La cirugía PSI: ¿fraude o realidad?

13 de noviembre del 2018

Esa es la pregunta que deberían hacerse médicos, curanderos y sanadores.

La cirugía PSI: ¿fraude o realidad?

La enfermedad está definida como una alteración externa o interna (leve/grave) del funcionamiento del organismo humano, debido a sobrecargas mentales, emocionales y patrones genéticos hereditarios, que en exceso, afectan el cuerpo y sus órganos. Ahora bien, cada persona presenta síntomas físicos (dolor), psicoemocionales (miedo, ansiedad, ira, depresión) y espirituales (sentimiento de culpa, falta de perdón, sensación de abandono) con manifestaciones diferentes, lo que condiciona la forma en que se sobrellevan estas experiencias.

Somos la única especie que es consciente de la muerte e instintivamente nos aferramos a la vida. Cuando vemos a alguien enfermo, no quisiéramos estar en su lugar, pues esa protección inconsciente nos acerca a la posibilidad de experimentar no sólo los síntomas de la enfermedad sino además la experiencia aterradora de la muerte. Todos hemos sentido de muchas formas el dolor, el malestar, el desequilibrio y la enfermedad. Desde los albores de la humanidad el médico (en ese entonces conocido como brujo), gozaba de una privilegiada posición dentro de la tribu y tenía completa cercanía con sus jefes y líderes.

Estos hombres misteriosos nacían con “poderes especiales” y poseían una valentía y fuerza interior, que les permitía tratar a los enfermos sin importar el posible contagio de los humores y energías negativas que parecían poseer a hombres, mujeres y niños. Todos enfermaban sin distinción alguna, por eso resultaba vital consultar al “brujo” y dejar de lado el orgullo y la prepotencia, para pacientemente someterse a los tratamientos necesarios, con el fin de superar estas limitaciones biológicas, psíquicas y espirituales que podían ser adquiridas en cualquier momento, debido a la inexorable fragilidad humana.

Una vocación interna

Foto: Cortesía Armando Martí.

Siempre he admirado a los médicos, especialmente por su vocación de servicio y deseo de ayudar a sanar a sus semejantes. Al parecer este es un “don” muy valioso que algunas personas con suerte pueden consolidar gracias a una formación académica, a través de los programas de prestigiosas universidades de cada país. Después de muchos años de entrenamiento y conocimiento, deciden especializarse para seguir combatiendo los males y desequilibrios energéticos de sus pacientes.

Varios de los sanadores psíquicos, no tuvieron la dicha de gozar de estas oportunidades académicas en sus vidas, pero esa condición de ayuda y servicio también se manifiesta en el corazón de algunos “sanadores naturales”. Este fuerte impulso, es una de las características que se hace visible desde muy pequeño, por medio de la sensibilidad emocional y la intencionalidad de aliviar a personas y animales con la energía de sus manos, brindando alivio y paz en momentos de dolor.

En mis investigaciones entorno a los misterios de la mente y la energía humana, he conocido distintos sanadores que intuitivamente desarrollaron sus propios métodos basados en experiencias empíricas con los enfermos. Quiero aclarar que para mí, un sanador natural es aquel que solamente emplea la energía magnética y cuántica, por medio de la concentración de sus pensamientos, los cuales se codifican a través de sus manos y algunas palabras de apoyo bien direccionadas, junto con un lúcido sentido común para sanar a sus consultantes.

Aunque por otra parte, tengo mis dudas y reservas, con aquellos que anuncian su capacidad para “curar todos los males”, utilizando hierbas y bebedizos secretos que algunas veces son tan solo aguas con colorantes y saborizantes, con el fin de sugestionar a los consumidores; otras no tan afortunadas contienen alcohol, alcanfor y sustancias que pueden intoxicar a quienes depositaron su fe en estos avivatos, que no poseen ningún poder, pues su deseo e intención es obtener dinero y estafar a las personas que debilitadas por el dolor y la angustia de su enfermedad, apuestan a estos peligrosos ofrecimientos.

