Así es un día en una mina legal del Cesar

Así es un día en una mina legal del Cesar

2 de julio del 2017

“Viejo Valledupar, si te volviera a ver, como tú fuiste ayer, típico y colonial, casitas de bahareque, con sus palmas caladas, otras de calicanto y sus tejas coloradas”, así describe el compositor Rodolfo Bolaño a la capital vallenata, en su canción Viejo Valledupar. La ciudad que se encuentra entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía de Perijá, aproximadamente a quince horas por carretera desde Bogotá.

El clima cálido y húmedo hace que su cuerpo se sienta pegajoso, se escucha vallenato, pues usted se encuentra en la capital de este género musical de acuerdo al letrero de bienvenida que está a la entrada de la ciudad.

Hoy se ven muy pocas casitas de bahareque, ese Valledupar ha quedado en el corazón de sus habitantes, se ha convertido en una ciudad más urbanizada sin dejar de lado lo típico y uno que otro barrio al estilo colonial que conmemora su historia.

La tradición de sembrar árboles en frente de sus casas para dar sombra a las terrazas aún perdura, uno que otro árbol de flores amarillas sobresale sobre los verde oscuro y verde claro que adornan la capital del Cesar. Los de frutas no pueden faltar, en especial el de mango que se puede encontrar en cualquier lugar, y en sus ramas se puede ver  a pericos e iguanas.

Valledupar es conocida tradicionalmente por ser agropecuaria, por su cabaña bovina y el algodón, sin embargo la ciudad ha ido diversificando su economía, dándole paso al sector minero, sustento de varias personas, pero sobretodo de pueblos aledaños.

Es el caso de José Murillo, un minero de carbón oriundo de esas tierras al igual que su esposa Milena Meza. Tiene 35 años, no tuvo la oportunidad de estudiar lo que quería pues su familia no tenía dinero y vio en el sector minero una oportunidad de trabajo estable y bien remunerado. Estudió en el Sena una técnico en el área de maquinaria pesada, lo que le permitió entrar a trabajar en la mina de la empresa Drummond, ubicada cerca de La Loma, aproximadamente a hora y media de Valledupar.

Allí se fue a vivir hace unos meses, pues el trabajo le queda más cerca y puede ver más seguido a su esposa y a su hija recién nacida, a Valledupar va al menos una vez al mes a visitar a su mamá, ya que compró su casa hace poco con ayuda de un préstamo de la empresa y ahorros de su sueldo. Dice que las oportunidades se dan una vez en la vida y que él ha sabido aprovecharlas a pesar de que le ha tocado duro.

No se arrepiente del trabajo que tiene, “aunque es una labor muy cuestionada, es lo que me ha ayudado a darle de comer a mi familia, al igual que a muchos de mis compañeros, trabajamos en esto porque nos dan muchos beneficios que en otras partes no, y es que vivir con un mínimo no se puede”, menciona José mientras le da el biberón a su bebé.

Para José es una labor que tiene sus riesgos, pero lo bueno de trabajar en una mina legal es que se cuenta con seguridad social como salud y pensión, así como lo estipula la Resolución No 18-1467 de 2011, expedida por el Ministerio de Minas y Energía, en el cual se notifica que las empresas mineras deben responder por los gastos de salud, pensión, riesgos profesionales y parafiscales del personal que esté vinculado al proyecto minero.

En el caso de José, su empresa tiene cinco sindicatos, Sintradrummond, Sintradem, Sintramienergetica, Agretritrenes y Sintramineros, que velan por los derechos de los mineros. Jorge Luis González, presidente de Sintradrummond, afirma que ellos vigilan que la empresa cumpla con todas las prestaciones establecidas legalmente.

Los trabajadores también tienen una póliza de vida que supera un millón de dólares anual, tienen un fondo de crédito de vivienda para que los mineros compren su casa, cuentan con una póliza blanca, el cual es un servicio adicional al Plan Obligatorio de Salud en el que los asegurados tienen beneficios en tratamientos hospitalarios o quirúrgicos, cuentan también con un auxilio educativo para los hijos y para ellos.

