La batalla que ganó una madre por amor a su hija

Modo Rosa - María Clara Sánchez

La batalla que ganó una madre por amor a su hija

7 de mayo del 2018

A sus 46 años y en compañía de su hija Rosario, Michelle Bermúdez fue diagnosticada con cáncer de mama, sin embargo, fueron los largos tratamientos de quimioterapia los que le dejaron una neuropatía  a la que, al igual que al cáncer, supo hacer frente gracias a su inspiración y amor de madre. En vísperas de celebrar el Día de la Madre, esta familia quiso compartir su historia con Kienyke.com. 

Michelle al igual que su hija Rosario se han incorporado como voceras del movimiento Modo Rosa con el fin de sensibilizar sobre la detección temprana del cáncer de mama durante el mes de las madres.

“No es lo mismo cáncer de mama que el cáncer de mi mamá”, es el nombre de la campaña que cuenta con la participación de los hijos de mujeres con cáncer y que como embajadores del mensaje de vida, promueven la detección temprana de esta enfermedad.

Diagnóstico, el momento más duro

“El único miedo que tuve fue dejar sola a mi hija. Yo no me podía morir porque Rosario es hija única y la mamá no se debería morir, porque debe estar siempre. De resto a mí no me daba miedo morir, me daba miedo morir si la dejaba a ella”, cuenta Michelle mientras se prepara para tomarse unas fotos. 

Fue a través de una rutina de chequeo, así como acostumbraba realizarse Michelle cada seis meses por temor a heredar la enfermedad que tuvo su madre, lo que la llevó en el 2017 a enterarse de que tenía cáncer, y aunque ella esperaba otra respuesta, lo que le tomó por sorpresa fue estar en ese momento al lado de Rosario.

“Estábamos paradas las dos y entonces me dijeron que salió positivo: tienes cáncer. Yo no pude prepararme para hablarle a mi hija y transmitírselo de la mejor manera y es que, tú dices cáncer y es como muerte, es como un titular rojo. Estábamos juntas y las dos quedamos en shock, pero en realidad fue como si a Rosario le hubiesen dicho que era ella la que lo tenía”, narra esta mujer.

Sin embargo, Rosario, en medio de su juventud, logró darle la cara a esta situación y apoyar a su mamá, pues en cuanto se enteró se dedicó con amor a buscar de manera desesperada las citas a las que debía asistir Michelle, a pesar de no saber con exactitud cómo actuar.

“Fue como una bomba que explotó y no sabíamos qué hacer o cómo actuar. Uno no se lo espera, y si se lo espera uno nunca sabe cuándo va a llegar. Estaba intentando ser fuerte, pero recuerdo que cuando iba a la casa y yo estaba con mi papá, me tiré al piso y entonces hice una pataleta; mi papá no sabía que hacer, solo me abrazaba”, expresa Rosario.

Michelle logró superar 14 quimioterapias, una cirugía y 30 radioterapias con valentía y motivación, pero fueron las quimio las que le provocaron una neuropatía, la cual veía como una consecuencia que la limitaba y la asustaba, aún así, su buena actitud ante la vida hizo que se recuperara rápidamente

“La quimioterapia hace muchos daños. Puede dañar el corazón, puedes quedar descalcificada, y entre todos los daños que hace puede dar neuropatía periférica que es una insensibilidad en los nervios de piernas y manos. Yo me quemaba y no sentía, no podía escribir, no tenía fuerza en las manos, no podía caminar sino como una cuadra y sino arrastraba los pies. Eso a veces se quita y a veces no, pero yo he sido positiva y con un especialista empecé la fisioterapia y estoy fortalecida”.

La fuerza para superar el cáncer

La actitud y el amor por la vida y desde luego por su hija, la llevaron a valorar mucho más su existencia y continuar con valentía, pues cuenta que a la edad de 12 años perdió a su mamá, quién también padecía de cáncer, pero que por descuido no le pudo ganar la batalla a esta enfermedad.

“Mi mamá para mi fue un espejo de lucha. Ella se murió porque se descuidó, pero en este caso yo tenía las de ganar, yo he sido muy juiciosa con mis chequeos y esto fue a tiempo. Sin embargo, fue una valiente porque lo tomó con altura y yo quería ser como ella; pero, yo no le quiero faltar a mi hija, porque yo estaba muy chiquita cuando me faltó la mía”. 

Un motor, una fuerza y una luz, así es como describe Michelle a su hija, quien a pesar de tener 18 años en ese momento, supo ser su guía, inspiración y apoyo para sacar adelante su proceso de recuperación y renacer ante la vida.

“Mi hija creció y maduró. Yo la admiro demasiado, porque yo me recosté en ella como en un poste. Esa niña recibió todo el peso de mi debilidad en los momentos en que estuve físicamente mal por el tratamiento. Ella me alimentaba, me hacía masajes. Se invirtieron los papeles y lo asumió con mucha fortaleza y aunque sé que sufrió mucho, hoy siento que triunfó conmigo”, concluye esta mujer.