El comandante del EPL que se quitó las botas para hablar de paz

19 de septiembre del 2016

Hizo parte de la guerrilla por 20 años, ahora es consultor de paz.

El comandante del EPL que se quitó las botas para hablar de paz

Secuestrar a la mamá del exgobernador de Antioquia Guillermo Gaviria Correa, que fue retenido y asesinado por las Farc, fue una de las cosas que como comandante del Ejército popular de Liberación (EPL), Jaime Fajardo Landaeta tuvo que hacer.

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Esto ocurrió hace más de 20 años pero Landaeta lo recuerda como si fuera ayer. ¿La razón? La familia Gaviria no solo lo perdonó, dentro de los gobiernos de los hermanos que han sido dirigentes en Antioquia, Guillermo y Aníbal Gaviria, el excomandante de la guerrilla del EPL se desempeñó como asesor de paz.

“Un acto de reconciliación muy bonito”, así define Landaeta el perdón que le dio la familia Gaviria y quienes desde el primer momento de su desmovilización lo invitaron a formar parte del gabinete de la gobernación de Antioquia. “Recuerdo mucho que Guillermo me decía que él solo quería la paz y que aunque en un tiempo estuvimos en guerra, él era un hombre que creía en las segundas oportunidades para forjar paz y reconciliación”.  

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A la fecha Fajardo Landaeta ajustó 25 años construyendo paz, gracias a las oportunidades que las diferentes entidades públicas y privadas le han dado para ejercer distintos cargos como delegado presidencial de la Red de Solidaridad, jefe de los planes de Ordenamiento Territorial, secretario de Participación Ciudadana, asesor de paz, consultor de paz, director de derechos humanos en la Gobernación de Antioquia y ahora estará en el Área Metropolitana como asesor de la línea de Seguridad, Convivencia y Paz.

En su vida como guerrillero y en la que lleva ahora como asesor de paz, Landaeta siempre ha tenido un solo ideal, “acabar con la desigualdad social. Anteriormente  en el EPL se quería acabar con esto por medio de la toma del poder mediante la vía armada, también queríamos imponer un gobierno revolucionario para acabar con la burguesía mediante nuestro partido, pero luego después de muchos años y muertes, entendí que la mejor manera de hacer política y luchar por la igualdad es por las buenas, con diálogos, respeto y paz, entonces ahora pertenezco al Partido Liberal”.

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En su lucha para acabar con la burguesía y obtener la toma del poder por la vía armada, Landaeta recuerda que los más duro fue irse para la selva a combatir. Allí comenzó con un frente de 5 hombres, que rápidamente fue creciendo hasta llegar a 300.

“La llegada al monte fue muy dura, recuerdo que me dieron unas botas pantaneras negras, un sombrero, un machete y andábamos sin uniforme. La caminata fue desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche y cuando llegamos por fin al campamento, después de caminar 15 horas, me quité las botas y mis pies estaban sangrando, llenos de heridas y todas las uñas se me cayeron porque las botas que me habían dado me quedaban pequeñas”.

Baja la mirada, frunce el ceño y luego de pensar unos segundos agrega: “Entonces debido a esas heridas abiertas, estuve muy enfermo y a punto de morir por enfermedades que me dieron: paludismo, brucelosis y anemia. Sin duda me salve de milagro porque no podíamos ir a un hospital”.

Sin embargo, para él, esto no fue lo más grave, ni lo que más le asustó de estar  en el monte, pues siendo muy inexperto para manejar armas, le tocó asumir su primer combate y ver morir a sus militantes.

“Para mí el peor susto en toda mi vida ha sido ese primer combate que tuve con el Ejército Colombiano, ellos eran más o menos unos 300 hombres, nosotros apenas estábamos construyendo el frente, entonces éramos 10 peludos a los que cogieron por sorpresa para matar. Ese día murieron varios combatientes del EPL, entonces lo que nos tocaba hacer mientras reuníamos más hombres era retiranos o hacer emboscadas para sobrevivir”.

“También fui una víctima de las  Farc”

Para Landaeta ser de izquierda era el principal motivo para ser casado por los de ultraderecha, pero la historia se complicó cuando fueron los izquierdistas de las Farc los que empezaron a masacrar al EPL, ya que ellos estaban próximos a la dejación de armas.

“Me tocó ver asesinar a muchos compañeros a sangre fría. Un caso en especial que recuerdo mucho es cuando estaba conservando con un superior mío del EPL y nos despedimos dándonos la mano, él camino más o menos unos diez pasos y fue baleado. Después de que hubo la desmovilización en 1991, fue peor porque como las Farc no se querían desmovilizar nos llamaban “traidores” y empezó la cacería para el EPL.

Mi esposa que también formó parte del EPL se tuvo que salir de trabajar porque la iban a matar, otra militante que se encontraba embarazada fue perseguida hasta Bogotá y allí la asesinaron, la masacre de La Chinita, la masacre de Urabá y por supuesto a mí me han hecho muchos atentados, de hecho todavía tengo problemas de seguridad”.

En total después de la desmovilización del EPL fueron 360 personas las que asesinó las Farc y personas de la inteligencia militar aliados con el narcotráfico, “a todos mis amigos los mataron, este fue un periodo de guerra sucia y muy fea, sin embargo, yo perdono a las Farc y los invito a reintegrarse de manera limpia a la sociedad, sostiene Landaeta.

¿Qué tan difícil es desmovilizarse?

Antes de contestar esta pregunta Jaime Landaeta suspira, cruza sus manos y después de dos minutos de silencio afirmó: “eso es lo más difícil que hay y más en ese tiempo (1991) porque en ese entonces no habían experiencias de desmovilización y no éramos un grupo guerrillero de grandes recursos como lo son las Farc, además a nuestros dos grandes comandantes ya los habían matado y yo asumí las riendas de la organización”.

Como líder absoluto y siendo el hombre encargado de  liderar la desmovilización del EPL, toda la carga de las 6.500 personas recayó sobre él, “otra de las cosas más difíciles fue hacer que la gente confiara, y cuando digo gente me refiero al ciudadano de pie y a los integrantes del EPL, porque para uno también era difícil confiar. Lo bueno que nos tocó fue que estuvo el proceso de la constitución política de 1991 encima, entonces logramos participar de ella”.  

Para Jaime Landaeta este décimo proceso de desmovilización por el que va a pasar Colombia tiene todo para ser positivo, ya que tanto Farc como el gobierno, deben examinar muy de cerca lo que falló en los nueve procesos anteriores para que no sea repetido en este.

“Los procesos de los desmovilizados en Colombia han sido muy fructíferos y han mostrado las buenas ganas de la reinserción a la ciudad por parte de personas como nosotros, que en algún momento vimos otros medios para hacer las cosas. Conozco a excompañeros que han sido senadores, alcaldes y diputados. Como ejemplo está Antonio Navarro. Considero que indudablemente la paz paga”, contó a KienyKe.com Jaime Fajardo Landaeta.  

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