metros de largo escriben con puntadas las anécdotas del pueblo.

“Las figuras cuentan situaciones y los colores hablan del territorio, todo lo que cocemos es muy bien pensado”, cuenta Romelia con la certeza de que entender la cosmogonía Nasa es todo un reto para el mundo occidental.

Tradicionalmente se han utilizado los chumbes para cargar a los niños en la espalda, “el conocimiento está adelante y los mayores abren el camino, por eso los niños se llevan atrás cargado con el chumbe, con la historia que los cobija”.

Durante las extensas asambleas en cabildo San Lorenzo en Caldono, que suelen realizarse los sábados durante casi siete horas, mientras los hombres exponen sus ideas, las mujeres escuchan y tejen.

“Ellos hablan los temas que nos afectan a todos, nosotras los escuchamos y dialogamos con las compañera para ver de qué manera podemos ayudar. Ya si vemos que es muy importante lo que vamos a decir interrumpimos el tejido y pedimos la palabra. De otra forma no”.

El tejido además de representar la cultura en su complejidad, es para las mujeres Nasa un símbolo de resistencia que les permite ocupar un lugar en la sociedad. Mariela Poscué, una de las tejedoras del programa comenta que “desde pequeñas los mayores decían que es muy mal visto que las mujeres carguen las cosas en chuspas (bolsas) por eso aprendimos a trabajar en lana de ovejo. También le tejíamos a nuestros hermanos; nos enseñaron que ellos estaban muy ocupados en cosas de hombres”.

Las mujeres han encontrado en el trabajo artesanal una alternativa para manifestar sus tradiciones y resistir a las dinámicas de la globalización, que como afirman, “amenazan con acabar con nuestra cultura, porque el mundo va a un ritmo muy diferente al de nosotros”.

Ellas astutas y tranquilas consideran que lo que para muchos citadinos es un accesorio, desde la ancestralidad de sus pueblos originarios es un mensaje de resistencia.