La historia no contada de Alejandro Riaño y Juanpis González

Foto: Andrés Lozano

La historia no contada de Alejandro Riaño y Juanpis González

18 de mayo del 2019

Esa tarde, hace unos 15 años, en la Plaza de Toros La Santamaría, en Bogotá, toreaba César Rincón, el matador colombiano con más renombre en el mundo. Alejandro Riaño, de 17 años, estaba en las gradas, junto a su familia y un par de ‘amigos’. La estocada no le resultaba bien al torero. Los asistentes, entonados con la manzanilla de sus botas españolas y llevados por la pasión taurina, gritaban: “No sabe matar… Bruto… Péguele un tiro si no puede”. Se odió, odió a todos, odió aquel entorno. Fue la última vez que Alejandro Riaño pisó una plaza de toros.

Hace un año Alejandro creó a Juan Pablo González Pombo (Juanpis González), un gomelo arribista, clasista, regionalista, racista, homófobo y de ultra derecha; un personaje de ficción, sarcástico y satírico, un poco detestable, que ha tenido gran éxito en el mundo de la comedia. Crearlo y contextualizarlo le resultó una tarea no tan difícil: dibujó a personas muy cercanas, se acordó de las conversaciones con compañeros de colegio, trajo a la memoria las tardes en el club, recordó tertulias con las personas que se creen ‘gente de bien’.

Aunque para él no es orgullo decirlo, no oculta que el entorno en el que vivió es un reflejo de su personaje: lleno de personas clasistas. “Crecí en un mundo en el que se aparenta por apellido, en el que se mide a las personas por el qué se tiene o por lo qué se hereda. A los 14 me di cuenta de que estaba en un camino equivocado y me fui separando de ello”.

Y tampoco era que Alejandro y su hermana María lo tuvieran todo en la vida. Eran hijos de padres separados y vivían con la mamá en las residencias que construyó su abuelo en el restaurante que levantó en Chía, al norte de Bogotá.  Aunque la madre de los hermanos Riaño Pradilla inició algunos emprendimientos muchos no resultaban bien, pero ellos recibieron el apoyo y ayuda económica de la familia materna.  Por ejemplo la abuela les pagaba el colegio.

Las amenazas hablan de golpearlo y hasta de matarlo si llega a ir al Huila.

Fue precisamente en el restaurante familiar donde a Alejandro, a los 14 años, le ‘picó el bichito’ de ser comediante, cuando vio en el restaurante de su abuelo una presentación de Antonio Sanint y Julián Arango, con la rutina ‘Ríase el Show’. Desde ese momento no se alejó del sueño y empezó a construirlo, paso a paso, sin mucha aprobación familiar , quienes dudaban que el teatro fuese una profesión productiva. “¿Usted de qué va a vivir?. Eso es para marihuaneros”, le decían… Y en lo último no se equivocaban.

De adolescente y en época de estudiante escénico fumó yerba y fue un poco loco. El inicio de su desarrollo artístico lo acompañó con altas dosis de alcohol y rumba, que sin problema podía durar hasta cuatro días consecutivos. Este comportamiento lo alejó de la familia y sobre todo de su hermana María, con quien no se podía ni ver. Dice él: “Éramos como el agua y el aceite”. Ella juiciosa, aplicada, formándose como una gran profesional con pregrado, postgrado y hasta más y él un vago sin control que estaba más interesado en la farra nocturna que en ponerle sentido a la vida. Y cuando empezó a trabajar como actor y llegó algo de dinero y luego la fama, con “Comediantes de la Noche”, la cosa tendió a empeorar.

Para obtener el diploma de bachiller, Alejandro pasó por cinco colegios diferentes, entre ellos los más ‘prestigiosos del país’, como el Gimnasio Campestre, el José Joaquín Casas y el Agustín Nieto Caballero. De todos lo echaron y en Gimnasio Moderno no lo recibieron. No era bueno ni académica ni disciplinariamente. Terminó validando en un instituto. “Y mejor que no terminé en uno de esos colegios, que forman estereotipos de esa alta sociedad un poco ficticia”, dice.

El guía de un camino trazado…

Un personaje muy importante en la historia de Alejandro es su padre, el escultor Alberto Riaño, quien vivía en el barrio La Macarena, en el centro de Bogotá. Alberto era bohemio. Un hombre que inculcó en sus dos hijos valores propios de su esencia artística. Así que Alejandro y María crecieron en dos mundos diferentes: el de las altas esferas de las clases sociales y en el de la humildad del arte.

“Cuando era un ‘pelado’ me daba pena decir que mi papá vivía en el Centro. En los colegios de ‘riquillos’ donde estudiaba decir eso era una vergüenza. Si hubiera sabido desde más joven que iba a terminar en este mundo artístico, me la hubiera pasado más tiempo en ese Centro capitalino cargado de expresiones culturales”, dice el comediante.