Para el presidente del sindicato, estos dos aspectos, salud y educación, son de gran importancia porque ayuda a muchas familias a salir adelante con sus sueños.

En el lugar de un minero

Son las cuatro de la mañana, un bus grande, blanco con azul oscuro, de la empresa Copetrán, espera a José y a los demás trabajadores que viven en La Loma para llevarlos adentro de la mina.

Así como José, aproximadamente mil trabajadores que residen en Agustín Codazzi, Becerril, Chiriguaná, El Paso, La Jagua de Ibiríco y Valledupar, están preparándose para abordar la ruta que los espera en los respectivos lugares.

Al llegar a la mina, cada trabajador se pone su equipo de protección: guantes, tapaboca y casco para iniciar su respectiva labor.

José es operario de un camión de carga, espera a que comience la extracción. En las minas que se encuentran en los Departamentos del Cesar y la Guajira, la extracción del carbón se da a cielo abierto, un equipo especializado retira cuidadosamente la capa vegetal que se encuentra en el lugar donde van a sacar carbón, para después utilizarlo cuando se vaya a restaurar la zona.

Cuando ya van a comenzar la extracción, se usa una dragalina, un tipo de máquina excavadora, para remover la tierra que cubre el carbón. Con esta máquina se retira la parte superficial de la tierra que no necesita ser retirada con explosivos. Esta tierra se ubica en unas bandas transportadoras que van llenando a unos camiones de carga, para ser llevada a otro sector de la mina.

Se usan explosivos cuando la tierra es difícil de remover. La cantidad varía según el grosor de la tierra que cubre el carbón. Luego varias retroexcavadoras se encargan de extraer el carbón y cargar este mineral a otros camiones, que lo llevarán al depósito de la mina. Lo ideal, dice José, es que por cada tres o cuatro camiones de tierra salga una de carbón, porque no es rentable sacar tanta tierra para obtener poco carbón.

Es un proceso largo y peligroso, porque se pueden presentar caídas de rocas o accidentes porque algún compañero se quedó dormido en el turno de la noche, afirma John Molina, pero son cosas que no pasa a mayores consecuencias, sin embargo, la compañía responde por todo eso.

Como la jornada es larga, José y sus compañeros tienen horarios para comer. Por eso la mina cuenta con un centro de producción de alimentos, bastante retirada del área de explotación del carbón, allí una empresa contratada por la Drummond, se encarga de la alimentación de todos los empleados.

Es un beneficio muy bueno que tiene la empresa porque algunos de los operarios son personas de los pueblos aledaños, que se han criado con una sola comida o por mucho dos, pero son muy pequeñas, y la empresa ofrece un menú extenso, llevan su proteína, su acompañante, su arroz, su jugo, su fruta, su sopa y hasta un postre, es un menú que ofrece gran variedad y que está pensado para que los trabajadores se encuentren en buen estado de salud, según Ángela, trabajadora del área de alimentación.

Como el proceso de extracción no puede parar, hay diferentes turnos para que los trabajadores puedan ir a comer, así mientras unos comen otros trabajan. Dentro de la mina hay alrededor de 30 comedores, repartidos estratégicamente y se sirven entre cinco mil y siete mil comidas por día, según Ángela.

La jornada laboral de un minero es de doce horas, durante siete días, cuando finalizan este turno, tienen tres días de descanso.

Es momento de regresar a casa luego de una larga jornada de trabajo, José termina su tarea del día, deja su camión en su sitio, se alista y busca la ruta de Copetrán correspondiente, que lo llevará de nuevo a su hogar.

De Agustín Codazzi, Becerril, Chiriguaná, El Paso y La Jagua de Ibiríco salen unas rutas que los lleva a la mina y los regresa a sus respectivos pueblos, las personas que viven en Valledupar tienen que quedarse en algún poblado aledaño mientras terminan su turno de siete días, pues la ruta que los lleva de la mina a la capital vallenata solo sale al iniciar y finalizar el turno de siete días.

