Los tapetes: el embrujo de Jorge Lizarazo

15 de junio del 2018

Por Yiya Guerrero.

Los tapetes: el embrujo de Jorge Lizarazo

Jorge Lizarazo es una de esas personas que nació con el arte marcado en las venas. Todo lo que hace y dice en la vida tiene su ADN tatuado: su casa, su oficina, su taller.

Es el famoso tejedor de Hechizoo, cuyos tapetes pasaron del piso a la pared como auténticas obras de arte, que se valorizan con el tiempo, en la medida que expone en galerías y museos, y le compran los más famosos diseñadores del mundo para adornar los palacios de las realezas orientales y europeas.

Es bogotano, estudió arquitectura en París, y en su búsqueda artística, cuando volvió a Colombia, descubrió el arte de tejer. Carlos Vera y Liliana Jaramillo lo introdujeron a ese mágico mundo donde mezcló los hilos de plata, cobre y oro, con fibras naturales, y además a veces cristales y en otras ocasiones piedras preciosas. Tiene más de 2500 materiales en el almacén de su taller en el 20 de julio, en donde después de entrar sus amigos y clientes se transportan al mundo de sus tejedores.

Allí es donde le da rienda suelta a sus ideas descabelladas que luego convierte en alfombras, que son joyas de arte, y hoy están exhibidas en los hoteles más lujosos del mundo, en la casa de Angelina Jolie, y en las mansiones de los millonarios europeos.

Dice que le agradece su internacionalización a Cristina Grajales, quien desde Nueva York, impulsó sus tapices, que cargaba en una enorme maleta, de país en país, porque sabía que para que lo valoraran en Colombia, debía ser reconocido primero en el exterior.

En una ocasión, molesto, porque por ser colombiano se burlaron de su maleta en Los Angeles, les dijo, “Cuando ustedes vean lo que hay aquí, nunca jamás volverán a hablar mal de los colombianos”. Y abrió su caja de Pandora llena de muestras de su maravilloso trabajo. Los hombres se quedaron callados y desde entonces trabaja con ellos en esa ciudad.

Y mientras sus obras viajan por el mundo, él se refugia en Honda, Tolima los fines de semana, en una casa colonial que tiene con su socio y decoró a su imagen y semejanza, llena de tapices, tejidos y sofás que el mismo creó en su Hechizoo.

Allá descubrió que los pescadores del río Magdalena tejen con sus propias manos sus atarrayas, y como él, llevan este arte en la sangre. Se propuso entonces enseñarles a hacer tejidos diferentes y aprender de ellos lo que hacen. Su casona de pueblo está llena de las redes tejidas por pescadores en hilos de colores que los techos y se suben por las paredes. Algunos ya tejen en los telares de Hechizoo en el 20 de julio.

A punta de colores, Jorge el artista, se las arregló también para ser empresario. Con el apoyo de su socio, Germán, ahora tienen un sello famoso en Colombia. Tanto, que los turistas hacen tour hasta el 20 de julio para conocer cómo trabajan los tejedores.

Lizarazo es un experimentalista, y cada una de sus creaciones viene de algún contacto con nuevos materiales. Así como lo hizo con el cobre, el oro y la plata; los cristales, las piedras, las fibras vegetales, y los tejedores de Honda.

Adora Colombia, y aunque viaje hasta los confines del mundo cargado de sus mágicas alfombras como Aladino, siempre volverá a su país, a exprimirle arte al fondo y a la forma.

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