Asimismo, ponen en riesgo su integridad física, mental y espiritual, pues al creer en estas falsas promesas, posponen tratamientos más idóneos con la ilusoria esperanza de ser curados, por improvisados profesores esotéricos e incluso toman en consideración el ofrecimiento de algunas iglesias sin auténtico sustento espiritual, que sólo buscan asegurar “milagros” a cambio de donaciones y dinero, en lugar de acudir a una verdadera y confiable intervención médico/científica que realmente los pueda salvar.

Yo sería partidario de que el propio Ministerio de Salud y Protección Social de nuestro país, iniciará una cruzada muy consciente para erradicar los consultorios de garaje, que abiertamente instalan estas personas insensibles y deshumanizadas a lo largo del país.

Laureano: un sanador sin nombre

Foto: Cortesía Armando Martí.

Uno de los sanadores auténticos que conocí, vivía en el barrio Palermo de Bogotá, lo llamaban con el seudónimo de Laureano Barrios, pues al parecer, estaba demandado por su esposa en la cuidad de Cali. Al avanzar la denuncia no tuvo más remedido que cambiar de lugar de residencia y continuar con sus ejercicios “pránicos” como el los llamaba, además de autodenominarse también terapeuta “Pránico”.

En algunas conversaciones que sostuvimos, lo animaba para que arreglara su problema personal, pero él me contaba que durante muchos años estuvo “sometido a su pareja” y no podía estar solo ni gozar de tranquilidad. De ahí que prefirió cambiar de nombre y huir de la justicia, antes que volver donde esa mujer que intoxicaba su vida con el ponzoñoso veneno de la “cantaleta”, el reclamo y las humillaciones diarias.

Por eso, con alegría y entusiasmo, imponía sus manos a cientos de personas para sanarlas. Muchos de nuestros amigos y familiares de la época incluyendo a mi padre y a mí, pudimos sentir la energía calurosa que salía de sus grades manos, aliviándonos efectivamente de varios dolores internos, alergias y escoriaciones de la piel. Vi cómo algunas terribles llagas y purulentas erupciones en el cuerpo, se secaban y desaparecían.

Laureano Barrios siempre abría un campo de oración e invocaba la presencia de Jesucristo, diciendo con una voz clara y poderosa: “Dios es amor y el que vive en amor, permanece en Dios y Dios en él” (1 Juan, 4:16). También gozaba de una envidiable fortaleza física y casi siempre estaba alegre. Su única diversión era la de irse cada 15 días a los bailaderos de salsa del centro de la ciudad, para desfogar la energía contenida hasta por diez horas continuas de baile. Así de simple y tranquila era la vida de este sanador, quien después de diez años, un día desapareció sin dejar rastro. Quizás se encontró con su mujer y volvió a su lado, o posiblemente siguió huyendo de su karma emocional a otras tierras. Desde entonces no supe más de él.

Con el paso del tiempo, unos dos años más tarde, mi querida amiga Ofir Marín de Hernández, me invitó al hotel Bogotá Plaza a conocer a un sanador mundialmente famoso llamado Iván Trilha.

Iván Trilha: réquiem por un cirujano y sanador psíquico

Cortesía Armando Martí El mentalista y psíquico brasilero Iván Trilha.

La primera impresión que tuve de Iván Trilha fue impactante y creo que lo mismo sintieron las otras 26 personas que estaban en la suite, en donde se alojaba este corpulento hombre a quien le precedía una gran fama de sanador. Le gustaba vestir siempre de blanco y con su negra melena y espesa barba, nos miraba fijamente a los ojos. Llevaba varias cadenas de oro que colgaban del pecho y sus manos enjoyadas entre anillos de oro, diamantes y zafiros, contrastaban con unas pequeñas tijeras de acero que abría y cerraba con los dedos de su mano derecha.

Sin ninguna asepsia o anestesia, fue cortando literalmente varias verrugas y lunares de los rostros de distintas personas. Él aseguraba que sus intervenciones eran con el fin de extraer “sobrantes biológicos y tumores de mala energía”, utilizando tan sólo su fuerza energética e intuición, para realizar en mi concepto estas peligrosas cirugías. La audiencia estaba paralizada por las imágenes que nunca se imaginaron observar y mucho menos experimentar en vivo y en directo, como estaba sucediendo.

Foto: Cortesía Armando Martí
Iván Trilha durante una cirugía PSI.