Y fue precisamente el escultor quién inclinó a Alejandro por el lado artístico. Cuando el joven le dijo que quería estudiar teatro lo impulsó y hasta le presentó a la actriz Rosario Jaramillo, una de sus amigas, para que cursara con ella un taller y reafirmara aquella vocación. Su padre siempre le decía que hiciera lo que hiciera en la vida, tendría que esforzarse por ser el mejor y marcar la diferencia.

Foto: Andrés Lozano

Su sueño era estudiar cine en el extranjero, pero no había dinero para tal empresa. Así que siguió el consejo de su padre: “Estudia teatro, sigue con fotografía y luego con cine y televisión”. Terminó teatro en la Casa del Teatro Nacional y las otras dos quedaron aplazadas. Quedó enamorado de las tablas, de donde nunca piensa bajarse.

En noviembre de 2006, el día de cumpleaños de su mamá, llegó el día más triste en la vida de Riaño. Su padre, quien era su mejor amigo, con quien se iba de rumba, con quien tenía largas tertulias interesantes, murió en un hecho absurdo. Un escape de gas de la tina del baño lo envenenó mientras dormía. No volvió a despertar.

La muerte del maestro Riaño fue un golpe demasiado fuerte para Alejandro, que estaba muy ligado a él y a la ola artística que juntos estaban viviendo en el momento: Alejandro conociéndola y su padre enseñándosela.

“Para crear a Juanpis me inspiré en personas muy cercanas”

Pero no todo fue negativo con la muerte del escultor, cuenta el comediante desde la sala de su casa, en Cajicá. Este trágico hecho unió a Alejandro con su hermana, al punto que hoy son inseparables. Trabajan juntos; es ella quien maneja al artista. “Es mi hermanager”, dice y sonríe y remata afirmando que María es uno de sus amores más grandes.

Con la muerte del escultor también se empezó a arreglar su desordenada vida. Al empezar a trabajar con María y después de varios hechos, entre ellos un susto médico, y darse cuenta de que los ‘amigos’ eran de mentiras y que solo existían mientras había trago y fiesta, Alejandro empezó a ordenar el camino. Sería una mentira decir que dejó por completo la rumba, solo que ahora, por ahí una vez al mes, sale de fiesta y se bebe unos tragos con la madre de su hija y próxima esposa y con sus verdaderos amigos, que hoy se pueden contar con los dedos de las manos y sobran.

Llegar a la televisión con ‘Comediantes de la noche’ le trajo dos cosas importantes en su vida. Fue la catapulta para lograr reconocimiento y a partir de ahí emprender un camino de éxito, tanto económico como personal. Lo otro que llegó con este proyecto televisivo fue encontrar uno de los mejores amigos que la vida le ha entregado, pero así mismo que le arrebató rápidamente: el productor Fernando Gaitán, quien falleció el pasado 29 de enero.

Después de Comediantes llegaron otros proyectos. Participó en varias obras de teatro, con temporadas largas, de las que dice ha tenido buena crítica tanto del público como de sus directores. Pero es la comedia donde mejor se siente posicionado. Es la comedia lo que más le apasiona y hacer reír es lo que más sabe hacer.

Foto: Andrés Lozano

Riaño ha creado varios Stand up Comedy que ha presentado a lo largo del territorio nacional, siempre tratando de llevar a cabo su trabajo bajo una premisa que su padre le inculcó: “Siempre trata de estudiar para que tu comedia sea más fina. No trates de llegar al chiste fácil”. Aunque a veces caía en eso y en los chiclés, al darse cuenta de ello, estudiaba para darle solución a la situación.

Juanpis González

Desde hace un par de años Alejandro sabía que su comedia, aunque es buena y tenía público, estaba estancada. Necesitaba algo más. Necesitaba construir algo diferente y su mente empezó a botar ideas. Una de ellas llegó después de pensar que el país necesitaba un personaje que dijera las cosas sin filtro, que denunciara, que le contara a los colombianos que los estaban robando y la otra idea era hacerlo desde el humor negro, el sarcasmo, la indirecta: una alabanza a lo negativo para al final hacer entender qué es bueno y qué es malo para el país y para los colombianos.

“Yo odio la gente como Juanpis. Por eso lo creé”

Aunque parte de sus rutinas las dedicaba a criticar a los gomelos y las clases altas desde su punto de vista como Riaño, con Juanpis empeza a criticar esa sociedad desde adentro. La ataca desde su núcleo.

