El comandante de las Farc que vive con una bala en la cabeza

19 de septiembre del 2016

“Pensaba que el triunfo era llegar echando bala al Palacio de Justicia”.

El comandante de las Farc que vive con una bala en la cabeza

El domingo 28 de septiembre a las 2:35 de la mañana, Liliana recibió el mensaje de un muerto.

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-Hola Lili, soy Javier, su hermano. ¿Cómo ha estado?

Lili lo leyó, el doble chulito azul de WhatsApp no dejaba dudas que el mensaje había sido recibido. No hubo respuesta.

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Javier se quedó mirando fijamente la pantalla del celular, bebió un trago de cerveza, fumó, soltó el humo del cigarrillo y finamente, vencido por la nostalgia, se derrumbó.

Javier, que desde hace 14 años no es Javier sino ‘Franklin’, asumió que su familia prefería quedarse con la información de que el muchachito que se fue para la guerrilla, en marzo de 2003, estaba muerto.

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Pasaron 32 minutos, 32 largos minutos en los que ‘Franklin’ no paró de llorar. Lloraba pero callaba. No decía nada.

¿Acaso estaría pensando que meterse a las Farc no había valido la pena? ¿Acaso quería que Timochenko y Santos firmaran rápido el papel del Acuerdo Final en Cartagena para el salir corriendo a buscar a su hermana? ¿Acaso ‘Franklin’ nunca hubiera querido dejar de ser Javier? Todas las preguntas tuvieron respuesta.

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Liliana respondió, y lo hizo con un mensaje de voz que se nota grabó con mucha dificultad. Contrario a lo que pasaba en las sabanas del Yari, lugar en el que se desarrolla la X Conferencia de las Farc y en en donde ‘Franklin’ lloraba y callaba, en San José del Guaviare Liliana lloraba y hablaba, o al menos lo intentaba.

“Papi, que alegría escucharlo, las oraciones de mi mamá funcionaron, han pasado doce años desde que usted se fue. Nos habían dicho que estaba muerto, dónde está, cómo está, por qué nunca nos dijo nada, cuándo viene, mi mamá no me va a creer esto que está pasando”.

De un solo halonazo, ‘Franklin’ se desamarró el pañuelo militar que tenía alrededor de su cuello, se secó las lágrimas y escuchó el mensaje de su hermana, no una, sino varias veces.

“¿Cómo hago para responderle?”, me pregunta. La explicación no sirvió de mucho. El comandante de escuadra del Frente 27 de las Farc usó WhatsApp por primera vez en su vida. Tiene 28 años.

KienyKe.com fue testigo de una conversación que tardó doce años en hacerse realidad. Mensajes de WhatsApp con fotos y videos iban y venían, pero finalmente Franklin decidió llamar.

Se enteró, entre otras cosas, que su hermana era mamá, que a su sobrino Víctor le gustaba el fútbol y quería ser como James Rodríguez; que su primo Jhon se compró una moto y andaba como un loco por San José del Guavire; que su prima Martica ya no era Martica, era Marta, una señora de caderas muy anchas; que su hermano tenía tres hijos pero que solo respondía por uno; que a Jimena se le había caído un diente; que iban a pintar la casa y que su mamá tenía cáncer. Mientras esta historia se escribe a la señora la están operando.

¿Qué recuerda de la última vez que vio a su familia?, le pregunto.

“Recuerdo a mis hermanos pequeños a mi mamá feliz sobre una mecedora. En esa época no sufría nada, y ahora enterarme de que tiene cáncer (…) es muy duro. Pero ellos tiene que saber que yo estoy en las Farc por ellos, trabajo para ellos, para que tengan un país más justo”.

‘Franklin’ ya sabe lo que va a hacer después de la firma del Acuerdo Final.

“Quiero ser médico para salvar vidas y quiero hacer algo para que la salud sea pública y evitar que siga siendo privada como la tiene el gobierno actualmente”. De nuevo calla. ¿Acaso una de las vidas que quiere salvar es la de su mamá?

Hablar con un guerrillero es una experiencia que puede resultar perturbadora. Su discurso sigue siendo anquilosado, es como si siguieran un libreto, no es difícil pensar que tienen el celebro lavado, pero ellos piensan lo mismo de nosotros; que los periodistas burgueses vendieron sus ideas a cambio de unas monedas.