Artistas famosos de la época, como los cantantes Juan Erasmo Mochi de España, el panameño Basilio y otras personalidades de la política colombiana del gabinete ministerial del entonces presidente de Colombia Julio Cesar Turbay Ayala, se encontraban en la demostración del poder psíquico del mentalista Trilha. Desde ese momento, le profesé una gran admiración y me entusiasmé por estudiar las técnicas que presencié aquella noche.

Foto: Cortesía Armando Martí (De izquierda a derecha: Ana Branche, Uri Geller, Iván Trilha, Armando Martí, Dra. Yvonne Duplessis y Dean Kraft).

Semanas más tarde, a su regreso al país, después de una serie de presentaciones en España y Brasil, logré que Iván Trilha asistiera y realizara sus demostraciones como cirujano psíquico y sanador, en el Congreso Mundial de Mentalistas que se realizó en Bogotá en diciembre de 1979, con un jurado internacional compuesto por la Dra. Ivonne Duplessis, la neurocirujana Olga de Heredia, el médico de la Universidad Nacional Reynaldo Escalante y yo en calidad de Presidente del evento. Juntos le concedimos el título del “Mejor Mentalista del Mundo”, pues sus facultades extraordinarias llamaron la atención de muchos periodistas famosos, como fue el caso de Rosalba Atehortua quien dirigía el estelar programa “Mundo Curioso” de R.A. Televisión, transmitido los domingos a nivel nacional en horario AAA a las 7:30 pm por la cadena 2 de Inravisión.

Iván en el apartamento de esta importante presentadora y periodista de televisión, con sus tijeras de acero y sabiendo que varias cámaras lo estaban filmando, le cortó y extrajo varios pólipos de su nariz. La señora Atehortua en trance magnético, declaró no sentir ningún dolor y a toda la audiencia de televidentes les sorprendió cómo pasando sus manos por la cara de ella, y ante una orden imperativa de “sangre deténgase”, dejó de sangrar por la boca y la nariz automáticamente.

Otro de los televidentes asombrados por esta única e histórica presentación en televisión nacional, fue el destacado escritor y periodista Daniel Samper Pizano, quien dedicó su columna del periódico El Tiempo al tema con el título: “Sangre en la Pantalla”, en donde relató este acontecimiento matizando los hechos con su insuperable e inigualable humor fino e inteligente. Después de la clausura del congreso, Iván y yo creamos un vínculo de amistad y hermandad muy profundo, por eso al notar mi interés por la investigación de los fenómenos paranormales y psíquicos, me invitó a que lo acompañara en una correría que comenzó en el Palacio de Miraflores para asesorar al entonces presidente de Venezuela, Luis Herrera Campins, y luego a Brasil a atender también al presidente de esa nación João Baptista Figueiredo.

Cortesía Armando Martí
Iván Trilha y Armando Martí, durante el Congreso Mundial de Mentalistas.

Esta gira se extendió por más de un año, en donde aprendí varias lecciones para mi vida. Algunas de ellas sorprendentes, otras dolorosas, angustiantes, decepcionantes y constructivas, pero ante todo muy útiles para mi formación interior, en donde deconstruí muchas de mis expectativas y creencias, entorno a la admiración que tenía por aquellas personas que afirmaban tener poderes sobrenaturales. Pero eso será motivo de otra entrega, con detalles más exactos y reveladores para ustedes mis queridos lectores de Enigmático.

Mientras investigaba varias fuentes y soportes sobre las “fantásticas vidas” de los sanadores, me enteré de una noticia muy triste e inesperada para mí: el fallecimiento a los 71 años del mentalista Iván Trilha, víctima de un fatal accidente al caerle una barra de hierro en la cabeza. Así lo publicaron en su página web (Lea aquí)

¿Qué es un sanador psíquico?

Foto: Cortesía Armando Martí.

Existen una variedad de definiciones respecto al término sanación, pero todas provienen de raíces históricas a nivel médico, psicológico, antropológico, espiritual, cultural e indígena, por eso “sanar” se emplea cuando un pensamiento, sentimiento o acción del individuo genera incomodidad y sufrimiento, irrumpiendo en el camino de la realización personal. Cualquier proceso utilizado para restaurar la integridad energética, proporcionando entendimiento y alivio a dicho desnivel inicial, es conocido como sanación: un estado saludable, sobrio y lúcido frente al dolor, como resultado de la apertura hacia la verdad, la aceptación, el perdón y el amor por uno mismo y los demás.

