Explorando la infidelidad femenina

Cortesía Armando Martí

Explorando la infidelidad femenina

11 de febrero del 2019

Uno de los temores más profundos que tienen los hombres es que su pareja les sea infiel. Paradójicamente en muchos casos, es la inseguridad del hombre y su necesidad de afirmación masculina, la que induce a la mujer a caer en los brazos de otra persona. La infidelidad es el factor de más inestabilidad en la relación de pareja, ya que, nunca es esperada por ambos miembros. Se hacen promesas “de amor eterno y fidelidad perpetua” con la mejor de las intenciones pero en cualquier momento, pueden incumplir este acuerdo que se afecta por la mentira, la traición y el engaño. Cuando esto sucede, los integrantes de este triángulo pasional son arrastrados a desbordes emocionales inesperados, con consecuencias que pueden ir desde la obsesión hasta la misma violencia física, la manipulación y la venganza. Aunque la infidelidad va mucho más allá de un simple engaño, en su fondo más inconsciente estas acciones quieren manifestar algo sobre nosotros mismos que no queremos o no hemos podido ver.

Recordemos que lo contrario del amor es el miedo y en esta paranoica sociedad, le damos más prelación al temor que a la seguridad del amor. Cuando nos abrimos al afecto, nos sentimos vulnerables y confundidos. Preferimos entonces, usar nuestro “traje de Neopreno” para defendernos del dolor, del abandono y de una posible separación de pareja. Por increíble que parezca, algunas personas se debaten entre la desconfianza y los celos, entre la imaginación y la verdad, teniendo como base el temor a descubrirla o confrontarla. El amor inteligente está compuesto por pasión, amistad, intimidad, espontaneidad, aceptación y desapego. Por el contrario, el amor condicional lo sustenta e intoxica el control, la ira, la crítica desmedida, la imaginación obsesiva, la competencia, los celos y el ego en su exigencia de “exclusividad” física y mental hacia la pareja, intentando convertirla además en su esclava emocional.

Biológicamente es imposible que la especie humana sea fiel a una sola pareja. Existe la posibilidad de que a través de la inteligencia y el desarrollo psicológico, la persona llegue a tomar consciencia de su temperamento natural (sanguíneo, colérico, melancólico y flemático) y desde esta aceptación de su esencia decida ser fiel, de lo contrario al no saber quién es ni tampoco lo que quiere, está deshabilitada para cumplir promesas de fidelidad y estabilidad afectiva.

Alicia Walker, socióloga de la Universidad Estatal de Missouri y autora del libro La vida secreta de la esposa infiel: poder, pragmatismo y placer, publicado en noviembre del 2018 afirma: “Todos vamos por el mundo asumiendo que existe un concepto universal de lo que es engañar, pero la realidad es que dos personas pueden estar en la misma pareja y tener diferentes definiciones de lo que significa ser infiel, por ejemplo, para algunas personas la infidelidad implica relaciones sexuales, mientras que para otras la intimidad emocional ya constituye una traición y qué pensar en los que pagan por sexo, miran pornografía, envían mensajes con contenido erótico o están en contacto con una ex pareja. La línea no siempre se traza en el mismo lugar”.

La infidelidad femenina

La infidelidad femenina siempre ha estado presente en la historia de la humanidad de forma mitológica, religiosa, ficcionada o real. Desde la Biblia que en su narración mítica acusa a la primera mujer Eva como “adúltera”, traicionando a su pareja Adán y a su Creador, cae en la tentación y seducción emanada por el Ángel Caído “Satán”, forjando así, el castigo para el resto de las mujeres a través de la historia con partos dolorosos, vergüenza, persecución, señalamiento y culpa, condenando las infidelidades de símbolos femeninos como Afrodita, Hera, Helena de Troya, Cleopatra, María Antonieta de Francia, Lucrecia Borgia y Ana Bolena de Aragón, hasta los affaires de los tiempos modernos protagonizados por Marilyn Monroe, Jackie Kennedy Onassis, Mónica Lewinsky, la princesa Diana de Gales, entre otras.

Foto cortesía Armando Martí.