Foto: Andrés Lozano

“Lo creé precisamente porque aquí hay mucho clasismo, racismo, machismo, homofobia. Uno ya no puede hablar de nada que tenga que ver con política, porque ellos, los que critican, son los únicos que saben. Sentía que había la necesidad de un personaje que dijera las cosas sin filtro, igual con mucho temor de decirlas en un país como este. Pero que maneje un sarcasmo, que trate de construir. Un personaje que sea todo lo que uno no debe ser como persona”, así habla Riaño de la raíz de su personaje, que ha sido todo un éxito. Lleva más de 75 funciones agotadas y lo que falta por venir.

El crecimiento tan rápido de Juanpis ni siquiera el mismo Alejandro se lo esperaba. Todo se ha vendido. Sus redes sociales crecen de manera vertiginosa. Todos quieren saber más de Juanpis, ya no de Riaño, quieren a Juanpis González Pombo, de los Pombo de toda la vida. “Yo ya no vendo. El que vende es Juanpis. Es una cosa loca”.

Amenazas

“Tristemente en este país, tan cargado de pasiones, hacer humor negro, sátira o crítica política es difícil. Aquí la gente a veces no entiende que eso que uno hace es solo humor, que lleva un mensaje, sí, pero es humor”, dice Alejandro con respecto a las amenazas que ha recibido por su personaje y por dar a conocer su postura política, la de Alejandro Riaño.

Las primeras amenazas llegaron por parte de personas de Neiva (Huila). Quienes no entendieron que la referencia que hizo sobre la ciudad opita, al preguntar “¿qué es Neiva?” la hizo Juanpis González, un personaje de ficción, arribista, pelulante e ignorante, entre otras cualidades negativas.

“La crítica ni siquiera iba para la gente de Neiva, tierra que quiero mucho pero a donde no pienso ir por seguridad. La crítica iba para los petardos arribistas como Juanpis que no conocen su territorio y no salen de Bogotá o Cartagena”.

Las amenazas, que llegaron a través de Whatsapp y Facebook, hablan de golpearlo y hasta de matarlo si llega a ir al Huila.

Otras amenazas llegaron por parte de derechistas radicales, quienes lo empezaron a atacar a través de redes sociales cuando se enteraron de que Riaño no maneja la misma línea política del personaje. Ahora le dicen que es un “guerrillero”, un “mamerto” que se alimenta de la derecha pero utiliza su trabajo para criticarlos.

“La verdad el objetivo de mi trabajo como comediante es dejar a un lado las diferencias y polarización política y tratar de unir al país, así sea en un auditorio”, dice el comediante.

Novia, hija y matrimonio

Riaño se casa. Muchos de quienes lo conocen y escuchan esta noticia no creen que el Alejo o el Riaño se ponga el anillo, pero así es y se casa con todos los juguetes. Será una fiesta para unas 400 personas.

Conoció a su actual prometida y futura esposa, María Alejandra Manotas, mientras él estaba con otra de sus novias que la conocía y quien al verla trotando se la señaló mientras le decía que ella, Maria Alejandra, era muy creída. A Alejandro aquel nombre le quedó sonando porque la joven de quien su actual novia le hablaba mal, le gustó.

Foto: Andrés Lozano

Pasaron cinco años y muchas novias para volverla a encontrar. El rompimiento con una de esas relaciones lo llevó a mirar su Instagram y allí la volvió a ver y sin pensarlo dos veces le escribió, la invitó a uno de sus shows y empezó a coquetearle.

Para esa época Maria Alejandra también pasaba por una ruptura amorosa. Aceptó la invitación y desde esa época no se han separado.

Hace siete meses su unión dio el fruto más bello que la vida pudo entregarle al humorista, su hija Matilde, quien llegó a este mundo con el pan debajo del brazo, acompañando los recientes éxitos de su padre, como la creación y el buen arranque de Juanpis, su llegada a la plataforma de Netflix y otros proyectos que hay en el maletín. “Ella ha sido mi amuleto. Lo mejor que me ha pasado en la vida”.

Hace seis meses, junto a la Torre Eiffel, en París, el humorista se puso serio y romanticón, sacó del bolsillo un anillo con el que le pidió a la niña de Instagram que fuera su esposa. En medio del llanto de los dos la respuesta fue un sí y su amor se selló en una ceremonia el 18 de mayo.

Desde la sala de su casa, un entorno en el que hay cuadros gigantes de dos de sus personajes preferidos, Charles Chaplin y la caricatura Tintín, Riaño concluye esta entrevista hablando de su comedia, de la que dice que no trabaja por plata, que ni cuando no tenía un peso en el bolsillo trabajaba por llenar la billetera, que lo que él hace lo hace por pasión, porque ama su trabajo, porque desde siempre quiso y quiere construir país a través de la comedia y porque subirse a un escenario para hacer sonreír a las personas que pagan una boleta para verlo es lo que lo hace más feliz en la vida.

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