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Económicamente hablando

“Hoy te veo renacer, dejando todo atrás, pero nunca serás, como tú fuiste ayer, casitas de bahareque, con sus palmas caladas, hojas de calicanto y sus tejas coloradas”.

Así describe a Valledupar otra estrofa de la canción, pues parece que fue ayer cuando Valledupar y otros municipios del Cesar se vestían solo de tierras agrícolas y ganaderas, pero nunca serán como fueron ayer, pues hoy, el papel principal es de la minería de carbón, que se ha convertido en un sector importante dentro de la economía colombiana.

De acuerdo a la tabla de producción de carbón por departamentos del sistema de Información Minero energético colombiano (SIMEC), el Cesar es el principal productor de carbón a gran escala, hoy, las casitas de bahareque de sus cálidos municipios se han convertido en viviendas para los mineros que se ganan su día a día en las minas aledañas.

Drummond es una multinacional estadounidense que comenzó la producción y explotación de carbón en 1995, una empresa que ha generado polémica, pues aunque para algunos ha llegado para dañar el medio ambiente y el territorio; para otros es la oportunidad de mejorar la economía colombiana, pero para trabajadores como Ángela y José es una manera de salir adelante en un país que no les deja muchas opciones.

Los municipios más cercanos a las minas de carbón del departamento se han beneficiado con miles de puestos de trabajo formales e informales.

Si por ejemplo se necesitan más operadores, se realizan convocatorias en la región, así las personas no tengan conocimiento sobre el trabajo, los capacitan, y así la empresa le da la oportunidad a personas en el sector, como una premisa de su labor social, según el presidente del sindicato Sintradrummond.

La producción de carbón deja varios beneficios económicos, pues, además de las regalías que deja en el país, ofrece una gran cantidad de beneficios tanto para los trabajadores como para el departamento, pero como dice Ángela, nadie puede obligar a las personas a que aprovechen los beneficios, pues algunos reciben el salario y se lo gastan en trago y mujeres, pero en un futuro cuando se les acabé el trabajo se lamentarán de no haber invertido adecuadamente en un sostenimiento para su futuro.

Cuenta que aparte de los diferentes bonos monetarios por antigüedad, por mejor trabajador y de más; les dan la oportunidad de seguir estudiando, y –si tiene hijos, le dan un bono por hijo- hasta el momento solo cubre a dos hijos del trabajador, y de acuerdo al tipo de escolaridad (primaria, bachillerato y universidad), es el valor del apoyo monetario.

También cuentan con todas sus comidas, transporte y hospedaje, lo que les permite ahorrar de sus sueldos esos gastos, y algo que motiva es que “no te vas a quedar estancado en un solo puesto de trabajo, pues uno puede ascender a otros cargos”, cuenta John Molina, trabajador en el área de vías en la empresa.

La minería es una de las principales fuentes de empleo en el Cesar, pues a nivel indirecto dan trabajo a restaurantes, hoteles, casas, medios de transportes y demás empresas que suplen las necesidades básicas de los trabajadores de las minas.

Y aunque muchos quieren opacar las acciones del sector minero, lo cierto es que como todos los demás sectores económicos tiene sus pros y contras, pero en la medida que se tenga un límite y control, pueden contribuir con la sostenibilidad económica del país, según lo afirma un funcionario de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, quien asegura que el país no estaba preparado para suplir la demanda de la minería, pero que con los años, poco a poco, se ha logrado traer al país avances tecnológicos que han ayudado al control ambiental de este sector, que en otros países se manejan hace muchos años.

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¿Y qué pasa con el medio ambiente?

Obtener una licencia para extraer carbón no es un proceso fácil, se requieren muchos documentos, los cuales pasan por varias instituciones como la autoridad minera, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), Corpocesar y demás entidades encargadas de evaluar la viabilidad y los impactos que tendrá el proyecto minero, los cuales quedan plasmados en el Plan de Manejo Ambiental (PMA), aprobado por el Ministerio de Ambiente.