Como consultor, terapeuta y Coach de Vida he encontrado similitud en los signos y señales de alarma descritos por muchos de mis asesorados, quienes han sido afectados de una u otra manera por la infidelidad femenina, los cuales podrían ser resumidos de la siguiente manera, haciendo la debida salvedad de que cada caso es diferente a otros, por lo tanto, no se pueden generalizar estas señales de infidelidad, solamente relacionarlas según la forma en que me fueron relatadas: la mujer rechaza o evade las relaciones sexuales por cansancio, jaquecas, insomnio y dolores generalizados; asimismo, se ha vuelto distante, pensativa, ausente o por el contrario, se puede mostrar agresiva, desatenta, fría, malhumorada y conflictiva; le reclama a su pareja más atención, afecto y consideración, sin embargo, cuando la pareja cumple estas demandas, aparecen “otras exigencias”; en las discusiones que se suelen presentar especialmente durante los fines de semana, ella empieza a tratar el tema sobre alguna infidelidad del pasado que se suponía perdonada volviendo hacer el reclamo por esta traición, señalando a su pareja de mentiroso e inmaduro y amenazando con abandonar la relación. En otros casos, el vínculo se volvió rutinario y monótono, prefiriendo ella estar con su familia, allegados y amigos, más no con su esposo; prefiere dormir en cuartos separados y pide insistentemente que se le de “su espacio” para tomar decisiones, reflexionar y encontrarse a sí misma, pues se siente intranquila, ansiosa, confundida y casi todo el tiempo está evadiendo los problemas o enfrentándolos con peleas y discusiones.

Otras señales exteriores de una posible infidelidad femenina son: aumento exagerado en consumo de llamadas, esconder los recibos de su celular, cambiar a nuevos gustos y hobbies como su guardarropas, bajar de peso y obsesión por las cirugías estéticas. Cambios notorios después de ingresar a la universidad, a un trabajo o a cargos nuevos, llegando más tarde de la hora normal y oliendo a alcohol, ocultando el celular y sus redes sociales con nuevas claves secretas. Además empieza a hablar en forma libre y espontánea de la posibilidad de tener relaciones abiertas e insinuar que ella estaría tranquila si su pareja se consiguiera una novia o amante, pues ella está encontrando una esencia espiritual por encima de estas superficialidades del instinto del hombre. (Muchas de las nuevas actividades realizadas por fuera del hogar tales como ir al gimnasio, al Spa, ir a paseos grupales, tomar cursos y talleres de Autoayuda lo realizan sin la compañía de su esposo pero con la asistencia, en algunos casos de su amigo secreto).

Finalmente, algunos de mis consultantes me relatan que a veces se han sentido tratados con intolerancia y desprecio, que su mujer quiere ser deseada y reconocida. pero que ya es un poco tarde para remediar el problema. Es de anotar que esta situación no se ha causado únicamente por fallas de la mujer, sino de ambas partes. Tanto la infidelidad masculina como femenina, es generada por muchos núcleos emocionalmente traumáticos no resueltos o negados desde la infancia de ambos integrantes. En el caso del hombre, si es machista y abusa de su autoridad, es desconfiado y controlador, ha olvidado los detalles haciendo caso omiso de los reclamos emocionales e íntimos irrespetando y no valorando a su pareja, no es de extrañar que ella opte por la decisión de serle infiel.

La otra cara de la infidelidad

A continuación, para comprender este difícil tema y sus consecuencias a mediano y largo plazo, quiero contextualizar su origen. El deseo instintivo y sexual se sublima en un “amor romántico” y comienza cuando uno de los miembros de la pareja considera al otro individuo como especial y único. El enamorado enfoca su atención en la persona que es su objeto de amor, engrandeciendo sus virtudes y minimizando sus defectos; cuando todo va bien entre ellos se generan grandes cantidades de energía extra para emprender proyectos y metas, pero si no han madurado ante las pruebas y frustraciones propias de la vida, se pueden desanimar y la relación se deteriora ante la realidad. Algunas parejas prefieren salir de su estado infantil a través de la confrontación de la realidad, mientras que otras por el contrario, eligen huir por medio de la fantasía y la ilusión.

