Un juglar contemporáneo es menos andariego, más expresivo y melancólico

Un juglar contemporáneo es menos andariego, más expresivo y melancólico

31 de agosto del 2014

El escritor, fotógrafo y columnista de KienyKe.com Jacobo Solano presenta por estos días su libro ‘Juglares Contemporáneos’, un trabajo que consta de dos tomos, en los que recopila 26 historias y más de 500 fotografías de músicos que constituyen “la vigencia de la música vallenata“.

El trabajo fue editado por el Ministerio de la Cultura y su autor recibió gracias a su esfuerzo un reconocimiento al mérito literario de la Universidad de La Guajira. KienyKe.com reproduce uno de los capítulos del texto. 

Juglares Contemporáneos

El Juglar Contemporáneo es otro tipo de músico, un poco más estacionario y más dedicado a crear en su espacio y es menos andariego, más expresivo y bastante melancólico, mucho más romántico asemejándose al juglar épico, sin perder la inspiración por su entorno y por la mujer que siempre está presente en sus creaciones. Es un explorador de otros instrumentos como la guitarra y el piano. El cambio de época lo afectó y eso se evidenció en la creación, de ahí surge la escuela dorada de los años sesenta, la que es la que este libro pretende exaltar por su sentimiento y por la pasión para hacer vallenato.

Turco Gil

Los Contemporáneos son igualmente respetados y han madurado su obra, tienen éxitos que son recordados, además siguen el mismo camino de la escuela tradicional, no han perdido esa estirpe, ni la capacidad de soñar, tampoco olvidan la vivencia como fuente de la canción vallenata y le agregan más dosis de poesía como elemento diferenciador. La edad es otro factor que ha marcado la caracterización de este exponente folclórico, en sus años tienen una carga de tradición que los convierte en autoridades indispensable para encuadrar en el término juglar. El acervo cultural de los juglares de nuestra música vallenata, tiene una historia de vida asociada al sexo masculino, pero no necesariamente es así, incluso, en esta nueva camada de juglares tenemos una juglaresa del vallenato, su trayectoria así lo indica y rompe los esquemas de una música tradicionalmente hecha por hombres. Son artistas, cantores, poetas, acordeoneros que nacieron para agradar desplegando su talento por la provincia vallenata. Su estilo está guiado por un hilo conductor que recorre un país vallenato en terrenos del valle del Río Cesar, en el norte de Colombia, y está influenciado por las melodías y canciones que hacen sus nativos.

Es el único país del mundo que tiene por constitución un folclor y sus fronteras las delimitan árboles de cañahuate y las mariposas amarillas son las guardianas de esa carta magna. Comprende desde el sur de la Guajira, en terrenos de Hato Nuevo donde nació Leandro Díaz, el eterno juglar, integrado con el norte del Cesar hasta la zona de El Paso, tierra de esa gran leyenda llamada Alejo Durán, en medio de la serranía de Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta, que sirven de inspiración para estos creadores. Su capital es Valledupar y el Festival Vallenato es el congreso donde se dictan las leyes y se celebra la gran fiesta en la que confluyen todos los nacionales vallenatos.

Beto Murgas Emiliano Zuleta

El Juglar Contemporáneo que habita este país vive para su música y ama a su región, tiene como elemento común que no ha estudiado música y su talento es natural, el carácter de unidad se hace en torno a una parranda, sus características musicales son muy parecidas, son poseedores de una escuela que es identificada en el mundo vallenato, fueron afectados por la modernidad como Fernando Meneses, Fernando Dangond, Rafael Manjarrés, Santander Duran Escalona y Gustavo Gutiérrez que salieron a explorar otros lugares y asimilaron otras músicas que fusionaron con el vallenato, pero también se vieron influenciados por Tobías Enrique Pumarejo quien marcó el norte romántico reflejado en su obras. Rita Fernández se forjó escuchando pasillos y valses, fue eminentemente formada en la escuela épica romántica y se identificó mucho con Gustavo Gutiérrez y Rosendo Romero para crear un estilo propio. Sergio Moya Molina era amante del bolero y cantaba con guitarristas en las serenatas por las calles del viejo Valledupar con Hernando Marín y Máximo Móvil, considerados como el trío de oro.

El carácter estacionario también ha estado presente, Wicho Sánchez fue un andariego, pero urbano, no recorría los pueblos pero sí los barrios de Valledupar y se inició, escuchando en las parrandas a Rafael Escalona, lo que fue determinante a la hora de tomar la decisión de componer. Marciano Martínez nunca ha vivido en otra parte que no sea su pueblo La Junta, y Edilberto Daza considera que no salir de Valledupar ha contribuido para que sus canciones sean más auténticas, y así, muchos otros que tienen esa influencia en cada una de su temática y que se constituyen en la nueva camada de juglares que han evolucionado para imprimirle un concepto diferente al juglar que inició el vallenato.

Por último algo que puede ser determinante, casi todos tuvieron contacto con los juglares de la generación anterior, lo cual sirvió como plataforma para consolidar un estilo que derivó en continuidad, un ejemplo propio es Emiliano Zuleta Díaz, Miguel López, Ovidio Granados, Andrés el “Turco” Gil, José María “Chema” Ramos y Vicente “Chente” Munive quienes mantuvieron una relación estrecha con Luis Enrique Martínez, su gran profesor y de quien tomaron ese estilo vallenato que caracterizaba al acordeonero nacido en El Hatico, corregimiento de Fonseca. Lo mismo Náfer Durán que le aprendió mucho a sus hermanos mayores la forma de tocar el instrumento de los pitos y los bajos. Los Juglares Contemporáneos existen y están ahí, observando vigilantes los nuevos procesos del vallenato.