Jorge Luis Borges y el premio que nunca fue

15 de octubre del 2018

Escribirle a los jazmines, al rojo apasionante y desdichoso del amor, al olvido en retahílas y a “cierta esquina” para ser 30 años ya en descanso eterno reconocido por la “alcurnia letrada” con un Nobel de Literatura simbólico que detenga la espera pronunciaba cada vez que salía nominado. Jorge Luis Borges fue la revelación y […]

Borges

Escribirle a los jazmines, al rojo apasionante y desdichoso del amor, al olvido en retahílas y a “cierta esquina” para ser 30 años ya en descanso eterno reconocido por la “alcurnia letrada” con un Nobel de Literatura simbólico que detenga la espera pronunciaba cada vez que salía nominado. Jorge Luis Borges fue la revelación y es aún permanencia a través de sus letras.

Porqué premiar la narración del instante de un abrazo, del sol tímido de la mañana o del firmamento silencioso en noches de olvido y no disfrutarlo tal como siempre invitaba el escritor. Para Borges, “sí pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría descalzo hasta concluir el otoño” y continuaría esperando, sentado en una silla cualquiera con un bolígrafo en mano, el llamado a tan aclamado y caprichoso Nobel de Literatura aplazado en el 2018 por los escándalos sexuales que afronta la institución.

“Bienaventurados los misericordiosos porque su dicha está en la misericordia y no en la esperanza de un premio”

De ahí que, el recuerdo del viejo cuentístico, poeta y ensayista invadió al Comité Internacional de Escritores reunidos en la inauguración de la Feria del Libro Argentina (FILBA) del presente año. Entre los presagios e intrigas que dejó el autor nacido en Buenos Aires, conmemoraron la entrega del Nobel en medio de una recreación irónica de Esteban Feune de Colombi, actor que posaba de dama honorifica de la Academia Sueca.

Se declaró en la FILBA con visitantes ansiosos de lectura, que “la literatura actual es inconcebible sin Borges” pero “¿para qué molestarlo con elogios que se parecen tanto a la parodia y tan poco a la comprensión?”.

Para García Márquez, quien se consideraba un “lector insaciable” del argentino y que deseaba el fin de la “penitencia injusta” impuesta por la participación del autor a un evento del dictador Augusto Pinochet, “es inevitable: Borges es el escritor de más altos méritos artísticos en lengua castellana, y no pueden pretender que le excluyan, sólo por piedad, de los pronósticos anuales”, replicó el 8 de octubre de 1980 en “El Fantasma del Premio Nobel” publicado en el diario El País.

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Un día @tlatland nos propuso a @marccaellas y a mí que aprovecháramos los escándalos de los académicos nórdicos, siempre tan circunspectos y circunvalares y circenses, y después de tanto histeriqueo le diéramos el Nobel a Borges, cosa que finalmente hicimos en la décima edición del @fundacionfilba. Entonces me empilché de sueca con un fabuloso vestido de @juanperezvintage, fui a la peluquería y saqué a todas las mujeres que todos los hombres llevamos dentro, me planté en el auditorio del @museomalba y leí este discurso que escribimos con jirones del libro que reúne los prólogos de Georgie a sus obras predilectas: “Borges sabía que las obras maestras suelen ser hijas del azar o de la negligencia y que ser famoso en América del Sur no es dejar de ser un desconocido. Escéptico de casi todas las cosas, no lo fue nunca de la belleza. Sentía, quizá trágicamente, la vacuidad de las ceremonias, de las reuniones, de las academias, de los aniversarios y de los ritos, pero esas máscaras lo divertían. Sabía aceptar y sonreír. Abjuró de las religiones, pero creía, como los hindúes, que el universo está regido por una ley moral y que un rufián, un tigre o una hormiga saben que hay cosas que no deben hacer. Confesó que no podía vivir sin misterio, descubrir un problema le parecía no menos importante que descubrir una explicación. Comprendió que el mejor instrumento que les ha sido dado a los hombres para renovar o innovar es la tradición, no servilmente remedada sino ramificada y enriquecida. El descubrimiento de un texto fue para Borges algo no menos vívido que la cercanía del mar o de una mujer. Siempre escribió con la claridad que requiere la buena educación. El hecho de que fuera un genio no es menos admirable que el hecho de que siempre escribiera con modestia, a veces irónica. Leer un libro suyo es penetrar en una gran ciudad, que ignoramos, o en la sombra de una batalla. La literatura actual es inconcebible sin Borges. En sus textos se manifiesta el eterno afán de los hombres por una edad de oro. Los antiguos, que no tenían idea del tiempo, la situaban muy lejos; Borges treinta años atrás. <¡continuará!>”. Foto de @ferdelaorden

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Borges, el argentino milonguero y conciso

El reconocido escritor nostálgico que navegó en la incertidumbre amaba la milonga y el tango, era conciso y en sus relatos demostró la importancia de lo mínimo y suficiente para vivir, capaz de ilustrar los paradigmas de los imperios o de las inesperadas vistas al mar.

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo nació en “La Ciudad de la Furia” el 24 de agosto de 1899. A sus cuatro años ya escribía, a sus nueve tradujo una obra y se arropó de imaginación en un colegio de Palermo; allí fue introvertido y retirado de los demás pero imaginativo y soñador. En su adultez amó y fue amado por mujeres que entendían su entrega literaria y lo admiraban en las noches solitarias y grisáceas.

El escritor encadenado a la libertad de sus letras políticas, religiosas, filosóficas y ficticias visitaba frecuentemente a su madre Leonor Acevedo Suárez, a quien exaltaba con admiración y energía. Su muerte llegó en Ginebra, Suiza, un 14 de junio de 1986 tras un cáncer hepático que le carcomía los días y una ceguera prolongada en dosis mínimas desde su juventud.

Por su obra en la que conversaba con escepticismo sobre el azar de la imagen ante un espejo, del tiempo para recorrer un laberinto y las fieras nocturnas que en vida se encuentran, recibió múltiples galardones, entre esos el Premio Nacionales de Literatura en 1957, el Premio Miguel de Cervantes en 1979 y fue condecorado por el gobierno español con la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X en 1983.

Borges ideó obras como “El Aleph” una colección de 17 cuentos, articulados con metáforas y mitos universales. Además, dictó conferencias, escribió prólogos y poemarios. Condenó los asesinatos de las dictaduras militares y como argentino esperanzado y en armonía, se opuso contra la Guerra de las Islas Malvinas.

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