El poder de las letras en prisión

El poder de las letras en prisión

14 de septiembre del 2018

Es inevitable no encontrar en las letras una adulación frente a los sentimientos de sus protagonistas andantes, heridos y en lucha. A través de su poder se han retratado las dolencias más profundas de los pueblos. 

Imaginen a Juan David Ochoa Aguirre, afamado y actual versista del 87, sereno y disperso en Cali. En otroriedad y liderando un ventarrón de letras contra el karma nacional, contra el abismo de los mismos con lo mismo.

O mejor en Jamundí, a favor de la libertad y pregonando el idealismo desde una cárcel con amantes traidores de la vida, de lo “real”, de lo privado. Con los engañosos de horas que refugian sus párpados entre barrotes, azotes y temor.

Generalmente los internos son muy autobiográficos, muchos logran una intensidad poética evocando las imágenes que los llevaron allí, otros intentan eludir su memoria y recrean un futuro lejano.

Ochoa es tallerista de escritura creativa en centros penitenciarios de máxima seguridad y centros regulares, además ha trabajado con oficiales del ejército condenados por la Justicia Penal Militar. Asegura que, “en esos espacios de la última marginación todo el lenguaje que sustenta los preceptos humanos se destruye”.

Constantemente recibe confesiones de hombres que no encuentran palabras para narrar, que buscan ayuda, que se enferman, que necesitan desahogarse y no saben escribir.

Recuerda orgulloso su trabajo que con las palabras que entrega en los talleres, “un interno logró todos los métodos y los recursos del surrealismo en un texto que transformaba e invertía los sentidos de forma controlada. Un texto rítmico y fundamentado en las distintas figuras retóricas”. 

Su objetivo es ahondar el significado del alfabeto con métodos prácticos que resalten las alegorías de aquellos hombres invisibles y afónicos que sufrieron la petulancia de un castigo establecido desde la intención y moralidad humana. Para él, participar de esos espacios -me ha reinventado el suelo, los dogmas y los paradigmas-.

El silencio y las desdichas del poeta

El autodenominado ‘hombre posmoderno’ recita el silencio entre estrofas irónicas que comunican la necesidad, tras los ciclos perpetuos del dolor en las civilizaciones, de la venganza al odio que no permite el amor.

¿Por qué ahondar el silencio del tiempo y las desdichas nacionales en los textos?

JD:  Resulta notoria una postura crítica ante las permanentes contradicciones burocráticas de los políticos top del momento, ante la corrupción generalizada de las instituciones y ante esa moral usada como bandera y disfraz por distintos representantes de la Justicia y la fe. Es inevitable ser ajeno a una realidad acaparada por obispos y mercaderes de la ley. Por eso resulta evidente el tono y la postura generalmente oscura frente a la realidad nacional, pero esa es la evidencia y hay que nombrarla, aunque en mi vida y en mi cotidianidad detesto la quejumbre. Intento ser siempre práctico y evito hablar más de lo que hago.

En relación a la sensibilidad política y a la educación crítica del colombiano, ¿qué oportunidades creativas resalta?

JD: Puedo decir lo que tanto se ha dicho de este país hasta rayar en el lugar común más predecible: los colombianos, esta especie engendrada entre el azar y los experimentos raciales, esta bomba atómica de desconsuelo y vitalismo, tiene una esencia humana difícil de percibir en otros lugares con la misma intensidad. La potencia vital de este país es asombrosa

He trabajado con internos de distintas cárceles, con todos los prontuarios posibles, y siempre salgo de estos lugares atravesado por la perplejidad y el misterio humano. En muchos de ellos he encontrado una postura honesta frente a la vida, una consciencia de su renovación desde el arte o desde alternativas distantes de sus pasados.

La cultura es la principal plataforma de acercamiento de los pensamientos enemigos. 

Colombia tiene un futuro en la reinvención sin comparación, pero para esto deben solucionarse problemas estructurales que duran décadas. El canibalismo institucional y burocrático que arrastra a centenares de vidas a la decadencia debe empezar a desaparecer, y veo una inclinación positiva del país frente esta obligación. Será un proceso lento, pero confío en esa tendencia.

¿Cuáles son los retos del lenguaje en Colombia?

JD: Nombrar la complejidad ante todo, profundizar en ella. La violencia y la perversidad son temáticas que fácilmente conllevan a una visión superficial de los hechos en una narración. Es muy fácil concluir que la realidad en Colombia no tiene remedio y que somos una especie condenada a la traición, pero sobre esta realidad que parece ser evidente hay trasfondos y matices que son aún más reveladores de lo humano, mucho más poéticos y sugerentes que pueden ser trasformados en literatura o nombrados como base sustancial en una crónica periodística o una columna de opinión.

Ya específicamente hablando del lenguaje permanente, desde la cotidianidad, tendremos que nombrar lo que ha sucedido, conocerlo y grabarlo en la memoria. Hemos sido víctimas de nosotros mismos al ser indiferentes a la historia y a las muchas causas que nos llevaron a esta explosión de monstruos sociales que aun intentamos decodificar desde la lengua. Ese es el primer ciclo por resolver para reconstruir la vida desde la razón y la práctica.

Las letras entre barrotes y aventuras

No será a caso la biblioteca una penitenciaria de la cual nunca se quiere quedar en libertad y siempre incita al misticismo. Cómo descubrir que el cuerpo es el vehículo físico de un pensamiento soterrado…

¿Qué significa y cómo lograr que los reclusos liberen las letras?

JD:  Ellos son los que más sustento humano tienen para trascender su memoria en el arte. Han sido protagonistas de un ángulo marginal de la vida, otros son víctimas de la burocracia legal y han sufrido el poder atronador del absurdo. Pero todos han sobrellevado el sufrimiento desde el remordimiento, la culpa o el abandono de sus soportes mentales y espirituales.

Cuando estoy en esos espacios recuerdo la estadía de Dostoievski en la prisión de Siberia o el sufrimiento de Wilde en una condena por inmoralidad. En prisión hay múltiples perfiles, causas, y matices. El delito, el crimen, la legalidad y la virtud se conjugan todos en un espacio que el prejuicio no deja percibir. Ellos logran entender esa ambigüedad, logran percibir la trascendencia humana más allá de los rótulos de una condena, y muchos han escrito desde esa conciencia y revelado unos textos de un nivel alucinante.

¿Cómo ve usted el hacinamiento en las cárceles?

JD: Es un problema también estructural, y gran parte de este drama surge de uno de los mayores monstruos criminales de Colombia: la burocracia. El gobierno actual, en contravía de las evidencias, ha decidido aumentar más el desastre. La represión y el aumento de la paranoia moral van a saturar aún más las cárceles del país. Este país debe trabajar más para la prevención, su pasado ha demostrado que la represión no soluciona la estructura de sus fallas fundamentales.

El caleño comenta que actualmente se divierte en la creación de un libro de cuentos sobre, -las vidas conocidas, comentadas y las licencias literarias que se pueden tener ante historias tan poéticas como las de Nerón o Robespierre.-

Ahora, en las últimas líneas de la historia, escuche  “Kashmir” de Led Zeppelin, de seguro contemplará unos magníficos acordes de guitarra recomendados por Juan David.