La solemnidad de Jericó, Antioquia

30 de diciembre del 2018

El pueblo de la primera santa colombiana.

La solemnidad de Jericó, Antioquia

Por homilías, nunca por ideas laicas y quizá por la curiosidad de caminar uno de los destinos turístico inexorables de Antioquia, se llega a Jericó. Allí, como decía el primer vendedor de souvenires, “hasta el incrédulo cree, amigo”.

Los múltiples encantos de la tan afamada cultura paisa son perceptibles en su calles empedradas, los colores que bañan las puertas y los pequeños balcones que hacen de plantas y cuadros objetos espléndidos para fotografiar.

En Jericó, la actitud de emprendimiento es inherente y no se aflige por estar reposada en la religión, foco actual de la economía del pueblo. Sus proclamas políticas demuestran una crianza conservadora que hoy tiende sus lazos al gobernante de turno, a quien defienden a capa y espada.

La “cuna de la primera santa colombiana” honra a padres y desvirtúa elementos superfluos como el oro, la belleza y las imposiciones de mercado. Tal como pregonan los gozos de la madre Laura Montoya Upegui, en los que suplican que “florezca entre nosotros aquella paz tan anhelada, en la justicia y el progreso que como hermanos nos igualan”.

Los jericoanos son resistencia. Su lucha contra las multinacionales que pretendían explorar yacimientos de metal y demás riquezas del subsuelo venció. Fue batalla ganada que los campesinos artesanos del café en un gran porcentaje del municipio lo celebraron como la independencia española.

En la plaza principal se oyen más rezanderos que cantantes y el vino prolifera más que el guaro. El sombrero aguadeño se tiende en la mesa, se conversa y como buenos amigos “Dios me lo bendiga” y hasta pronto.

La bonanza del paisaje y la religión

En el 2013 la noticia fue impresionante y todo el mundo estaba atento. Se escuchó en el vaticano por voz del papa Francisco, -nació en Jericó, Antioquia-. El pueblo fue consagrado y bendito. Se acabada de proclamar a la madre Laura Montoya Upegui, santificada por hacer milagros a enfermos que en sus suplicas depositan las últimas esperanzas de vida.

Dicho nombramiento fue bonanza, es alabado y dejó entrever el olvido gubernamental. Pues las carreteras de Jericó, nombre que en los relatos bíblicos representa el alza de grandes muros, en se momento contaban con irregularidades y los grupos armados aún amenazaban y desplazaban a los habitantes.

Poco a poco, aunque su solemnidad reposó en sus montañas combinadas con paisajes soleados y con el cause del Río Cauca, implicados en promover la imaginación y tranquilidad en los artistas natales, la religión fue apoderándose del protagonismo turístico.

Jericó es la catedral, el vecino en la silla, sus 14 iglesias, la amabilidad y las palabras seductoras para promocionar llaveros, camisas, escapularios, manillas y tomar tinto o jugo de gulupa.

¡Haga clic aquí y conozca en tiempo real toda la información de Colombia y el mundo!

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO