La danza poética de la India

La danza poética de la India

27 de Marzo del 2012

Desde mi palco de buen acomodo examino el sobrio escenario de cámara oscura en donde en un rincón, y a guisa de pequeño altar, se ve errante en la inmensidad de la negrura un florero de rosas rojas que descansa sobre un lecho de pétalos. Esta noche asisto a la pieza de danza “Vistaar” venida de la India. El aforo en el teatro del Gimnasio Moderno está casi completo, sólo faltan los usuales retardatarios que irrumpen cuando las luces están ya apagadas y la concentración estableciéndose.

Con estudiada parsimonia se instalan cinco músicos que interpretan reposadas cadencias con instrumentos clásicos de la India; sus melodías lentas y líricas se adentran más allá de los oídos, se dirigen directamente al alma, la cantante hace lo suyo con su tenue y repetitiva voz que cautiva e invita al recogimiento y a la meditación. No es de extrañarse, esto hace parte de los tradicionales rituales indios.

Entonces, cinco bellas bailarinas entran en escena e interpretan, ora en grupo, ora individualmente danzas clásicas de la tradición Odissi del norte de la India. Al ritmo de la música que no cesa un instante, la danza evoluciona por cuadros escénicos que se enlazan espléndidamente. El sincronismo es perfecto, nada es discordante: movimientos refinados en donde destacan los meneos de los brazos, de los pies y sobre todo de los gestos sutiles de las manos. Las caderas no se mueven, permanecen estáticas, no participan del ritual, sólo sirven de soporte a las extremidades que se balancean armoniosamente. Imposible no establecer contrastes con nuestras danzas folclóricas, particularmente las caribeñas, en las que prima la contorsión erótica de las caderas.

Los movimientos creados por las vestales provocan un ambiente con una sensación de espiritualidad.

El resultado es una preciosa e hipnotizadora mezcla de movimientos poéticos que crean una atmósfera altamente espiritual y que al ritmo de la música se torna por momentos frenética. Los vestidos clásicos de las doncellas, vistosos de colorido se reafirman aún más en este ambiente de paneles negros. He dicho doncellas porque así lo son estas bailarinas que en la tradición que representan están dedicadas completamente a su arte, su estilo de vida es íntegramente ascético, al punto que la compañía de danza solicitó a la organización del Festival el mantenerlas alejadas de cualquier bullicio y contacto masculino.

El ambiente creado por estas vestales, con sus movimientos incorpóreos así como la música tenue y delicada, provocan una grata sensación de espiritualidad no forzosamente teísta, pero sí con una expresión elevada de lo divino y de lo sagrado. Terminada la función, el sentimiento que embarga es de felicidad, ésa que tanto buscamos por medios materiales y nunca logramos.

Todas mis recomendaciones para asistir a este espectáculo de poéticos carices de un rito incomprensible pero que se palpa nítidamente en las entrañas y en el alma.