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Aún desconfían de lo que llaman “prensa al servicio de la oligarquía”, sin embargo, ‘Franklin’ se libera, se relaja y habla. ¿Acaso sirvieron las cervezas que nos tomamos mientras hablamos?

“Periodista, yo pensé que el triunfo de las Farc era llegar al Palacio de Justicia echando bala, matándonos unos a los otros, pero realmente en la guerrilla aprendí que esa no es la única forma de llegar al triunfo. Por eso queremos hacer política sin armas”.

Y fue precisamente por las armas que Franklin se metió a la guerrilla. Reconoce que siempre le gustaron y por eso a los 14 años “voluntariamente”, dice, se metió a las Farc.

“Realmente a mí me aficionaban las armas, pero en el transcurso de la guerra comprendí que las armas no son en el factor fundamental de la guerrilla”.

Durante sus 14 años en las Farc ha mirado la muerte de frente. La escupió y la venció.

En su cerebro no solo tiene claro el discurso fariano, también tiene un proyectil alojado.

“Durante un asalto que le hicimos al ejército me metieron un tiro en la cabeza”. Con su índice derecho señala la parte posterior de su cráneo mientras que con la mano izquierda se bebe otro trago de cerveza.

“En las primeros minutos de combate con el enemigo me metieron el disparo. Yo caí inconsciente no supe qué pasó, cuando me desperté estaba en el quirófano”, así le llaman a un lugar en la selva adaptado para atender a los guerrilleros heridos en combate. Tiene otro tiro en su pierna izquierda.

Y es que durante 52 años la guerra no tuvo tregua. Recuerda que para un año nuevo bombardearon el campamento en el que se encontraba.

“Eso fue cuando estaba en el Frente 46. A las 2:47 de la tarde un 31 de diciembre. Estábamos bañándonos. Yo iba para el caño cuando empezaron a caer los bombazos. Periodista, usted no se imagina el ruido y el miedo que se puede llegar a sentir con un bombardeo…no se lo imagina”, insiste.

“Lo único que hice fue botarme en la trinchera, acordarme de mi familia y encomendarme a Dios”. ¿Acaso no es el mismo Dios al que se encomiendan los militares?

La muerte ronda y Franklin lo sabe y también sabe porqué se ha burlado de ella.

“Afortunadamente tengo personal que responde. Aquí hay muchos guapos, mucha gente que es valiente, pero mucha gente también que es cobarde”, reconoce.

Le pregunto por Uribe. No se altera, no lo insulta, más bien reflexiona.

“Él dice que las Farc le asesinamos los padres a él. No sé si sea cierto. Si eso es verdad, habría que averiguarlo. Pero él no tiene por qué ser así. Por eso estamos buscando un cambio, pero él se opone a que cambiemos, él se opone a que seamos un movimiento político. Eso da como tristeza”, dice.

¿Y el presidente Santos?

“Yo solo les recomiendo leer el libro ‘En Honor a la Verdad’ de la periodista Vicky Dávila. Se darán cuenta la corrupción que hay en ese gobierno”.

Franklin, ¿y el secuestro? ¿Eso no le hizo daño a la misma guerrilla? Por eso hay gente que tampoco les cree a ustedes…

“No es secuestro, aquí los llamamos retención financiera o prisioneros de guerra”.

Es lo mismo.

“No es lo mismo. Y eso es lo que tienen que entender los colombianos. Que si nosotros hicimos eso es porque necesitábamos dinero para poder sostener nuestras necesidades”.

Pero la gente que secuestraron y las familias de los secuestrados también sufrieron.

“No sufrieron. A los ricos no les importa absolutamente nada. Un rico no siente, o siente muy poco. Lo que les importa es el dinero, lo que les importa es tener más, cada día más”.

El pasado domingo 11 de septiembre el jefe negociador de las Farc en el proceso de paz de La Habana reconoció que “las retenciones”, como las llaman ellos, fuero “un error histórico”. Pidió perdón a los colombianos.

Son cerca de las cuatro de la mañana. Franklin se levanta de la silla. En una hora se tiene que levantar y en tres horas más va a hablar con su mamá. Me aprieta la con fuerza la mano y se pierde en el campamento.

“Hasta luego periodista, que descanse”, me dice. No descansé. No dormí. Por primera vez en la vida hablé con un comandante de las Farc.

Por: Joseph Casañas.

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