Kate Horne, la británica detrás del duelo de Jesús Abad Colorado

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Kate Horne, la británica detrás del duelo de Jesús Abad Colorado

14 de febrero del 2019

220.000 muertos. Ocho millones de víctimas. Decenas de matanzas. Numerosos actores armados. 60 años de guerra. Un fotorreportero. Colombia.

Estos pueden ser, en breve, los puntos de partida del documental ‘El testigo: Caín y Abel’, dirigido por la británica Kate Horne quien acompañó al fotoperiodista Jesús Abad Colorado -el cual ha dedicado 25 años de su vida a retratar el conflicto armado en Colombia-, en un viaje de reencuentro con los protagonistas de sus imágenes más emblemáticas.

Con su lente, Horne sumerge al espectador, a través de la intimidad y la barbarie de la guerra, en un país rural tan cargado de piedad, como de escepticismo.

La Agencia Anadolu habló en Cartagena con la realizadora audiovisual traída por el British Council al Hay Festival que se realizó en ‘la heroica’ que finalizó el pasado 3 de febrero.

Productora y guionista de ‘Gabo, la magia de lo real’, directora de ‘My Kidnapper’ y ‘El testigo: Caín y Abel’, ente otros. ¿De dónde esa fascinación por contar parte de la historia colombiana a través del documental?

Tuve mi primer contacto con Colombia en 1995 a través de una estudiante de este país que vivía con mi familia en Londres, Reino Unido. Cuando ella estaba trabajando como niñera en mi hogar recibió una llamada donde le avisaban que su primo había sido secuestrado. Esa noticia, en ese momento cuando Colombia vivía una situación tan compleja, me fascinó.

Yo, con 15 años, no entendí el significado de la palabra secuestro. Vivía en un país donde las noticias más cercanas con ecos semejantes tenían que ver con británicos que se encontraban en Oriente Medio. Casos muy aislados.

Pero los fenómenos del secuestro en un país tan lejano en Latinoamérica estaban fuera de mi comprensión. Yo sabía desde niña que quería contar historias y esa noticia, en particular, fue el detonante que abrió el camino.

Fue así como llegué a este país para tratar de meterme en la piel de los protagonistas de mis trabajos audiovisuales con el fin de entender el génesis de estos fenómenos.

¿El ser extranjera significó alguna ventaja para contar historias del conflicto? 

Sí. Al ser extranjera me puedo mover como pez en el agua cuando estoy grabando o haciendo entrevistas. Mi ventaja es que no estoy permeada por ninguna filiación política, por lo que mi trabajo no es partidista.

En una escena puedo estar escuchando a los que apoyan a Juan Manuel Santos y a su vez, en otra, puedo escuchar a los uribistas. Tras hacer la revisión del material, procuro no imponer un sesgo político en mis documentales.

Pero obvio que a veces hay personajes con una carga crítica importante. En este caso, ‘Chucho’ tiene sus opiniones y todo, pero yo trato de matizar eso.

Por ejemplo, en el inicio del documental yo no quería poner la firma del acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno de Santos en el Teatro Colón porque eso ya enviaba un mensaje político, pero debí hacerlo para dar un poco de contexto a la audiencia mundial.

“Yo en Colombia no he podido saber quién es Caín y quién es Abel”, dice Abad Colorado en el inicio del largometraje. En ese contexto, ¿podríamos definir al paramilitarismo, al ejército y a la guerrilla como una tríada del mal que representa a Caín y a la Colombia rural como Abel?

¡Ay no, para nada! Yo diría que acá hay cosas muy profundas que no nos pueden llevar a prejuzgar de forma definitiva. En Colombia todos son víctimas de una guerra y algunos actúan conforme crecen en un entorno de violencia.

En el documental puedes notar que existe una figura central que resume todo esto: Camila. Ella es víctima porque perdió a su padre en medio del conflicto, pero también, empujada por un deseo de venganza, se volvió perpetradora de violencia. Acá nada es blanco y negro.

Aunque su trabajo tiene como eje el conflicto armado, también se enfoca en celebrar la resiliencia de los sobrevivientes… 

Es que es impresionante cómo los colombianos viven al límite. Por ejemplo, la resiliencia y resistencia que yo he visto en Bojayá -donde 117 personas murieron por la explosión de un cilindro bomba al interior de una iglesia en el 2002- es impactante.

Por eso es admirable alguien como ‘Chucho’, quien ha visto tantas matanzas, tantos asesinatos, familiares suyos fueron masacrados; si él tiene esperanza en la gente, en sus compatriotas, nosotros también podemos tenerla. Hay que romper con el círculo vicioso de la venganza.

Para Abad, la masacre de San José de Apartadó el 21 de febrero del 2005 fue un punto de quiebre en su vida. ¿Qué significó esta matanza para usted?

Yo me enteré de esa masacre un poco antes de conocer a Jesús. Pero tras conversar con ‘Chucho’ supe que el ejército y el paramilitarismo estuvieron involucrados en un crimen tan atroz donde hasta se masacraron niños.

Eso la verdad me impactó bastante porque, además, yo nunca antes había tenido contacto con estos campesinos y al verlos años después con esos deseos de vivir en paz, cultivando su cacao e irradiando esperanza, me marcó mucho.

En el marco de una ceremonia donde las Farc pidieron perdón por el carrobomba en Granada (Antioquia) que dejó 23 muertos, Abad le dice a Pastor Alape -dirigente de la extinta guerrilla- que más allá de invitar al perdón hay que dar respuestas. Alape lo evade. ¿Cómo fue ese momento?

En ese instante en particular, ‘Chucho’ se acerca a Alape para hacerle unas preguntas, pero nosotros no sabíamos que él iba a hacer eso. No teníamos preparado el equipo de filmación.

Ese momento encapsuló muy fielmente la manera en la que trabaja ‘Chucho’, respetando a alguien con quien no tiene nada en común y a su vez, de manera cordial, le exigió con vehemencia una respuesta para los suyos, para los campesinos.

Por otra parte, yo creo que Pastor Alape nunca estuvo preparado para la pregunta de Jesús y por eso se vio algo descompuesto e incómodo. Tenía, creo yo, vergüenza.

Más allá de retratar la furia de la guerra en Colombia, ¿qué importancia tiene Jesús Abad Colorado para este conflicto?

‘Chucho’ representa esperanza y reconciliación. Yo creo que Colombia realmente debería tener más figuras como él. Alguien que se apropie de un mensaje de paz y lo contagie a nivel nacional. Están los que firman la paz y están los que la llevan a los territorios. Jesús es este último. Necesitamos más ‘Chucho’.