El ‘oro negro’ y el fútbol

El ‘oro negro’ y el fútbol

3 de Agosto del 2017

‘Deporte rey’: así le dicen al fútbol. Y no es un rey cualquiera, con un reino pequeño. Es un rey opulento, con una fortuna casi que incalculable, y con millones de fieles seguidores en todo el mundo. Es un rey al que nadie le dice que no. Es un rey que, con una facilidad fantástica, mueve cantidades demenciales por un solo jugador.

Es, además, un rey que mueve pasiones a niveles increíbles. En esas emociones que nacen en, por, y con el fútbol, está la clave para entender por qué mueve tanta plata.

Detrás de algunos equipos de fútbol, o por lo menos de los más grandes, hay personas muy poderosas que tienen intereses que van más allá de lo que pasa en las canchas. No sólo esperan ganar partidos, títulos; también esperan ganar plata. Porque, para bien o para mal, el fútbol es, más que todo, un negocio muy rentable.

En la ecuación que forman el fútbol y el dinero hay que tener en cuenta otra variable importante: el petróleo. Y como no hay rey sin oro, en este caso, ese oro es negro, espeso y carísimo. Por nombrar sólo dos ejemplos: Roman Abramovich, multimillonario ruso, dueño del Chelsea, y Mansour bin Zayed Al-Nahyan, miembro de la familia que gobierna Abu Dhabi, propietario del Manchester City.

¿Habrá alguna conexión entre la ‘inyección de capital’ que hicieron los dos hombres a sus respectivos clubes, y la  compra de jugadores caros, además de la subsiguiente racha de triunfos, incluida la corona suprema del fútbol europeo, la Champions, que el Chelsea ganó en 2011.

Personas muy caras

Otro magnate petrolero, dueño de un equipo de fútbol es Na asser Al-Khelaïfi, propietario del París Saint Germain. Él está detrás de la transacción más cara de la historia del fútbol: pagó la ‘módica’ suma de 222 millones de euros por Neymar.

¿Por qué se paga tanto por un ser humano? Técnicamente, no es posible monetizar el valor de una persona. No se le puede asignar un precio. Lo que sí se hace es valorizar las capacidades de esa persona. Es decir que, en función de lo que se capaz de hacer, de lo rentable que sea, se dará un dinero a cambio. En el fútbol esa es una regla de oro.

Jorge Barraza, periodista deportivo, explicó muy bien la lógica de esas cifras desorbitantes en el fútbol. “Es una concurrencia de factores, pero está claro que los precios los determina el mercado. Los pases de los jugadores se encarecieron no por razones de inflación monetaria (que también existe y lentamente va llevando la vara hacia arriba), sino porque no hay tantos cracks disponibles para atender la demanda de los distintos medios que lo requieren. La escasez de oferta eleva los precios. Surge la misma cantidad de futbolistas que antes, pero ahora hay mucho más dinero para fichar y decenas de nuevos mercados importadores. Eso también aumenta la cotización de las figuras”, escribió.

Más allá de garantizar triunfos deportivos –que es muy importante, por supuesto–, se paga mucho por un jugador en la medida que detrás de su capacidad está la publicidad, el mercadeo, la asistencia a los estadios, los patrocinios y los derechos televisivos. Todas esas variables confluyen, tanto para valorizar al futbolista, como para el prestigio del club. Y, además: para que la chequera de los propietarios e inversionistas se abulte.

El ‘fair play’ financiero

No sólo debe haber juego limpio dentro de las canchas. La Fifa ha creado una norma que evita que los equipos gasten más de lo que generan anualmente. La idea de la medida, ideada en 2007 por el entonces presidente de la UEFA Michel Platini era poner punto final al endeudamiento desmedido de los clubes.

“No gastar más de las ganancias que genera el club, es la traducción concreta. No tener deudas pendientes con otros clubes, jugadores y autoridades tributarias es el máximo objetivo”, explicó Infobae.

En esa lógica, a un jeque, dueño de un emporio petrolero que produce millones al día, no le costaría nada pagar “lo que cuesta” un buen jugador. Eso pondría en clara desventaja respecto a equipos más pequeños, a los que les quedaría imposible acceder al mercado de ‘jugadores cotizados’.