Para esto existe un sanador, quien se involucra en la transferencia de energía a través de un receptor (consultante), que por medio de la relajación del cuerpo, libera las tensiones acumuladas, los bloqueos energéticos y activa el auto sanador interior de cada persona con la capacidad de fortalecer el sistema inmunológico del cuerpo. Asimismo, la sanación es un proceso natural y no invasivo, con la intención de llevar al consultante a un nivel de equilibrio y bienestar desde la parte física hasta la mental y espiritual.

La palabra espiritual proviene del latín “spiritus” que significa “aliento de vida”, razón por la cual, sanar es un acto en donde se entrelaza el sanador con la energía Universal o Divina, con el fin de canalizar las frecuencias necesarias para estabilizar al receptor en su vibración, pues diariamente elegimos la actitud frente a los eventos y circunstancias de la vida: unas veces nos dejamos llevar por la amargura, el resentimiento, la desilusión, el control y la depresión; otras por el contrario, en la adversidad encontramos la fuente de fortaleza para profundizar en nosotros mismos y salir adelante. La crisis es una oportunidad y no un castigo para reconectar con la fuente esencial: un Poder Superior. Ese es el propósito del sanador, permitir que las personas reencausen sus instintos hacia el amor, la sabiduría y la compasión, encontrando dentro de cada uno los recursos para transcender la enfermedad.

Entonces ¿qué es lo que sana y cuál es la esencia misma de este acto generoso? La sanación es en últimas, un camino por medio del cual se puede superar el sentido de separación de la Fuente (ser, vida, espíritu o Dios según el entendimiento individual), para obtener la paz interior al reentrenar la mente hacia comportamientos armónicos y no dañinos.

Fundamentos de la sanación

Foto: Cortesía Armando Martí.

El alma es la esencia que habita el cuerpo a través de la energía, cuando esta se ve afectada por la mente debido a pensamientos obsesivos de experiencias pasadas no resueltas y expectativas futuras de poder, éxito y control, se altera paulatinamente la vitalidad al oscilar entre los recuerdos, la ansiedad y las incertidumbres inherentes del hombre. Una forma de salir de esa jaula y soltar el “peso psíquico” acumulado durante años, es aprender a desacelerar la mente y redireccionarla hacia la intuición en donde habitan las respuestas para sanar.

Como muchas veces solos no podemos realizar este proceso, es allí donde interviene el sanador con el propósito de concientizar al consultante de su estado, ya que, todavía algunas personas creen en un Dios crítico y castigador, sintiéndose culpables y pecaminosos por errores normales dentro del aprendizaje humano.

El camino del auténtico sanador

Todo sanador parte del principio de que el progreso y cambio se produce de adentro hacia fuera, y no como comúnmente se cree de afuera hacia adentro. Las formas de sanar se pueden agrupar de la siguiente manera:

1. Los sanadores: Algunos de ellos pueden trabajar a distancia mediante la intervención del pensamiento y la oración para efectuar cambios en la condición corporal, emocional y psicológica de los demás. No requiere de un alto grado de espiritualidad o virtud; pues es una función de la naturaleza que tiene campos de energía continua, los cuales pueden ser intervenidos desde el poder de la intención positiva.

Otros sanadores trabajan el campo energético humano que rodea el cuerpo físico, también conocido como aura. Lo que ocurre es que el sanador actúa a manera de conducto para enfocar las energías hacia el cuerpo, que, al ser absorbidas, ayudarán a contrarrestar cualquier desequilibrio que esté ocurriendo. Aunque a menudo hay influencias espirituales involucradas en esto, también existe una especie de ósmosis natural (un enfoque de la energía de tal manera que hay un movimiento de una mayor concentración a una menor concentración hasta que se igualan las cargas).

Este proceso afecta los niveles psicológicos, emocionales y físicos debido a dos principios establecidos: primero “la energía sigue al pensamiento” y la segunda “la energía va a donde se necesita”. Por otra parte, la “imposición de manos”, también conocida como curación por contacto, pone las manos de los sanadores a una distancia leve del cuerpo del receptor (de manera ligera y adecuada), hasta establecer un equilibrio de los puntos energéticos (chakras).

