La evolución del hombre y la teoría del mono ebrio

La evolución del hombre y la teoría del mono ebrio

14 de Febrero del 2017

Bebemos alcohol cuando estamos felices. Bebemos cuando estamos tristes. Bebemos solos o con amigos.  No hay evidencia más contundente, entonces, de que el alcohol podría ser fundamental para las sociedades modernas en todo el planeta.

Quizás el calificativo de “fundamental” se quede corto, y no aplique únicamente para las “sociedades modernas”. De acuerdo con un artículo de la National Geographic, el consumo del alcohol sería una práctica más antigua incluso que la invención de la escritura, y además resultaría esencial para nuestra evolución. El ser humano, parece, se ha estado emborrachando desde hace poco más de 9000 años.

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Andrew Curry, en una investigación publicada por National Geographic,  explica que el alcohol es una de las sustancias más producidas y disfrutadas universalmente en la historia —y también en la prehistoria, porque la gente bebía alcohol desde mucho antes de inventar la escritura—. La cerveza sumeria de Zarnkow, por ejemplo, dista mucho de ser la más antigua.

Recientemente, un análisis químico mostró que los chinos fabricaban una especie de vino de arroz, miel y fruta hace 9.000 años. En el Cáucaso, en la actual Georgia, y en las montañas de Zagros en Irán, las uvas fueron una de las primeras frutas cultivadas, y el vino se empezó a fabricar hace 7400 años.

De acuerdo con el estudio, el progreso y la evolución de la especie humana estarían fuertemente ligados al consumo de alcohol.  Es más: parece que la cultura, la agricultura y la religión nacieron a partir de ritos en torno al consumo de bebidas fermentadas.

La teoría del “mono ebrio”.

Se presume que nuestro antepasado más cercano, quien seguía andando sobre los árboles, aun con fuertes rasgos “simiescos”, desarrolló gusto por el alcohol. Por supuesto que no era lo que podríamos asimilar como “una bebida” en el sentido literal de la palabra. Los monos hicieron fue descubrir que las frutas caídas de los árboles, de sabor agrio y penetrante, eran, primero que todo, fáciles de localizar por el olor.

El consumo constante de esas “frutas rancias” ayudó a que el organismo del mono perfeccionara la capacidad de procesar el etanol, además que mejoró la salud de nuestro primitivo tatarabuelo, pues el etanol tenía propiedades antisépticas. Conclusión: el mono se bajó de los árboles por el alcohol.

Ya se ha demostrado, continúa el artículo, de acuerdo a registros fósiles, que los monos podrían sentir cierto “nivel de placer, casi felicidad, al comerse las frutas podridas que encontraban por ahí”.

A ese mono curioso se le dio el nombre de “homo imbidens” (Hombre bebedor). Como resultado del aporte proteínico de las frutas podridas, su cerebro pudo cambiar a mayor velocidad, lo que luego de un complejo proceso de evolución, llevaría a la aparición del antepasado más cercano del hombre moderno: el homo sapiens. ¿Descabellado pensar que evolucionamos por borrachines? No tanto, según Robert Dudley, autor del libro El mono borracho: ¿por qué bebemos y abusamos del alcohol.alt_monos_evolucion

Sembramos para comer… y para beber.

Básicamente, la lógica de todas las bebidas alcohólicas es la misma: se producen por el efecto de la descomposición de levaduras, “organismos microscópicos que comen azúcar y excretan  dióxido de carbono y etanol, el único alcohol potable”, explica NatGeo. El proceso de destilación o fermentación habría sido descubierto hace miles de años, antes incluso que la agricultura, por lo que, se arriesga a aseverar el estudio, “las tribus de cazadores-recolectores se asentaron, organizaron y  empezaron a sembrar cereales sobre todo, para poder tener más cerveza”. Es decir que antes que pan hubo cerveza.

En una excavación realizada en el santuario de Göbekli Tepe, al sur de Turquía, dentro de vasijas de barro se encontraron vestigios químicos de oxolato, una sustancia residual de la producción de cerveza. El hallazgo data de poco más de 11.200 años.

La hipótesis de que antes que muchas cosas existió el gusto por la cerveza o el vino, se afianza en tales hallazgos; y  no fueron los únicos: hay señales de producción primitiva de alcohol en Sumeria, Egipto, China. Incluso hay rastros en Mesoamérica, donde se determinó que por lo menos desde 2500 años antes de la llegada de los españoles,  ya se producía cerveza de maíz, o sea chicha.

Al principio el uso del alcohol era ritual. Lo bebían los chamanes y sacerdotes para “entrar en contacto con otros universos y para comunicarse con los espíritus”. También se usaba como premio o recompensa.  Fueron los egipcios quienes organizaron la producción industrial de cerveza, pues la bebida se usaba para “mantener alegres y abastecer a los obreros que construían las grandes pirámides de Giza”.

Desde entonces el uso recreativo de la cerveza se fue popularizando, ya que era un aspecto común de todos los grandes imperios de la antigüedad. Incluso los primeros sumerios ya tenían una diosa de la cerveza: Ninkasi.

India, Grecia, China, Egipto, Mesopotamia, todos tenían sendas diferencias culturales; sin embargo los unía el gusto por el alcohol. Todo el mundo lo disfrutaba por igual.

Con la Edad media llegaron avances que aumentaron la concentración de alcohol por centímetro cúbico, por lo que los antiguos beneficios, reconocidos en el estudio de NatGeo, fueron desapareciendo, más cuando el consumo era excesivo, así que más que ayudar , el consumo de alcohol se convirtió en un problema de salud pública. Pero eso no impide que nos siga gustando.

La historia de la humanidad empezó a contarse desde que se inventó la escritura. Pero parece haber una historia más antigua: la historia de la embriaguez. El alcohol acompaña alegrías y tristezas, fiestas y velorios, mentiras y verdades. Ha estado tanto tiempo con nosotros que, arraigado a tantas costumbres, a tantos hábitos, que ya no llama la atención de dónde sale, cómo, cuánto tiempo ha estado la gente bebiendo. No está demás, sin embargo, tener un poco claro el papel de la bebida. De todas maneras, las ganas de embriagarnos no se nos van a quitar.

Tampoco habría de extrañarnos que haya gente que al emborracharse, se comporte como un primate. Tiene sentido ahora.

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