En términos de lo femenino, la infidelidad desde el aspecto biológico y químico está gobernado por una serie de sustancias químicas, por ejemplo la euforia de la pasión irracional se asocia con el estimulante de la feniletilamina (neurotransmisor), producido naturalmente en el cuerpo ante una atracción erótica. Al igual que con otras drogas, es adictivo, y las personas aumentan gradualmente su tolerancia, lo que requiere niveles cada vez mayores para lograr el mismo efecto. Con el tiempo, pierde el poder sobre nosotros, y el enamoramiento es reemplazado por un sentimiento de apego tranquilo al compañero. Asimismo, es importante profundizar en algunos móviles comunes que llevan a las mujeres al acto de la infidelidad:

1. La mujer siente vagamente que “algo falta en su vida”, experimentando una pérdida de interés en las relaciones sexuales con su pareja.

2. Después de un cierto intervalo, debido a la monotonía y falta de creatividad en la pareja, la mujer siente un inesperado despertar del deseo sexual, pero por otro hombre que aparentemente tiene las características que activan las hormonas del deseo. En muchos casos, las mujeres no actúan rápidamente sobre sus nuevos deseos. Por lo general, pasan por un período de sentirse culpables y, a veces, intentan mitigar estos sentimientos mediante una mayor atención hacia su pareja.

3. Con el tiempo, la mayoría de las mujeres comienzan a racionalizar sus intereses eróticos extramaritales, pues una vez que comienzan a creer que sus deseos descarriados pueden ser la fuente de culpa del fracaso de su relación sentimental, tienden a volverse más negativas y sarcásticas, síntoma de que es solo una cuestión de tiempo y oportunidad antes de que avancen a la infidelidad real.

Foto cortesía Armando Martí

4. Las mujeres involucradas en asuntos de deslices amorosos e infidelidades hablan de sentimientos diferentes a los que habían experimentado antes, sintiéndose vivas nuevamente. Sin embargo, esta euforia se combina con dolor, mentira, culpa y vergüenza, pues es el resultado de un comportamiento adictivo relacionado con la química cerebral del apego erótico.

¿Cómo mantener vivo el interés, la pasión y la complicidad con la mujer?

1. La amabilidad: el buen trato hacia la mujer sin insultos o palabras que desacrediten, es un sólido cimiento para sembrar la tolerancia y el respeto hacia sus creencias y gustos.

2. Mantener el placer sexual: Es necesario que la mujer se sienta deseada para que a su vez se haga desear, sin fingir las emociones y desinhibirse de los prejuiciosos religiosos y sociales, que impiden que fluya el amor en toda su expresión.

3. La diversidad y creatividad: evitar la monotonía e inventar nuevas maneras de estar juntos, buscando los espacios de libertad del otro sin ser opresivos. De vez en cuando variar la forma de vestir, tener detalles sencillos observando lo que la complace, excita y hace sentir bien.

4. La entrega: ser leal, ayudarle hasta el final en las dificultades y enfermedades. Responder ante el pedido de ayuda y escucharla en medio de su emocionalidad. De esta manera y siguiendo las anteriores cuatro reglas esenciales, la relación puede y tiende a durar muchos años.

En el proceso para sanar la herida de la infidelidad, lo más importante, si en realidad se quiere reconstruir la vida en pareja, es el perdón y la reparación, después de un proceso de asimilación del hecho traumático de la infidelidad, ojalá en compañía de un psicólogo, terapeuta o Coach de emociones, que ayude a dejar atrás el deseo de venganza y de castigo, superando el resentimiento de quien fue infiel. Esa es la puerta que se puede abrir a la esperanza: reparar el daño causado es un compromiso profundo para aliviar las heridas que produjeron la decepción, la ira y la desconfianza hacia la pareja.

Sin esa actitud para dar esta nueva oportunidad es difícil la reconciliación. Aquella trillada frase de “perdonó pero no olvidó” impide la sanción integral de la pareja. Otra opción es renunciar al papel de víctima y entender la infidelidad como una enseñanza para cambiar algunos  patrones nocivos, con el fin de reavivar la pasión y reafirmar las promesas y compromisos acompañados de tolerancia y paciencia. Lo anterior nos hará madurar y tomar una decisión consciente y muy personal para continuar o no con la pareja.