2. Elementos de la sanación: El sanador debe vivir su vida de tal manera que alcance el mayor grado de sintonía (“Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7: 20), así puede generar una asociación de curación, es decir, la confianza entre el sanador y el consultante basado en:

– Confidencialidad: energéticamente para que se produzca una comunicación profunda, debe existir un ambiente seguro y calmado, en donde el sanador puede contener al consultante que está emocionalmente cargado por su crisis o enfermedad.

– Autenticidad: Es fundamental una congruencia pues el sanador también está siendo evaluado por la intuición del consultante: ¿son los sanadores capaces de ser ellos mismos o simplemente están interpretando un papel? ¿Pueden ver la situación desde la perspectiva de la persona o se ocultan detrás de sus credenciales y capacitación? La capacidad de ver las cosas desde múltiples perspectivas es una señal de una mente entrenada, que puede separarse lo suficiente como para renunciar a la necesidad de tener siempre la razón, sino más bien tener una disposición de comprensión hacia una solución.

– Escuchar: Vivimos en una “cultura acelerada” en la que las cosas parecen ser más rápidas y la velocidad del flujo de información supera nuestra capacidad para filtrarlo o darle sentido. Una de las razones populares que se dan para buscar sistemas de salud alternativos es que las personas tienen mucho más tiempo para hablar, reflexionar y descansar de lo que sus horarios diarios les permiten. La escucha profunda aumenta este sentido del espacio interno desde el cual una persona que ha sido escuchada vuelve a acercarse al mundo.

– Contención: una relación de sanación requiere de la presencia de alguien que esté lo suficientemente libre de la agitación del mundo y de la mente, para poder recibir y contener comunicaciones preocupantes de otros. De lo contrario hay reacción y no contención, es decir, más ansiedad que liberación.

– Humor: la risa es una buena medicina, pues requiere de relajación, ligereza y versatilidad. Es necesario mantener un sentido de perspectiva, pues los muy serios tienden a tener poco sentido de la proporción.

– Verdad y humildad: la verdad es un bien escaso en la actualidad. Constantemente nos asaltan los anuncios publicitarios que hablan de la perfección. La valentía de hablar y expresarse de manera simple, es uno de los antídotos efectivos frente a esta realidad: que un ‘sí’ signifique ‘sí’ y su ‘no’ signifique ‘no’.

La nuestra es una época que carece de humildad, pues tendemos a rendirle culto al experto, alentándonos repetidamente a abandonar nuestra propia sabiduría e intuición, en referencia a especialistas y expertos externos, que consideran tener una verdad absoluta, cuando en el fondo la verdad se basa en la decantación de la experiencia individual basado en los aciertos y errores.

Lo ideal sería la reconciliación de la ciencia con la intuición y la espiritualidad, sin falsos egos y desde la orilla de la intencionalidad del servicio a los demás. La medicina ancestral como la moderna, tienen una misión en común: prevenir, diagnosticar, curar y rehabilitar a los enfermos enseñándoles nuevos y más sanos hábitos de vida, entendiendo además los motivos biológicos, sociales e inconscientes de la aparición de la enfermedad, para erradicarla o por lo menos mejorar la calidad de vida de los consultantes, siendo esto último lo que más importa:

– “¿Cuál es tú misión en la vida? Primer paso: aprender. Segundo paso: enseñar y ayudar a otros. Tercer paso: disfrutar. Los dos primeros son un deber, el último es tu propia decisión. Sólo tú eres quien debe asumir las consecuencias de cada decisión y acto que realices en la vida, pues desde allí creces a diario. Lo único que podemos hacer ante la enfermedad, la muerte y el dolor emocional, es afrontarlos. Todo, incluso lo bueno, se transforma constantemente.” (Libro Viajero Interior: Un camino simple hacia la serenidad personal).

Al final esa es la pregunta que deberían hacerse tanto los médicos como los curanderos y sanadores espirituales, pues el fraude o la verdad de la sanación está en cada acción o decisión que realicen hacia las personas que confían en ellos.

(Nota: Estas son algunas de las melodías inolvidables de Iván Trilha, pionero de la música new age en Latinoamérica).

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