La mujer que con el fútbol le ganó una batalla a los talibanes

La mujer que con el fútbol le ganó una batalla a los talibanes

14 de Octubre del 2016

Eterna. Ese es el significado en árabe del nombre de Khalida Popal. Eterna es su labor y el legado que ha construido a pulso, con la fuerza de su voluntad. Eterna es la voz que se atrevió a gritar y luchar en pos los derechos de la mujer en medio de una sociedad machista, donde muchas veces las mujeres son vistas como “ciudadanas de segunda categoría”. Otras veces, tan solo son objetos.

Hoy es una de las defensoras de los derechos de la mujer más reconocidas en el mundo. Fue fundadora, jugadora y capitana de la primera selección de fútbol de Afganistán. Trabaja con la organización Girl Power y viaja por el mundo hablando de la importancia del deporte y la cultura para superar temas tan delicados como el de la discriminación de género en eventos de alta relevancia, como la Cumbre de Líderes Locales y Regionales que se realiza entre el 12 y 14 de octubre en Bogotá.

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La pequeña Khalida de apenas 14 años tan solo buscaba divertirse. Asistía a una modesta  escuela en su ciudad natal, Kabul, capital de Afganistán, un país que vivió décadas de guerra, dejando a toda una generación perdida tras las armas, muertes, masacres y violaciones.

Como toda niña de esa edad, permanecía constantemente activa, jugando y saltando de un lado para otro, acompañada de un balón, algo que no fue bien visto por los hombres. De un momento a otro bombardearon el campo de fútbol donde ella con una amiga jugaban en las tardes. “El fútbol no es para mujeres”, les dijo uno de los atacantes mirándolas fijamente, mientras le disparaba sin misericordia al balón.

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“Desde entonces supe lo que debía hacer. Yo quiero mi pelota, yo quiero poder jugar sin miedo, yo quiero ser tratada igual y defender mis derechos. ¿Si ustedes pueden por qué yo no?”, dice con fiereza, una actitud nada común en las mujeres de su país, según admite.

En su país, las mujeres suelen se desposadas desde que son niñas con hombres de elevada edad. Los padres se benefician económicamente con transacciones por el casamiento, al que las jóvenes deben someterse sin chistar. La vida en pareja de una mujer musulmana en Afganistán puede estar llena de violaciones, golpes, maltratos físicos y psicológicos, incluso asesinatos, los cuales rara vez son condenados.

Por eso, jugar fútbol se volvió en algo más que un pretexto para divertirse. Se convirtió en un sentimiento de lucha. Ya no se trataba de una pequeña que buscaba pasar los ratos libres, se trataba de un grito de rebeldía e independencia en medio de una sociedad agobiada, asfixiante y discriminatoria.

Desde 2004 trabajó por la creación de un equipo de fútbol femenino, motivando a cada mujer a dejar el miedo y dedicarse al deporte. Sorprendentemente, se crearon cuatro equipos, los cuales fundaron la liga femenina del país.

En 2007 fundó la selección afgana de fútbol femenino, de la cual fue capitana y logró en su primer partido internacional una victoria.

“Fue una experiencia maravillosa. Logramos en estos años pasar de cuatro mujeres que iban escuela por escuela convenciendo a otras a que se animen a jugar, a más de 3000 futbolistas femeninas solamente en Kabul. Tenemos cuerpos técnicos capacitados, árbitros, utileros, en fin, todo lo necesario para hacer el deporte”.

khalida popal

Sin embargo, esta no fue una tarea fácil. Los talibanes, un influyente grupo extremista afgano que tiene tanto brazo armado como político, la amenazaron en diferentes oportunidades. “No es algo de mujeres” escuchaba constantemente, acompañado de instigaciones de todo tipo. Pero no se dejó intimidar. Antes fue aún más irreverente al modificar el ‘Hiyab’, el velo que usan las mujeres musulmanas, a un uniforme de fútbol, y de esta forma evitar acciones en contra de las valientes jugadoras.

“Antes nos tocaba jugar en privado, ahora podemos hacerlo en público. El deporte logró unir a todo el país. Cuando la selección masculina ganó su primer torneo internacional, el país entero olvidó sus diferencias ideológicas, étnicas y religiosas por primera vez en décadas. Fuimos un solo pueblo por una vez en la historia. Por ese tipo de cosas es por las que lucho, a pesar de estar exiliada”.

Ese fue el precio que tuvo que pagar. Un precio alto que implicó dejar el país que ama, su familia, amigos y el equipo que formó con empeño. Pero sabe que está dejando un legado que será eterno como su nombre.

El consejo de Khalida Popal en la Cumbre Mundial de Líderes Locales

“Lo que hago deja huella porque logré hacer un equipo. Si en Colombia quieren cambiar su realidad tienen que hacerse un verdadero equipo. Somos una mano: cada uno es un dedo sin fuerza. Pero si nos unimos, nos volveremos un puño que va a darle un gran golpe en la cara a los violentos, los que nos discriminan y nos humillan.

Manténganse unidos, sean fuertes y no esperen a que los líderes hagan algo. Salven sus sociedades y países. No podemos esperar, nosotros tenemos que contribuir. Cada sociedad necesita ejemplos a seguir y esos tenemos que ser nosotros”.