La despedida de Álvaro Uribe a Fabio Echeverri

La despedida de Álvaro Uribe a Fabio Echeverri

8 de noviembre del 2017

Diez días después de la muerte de Fabio Echeverri Correa, uno de los empresarios y hombres más importantes del país, uno de sus tantos buenos amigos, Álvaro Uribe Vélez, hoy le rinde un sentido homenaje. El líder político del Centro Democrático, en nombre del partido, invitó a una misa por el eterno descanso de su mentor.

Con su voz fuerte, pero apagada por el dolor, el expresidente, que llegó al poder de la mano de Echeverri, concluyó la ceremonia con estas afectivas palabras:

Muchos de los aquí presentes no estábamos preparados para esta misa. Por la mente no pasa imaginar el funeral de los inmortales. Hoy la plegaria es por uno de ellos: Fabio Echeverri Correa.

Para sus contemporáneos, y para quienes habrán de venir, su firmeza fue un ejemplo. Sus convicciones eran profundas, las ajustaba y discutía sin asomos de cólera que cegara.

No era de ditirambos ni de circunloquios, se expresaba de manera llana, concisa y penetrante. Era directo, sin lisonja y sin rodeos. Por ese modo genuino algunos lo presumían distante y reticente. Todo lo contrario, era amable, profundamente humano y tenía tanta disposición para escuchar como claridad para expresarse.

Llevaba en su sangre el concepto de Patria de sus mayores. Conocía a Colombia en todas las regiones y la sentía. Familiarizado con su Antioquia, con los valles del Magdalena y del Cauca. Tenía amigos en toda parte, los moradores de Subachoque eran frecuentes interlocutores. Se sentía feliz en el Caribe donde Elena, su señora, lo vinculó más hondamente.

Era universal, en sus estudios, en su información y en sus amistades. En muchos países lo recuerdan. Difícil un par en el liderazgo empresarial de América Latina que hubiera producido tanta impronta.

Su calidad humana la aumentaba el concepto de amistad larga y permanente que no se afectaba por su recio espíritu deliberante.

No lo seducían los buenos resultados de las empresas cuando había nubarrones en el horizonte de Colombia. Habrá que contar a los jóvenes lo que en una ocasión expresó: “La economía va bien pero el país va mal”. Y lo expresó como Presidente de los industriales, con un mérito adicional: los buenos resultados económicos le habrían justificado evitar la queja por el estado del País. Nos enseñó que el primer balance es el balance de la Patria.

Era un trabajador metódico y organizado, innovador en los proyectos, austero en los gastos. En Empresas Varias de Medellín fue pionero en la idea de producir fertilizantes a partir del compostaje de basuras. Le dedicó afecto y energía al campo, tanto en las actividades privadas de su familia, que venían del doctor Luis Guillermo Echeverri Abad, su padre, como en las causas públicas de gran interés ciudadano, para mencionar el Fondo Ganadero de Antioquia, cuya presidencia en la junta marcó la época de oro de la entidad.

Mientras yo me dedicaba a la agitación callejera de las ideas, al diálogo político con los ciudadanos, la gerencia de las campañas tenía guardián; mantendré gratitud de por vida a esa labor del doctor Fabio Echeverri, pero creo que debemos destacarla, una y muchas veces, ante las nuevas generaciones, como un ejemplo vivo de rectitud y rigor en el trabajo político.

En él se daba esa mezcla escasa entre la severidad y la alegría. Sin duda, a esta última aportó mucho el afecto por el caballo, el noble animal del equilibrio, que no acepta sadismo ni melosería. Tenía una colección de 40 mil canciones por él seleccionadas. Era cercano al Vallenato, a Escalona y Hernando Molina. Entendía la salsa y manejaba sus ritmos. Sabía de letras y tonalidades de Agustín Lara, Matilde Díaz, Lucho Bermúdez, Héctor Ochoa, Jorge Villamil, para no citar sino a algunos de sus preferidos. En las palabras del ilustre Peregrino que hace poco nos visitó podríamos afirmar que Fabio Echeverri “no se dejó robar la alegría”.

Fabio Echeverri Correa no era del común y corriente. A Elena, Luis Guillermo, Emanuel, María, Rafaela y María Rebeca les queda no el general consuelo sino la referencia superior del ser filial inigualable. A todos nos queda el obligado ejemplo y la gratitud incancelable.