La apuesta turística del Cauca para superar la guerra

Ninfa Rivera, una mujer que produce diversos productos a base de maíz, como la carantanta. Jose Vargas / Kienyke

La apuesta turística del Cauca para superar la guerra

26 de septiembre del 2018

Rabia es lo que sienten algunos caucanos cuando oyen a los turistas bromear con que el departamento se llama ‘Caucanistán’. Precisamente porque es esa imagen la que los habitantes del Cauca quieren cambiar con trabajo y turismo.

Sí es cierto que este departamento ha sido y continúa siendo azotado por el flagelo del conflicto, pero como reconocen sus propios habitantes, tras la firma del acuerdo de paz las posibilidades de emprender, crecer e invitar a los turistas a su territorio han aumentado.

KienyKe.com recorrió los municipios de Timbío, Cajibío, la vereda El Cajete y el municipio de El Tambo y encontró que en medio de la selva, el agua y la diversidad de la fauna cientos de caucanos subsisten con innovación y amor por su propia tierra. Municipios a los que el fin de la guerra les ha permitido abrir las puertas para conocer territorios históricos.

El tercer pueblo más viejo de Colombia

Timbío fue fundado 1535 luego de la Batalla de los Mastales, un enfrentamiento entre los indígenas y los españoles por mantener este territorio bañado entre los ríos Chambio y Timbio. Su fundador fue el capitán Juan de Ampudia, el español que asesinó a más de 3.000 indígenas para controlar el territorio. Esto convierte a Timbío en el tercer municipio más viejo del país y el quinto en Suramérica.

“Ha sido uno de los portadores del desarrollo económico de la capital del Cauca, por acá pasó muchas veces la campaña libertadora porque era un paso obligado hacia Quito, en Ecuador, por ende, Timbío era un punto de estrategia militar “, afirma un guía turístico de la zona.

Ahora es un pueblo tranquilo y con profundas tradiciones religiosas al igual que la capital del Cauca, Popayán, ubicada a 13 kilómetros del municipio. Allí está la finca de Hato Viejo donde se dice que El Sabio Caldas, Alexander von Humbolt y José Celestino Mutis iniciaron la expedición botánica.

El defensor del ambiente David Darío Agredo Molano. Fotografía: Jose Vargas \ KienyKe.com

Tanto porque Caldas tenía una casa en la ciudad, como por las capacidades naturales que ofrece el departamento. Tan solo cerca de Hato Viejo se encuentran cuatro yacimientos de agua, como la cascada La Chorrera que en palabras de uno de sus habitantes es: “Una vida dentro de otra vida”.

Por eso las fincas que hay en este municipio han apostado por una conservación del ambiente, usando solo productos orgánicos y tratando de mantener tanto como sea posible cada centímetro de suelo, porque “una mala conciencia ambiental es la cuota inicial para un desierto”, como reconoce David Darío Agredo Molano.

Darío es un ambientalista que vive cerca de la cascada y trabaja para transmitir la importancia de la tierra a todos sus vecinos y visitantes. Pero también su historia, por eso cuenta lo que hace 400 años sucedía en la cascada El Tunurco, un inmenso salto de agua que utilizaban los indígenas para escapar del asedio de los españoles. Ellos se lanzaban desde lo alto del afluente para refugiarse en las cuevas de piedra.

Fotografía: Jose Vargas \ KienyKe.com

Darío asegura que esas cuevas son túneles profundos que no se sabe a dónde conducen. De hecho sus hijos intentaron descubrir el destino de esos caminos profundos, pero por la extensión desistieron de la tarea.

Entre esos procesos también hay personas que producen café de manera 100% manual. Todo el proceso es hecho como hace más de 50 años, más que la siembra y recogida, el despulpe del grano y su tostión es un proceso manual y tradicional que evita las grandes máquinas que usan actualmente en este oficio. Los mismos campesinos han logrado un producto terminado y completo, dispuesto para la venta.

Cajibío

Esa capacidad de producción es una cualidad que se extiende por todo el Cauca. En Cajibío la población se ha agrupado alrededor de un lago superficial creado por un antiguo hacendado muy rico que lo mandó construir. Ahora allí se ofrecen económicos viajes en bote y una amplia variedad gastronómica para los visitantes.

Fotografía: Jose Vargas \ KienyKe.com

Uno de esos lugares es un hotel cerca al lago, atendido por Magdalena Mejía, una antropóloga que se ha aprendido la historia del municipio y que ofrece la posibilidad de apreciar originales de vasijas y recipientes de barro tradicionales de las profundas raíces indígenas que construyeron al Cauca. También se encuentran réplicas de la cultura agustiniana y unos senderos ecológicos en los que Mejía conserva una colección de diferentes tipos de orquídeas.

Una hacienda que fue bautizada como Nirvana porque Mejía cree que allí se puede alcanzar la tranquilidad que logran los monjes tibetanos durante la meditación. El Nirvana en las religiones del hinduismo, jainismo y budismo es considerado el estado de liberación superior.

En medio de la oferta gastronómica de la zona, Carmelina Bedoya es otra protagonista. En su finca hace todo el proceso con sus propias manos para sacar un café que ha logrado exportar a México, Alemania y España desde hace cuatro años.

Fotografía: Jose Vargas \ KienyKe.com

Carmelina lleva 30 años cultivando café, y con la sencillez de la experiencia toma un cafeto de apenas dos ramas de una maceta para sembrarlo en el suelo, abre rápidamente un agujero con la pala, siembra el árbol y prosigue a mostrar en los cafetos ya grandes cómo se recoge, se despulpa, se pone a secar al sol, se selecciona, se tuesta y se muele. Al final posa sonriente a la cámara con la libra del café de su autoría, ‘Café Selva Dorada’.

Ella también produce yogur, crema de whisky, chocolates, arequipe y otros dulces derivados del café, que le han permitido darles otra oportunidad diferente a sus hijos que no quisieron dedicarse a la agricultura y cursaron otros estudios profesionales.

Vereda el Cajete

La diversidad de sabores es frecuente, como a lo largo del país, en cada paradero del departamento. En la vereda del Cajete se puede conseguir cualquier derivado del maíz, un producto de tradiciones indígenas y que actualmente se convierte en envuelto blanco y amarillo, tortillas, masa para empanadas y tamales de pipián, así como para la carantanta. Una hojuela gigante de masa blanca, autóctona caucana, que parece un chicharrón al probarla.

Jose Vargas / Kienyke.com

En El Tambo, un campesino cultiva un aguacate pequeño y con este produce helado, yogur y gomas. Está a la espera de un registro Invima para poder comercializarlos en serie y llevarlos a tiendas y otros mercados. Según él, el objetivo de crear su empresa es para generar empleo en la zona.

Pero los proyectos que se han desarrollado en este departamento del sur-oriente no son solo de agricultura o gastronomía. En lo alto de la montaña, una madre y su hijo, un par de amantes de la astronomía, construyeron un observatorio astronómico llamado Sueño Paraíso.

Por esa razón y para enseñarle a adultos y jóvenes, se tomaron la tarea de importar un telescopio desde Estados Unidos para construirlo. Así como un proyector y otras actividades con la que tratan de acercar los astros a los caucanos.

Como reconoce Yaneth Narváez, socia honorífica de la finca Hato Viejo, la paz empieza en casa, con expresiones como las que estos emprendedores han realizado, construyendo un ambiente de paz y tranquilidad: “Por eso estamos iniciando un turismo que ayude a todos, no a nosotros no más”.

“Yo le diría a los que tienen miedo de venir que se arriesguen y vengan, que por una noticia mala aquí hay muchas buenas, hay mucho para ver en cascadas, tenemos tres puentes de patrimonio cultural y arquitectura antigua, aquí se va a sentir bien atendido”, dice Narváez y agrega: “Aquí usted respira paz, si se queda hasta tarde escucha cantar los pájaros y eso también es paz”.