Dentro de los documentos que solicitan, la empresa debe presentar un estudio de impacto ambiental, del cual se establecen unas obligaciones ambientales.

Cuando el proyecto es aprobado y tiene la licencia para iniciar la extracción, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales está obligada a hacerle seguimiento al proyecto minero, por lo menos dos veces al año, para verificar que la empresa esté cumpliendo con sus obligaciones pactadas.

En este aspecto, la comunidad cumple un papel importante, pues a partir de sus múltiples quejas y solicitudes, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, en sus visitas de seguimiento, revisa si dichas situaciones han mejorado. Cuando el proyecto no ha sido aprobado, esta institución, también pone en consideración la opinión de la comunidad afectada para ver los posibles conflictos que se pueden presentar y las soluciones.

Esto es una actividad como cualquier otra, como la agricultura, como la ganadería, solo que se llama minería, desde ese punto de vista, como cualquier actividad productiva, impacta. Probablemente uno de sus mayores impactos se presenta en el aire. Es por esto, que la Drummond, desde sus inicios, ha contado con un sistema de monitoreo de calidad de aire, cosa que hasta hace unos cuanto años Corpocesar ha implementado.

Actualmente existen, aproximadamente, once estaciones de monitoreo de calidad del aire, todas acreditadas por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM), este sistema busca evaluar la calidad del aire de los pueblos que se encuentran cerca de las minas del departamento del Cesar, según un exfuncionario de Corpocesar que no quiso revelar su nombre.

El problema radica en que Colombia no estaba preparada para recibir adecuadamente el sector minero, pues no cuenta con la tecnología adecuada para realizar seguimientos a las minas, es por eso que se han cometido muchos errores que actualmente estamos pagando los colombianos.

Por ejemplo, el sistema de monitoreo del aire es una tecnología que en otros países se maneja hace muchos años y aquí en Colombia la empezamos a utilizar hace unos veinte años, entonces en su momento las empresas podían hacer y deshacer, pero actualmente se están realizando políticas más fuertes para crear una minería que sea sostenible, porque siendo realistas, es un sector productivo del país, afirma el mismo exfuncionario de Corpocesar.

El sistema de monitoreo, se creó en Corpocesar hace algunos años, y se ha ido mejorando, pues anteriormente, los resultados de un día se recibían después de una semana, actualmente los encargados del sistema de monitoreo de calidad del aire obtienen los resultados en una hora. El exfuncionario también comenta que si este sistema se utilizara para medir la calidad del agua y de otros elementos se podría tener un mejor control sobre las actividades de la minería.

Lo único que no se ha logrado determinar con este sistema de monitoreo es el porcentaje correspondiente a cada sector productivo, es decir que no se sabe a ciencia exacta cuánta contaminación realiza la minería, cuánto contaminan los carros, los quemadores de basuras y demás elementos que el sistema registra.

Entonces lo que las personas que no están informadas adecuadamente culpan completamente a la minería, pero hay más factores que afectan la calidad del aire.

Cuando la calidad del aire está muy afectada o se evidencia que a futuro estará muy contaminada, se realiza un plan de reasentamiento de la población, garantizándoles un espacio en donde vivir, comida, y demás necesidades básicas, mientras la población se acomoda nuevamente en el nuevo lugar, este procedimiento va por cuenta de la empresa minera.

Pero la minería tiene también proyectos que aportan a la restauración del medio ambiente. Al entrar a la casa de la mamá de José se puede ver una planta de algodón, es como si alguien hubiese comprado algodón en la tienda y lo usara para adornar una planta, en ese momento José me comenzó a hablar sobre un lugar, que parecería sacado de un cuento, pues nadie se imagina que dentro de una mina de carbón exista un embalse ecológico.

Esta mina está organizada por varios sectores que se encuentran distribuidos a lo largo del terreno, está el lugar en el cual se realiza el proceso de extracción, otro en donde se encuentra el centro de producción de alimentos, también hay unos campamentos en los cuales algunos trabajadores administrativos pueden hospedarse y tiene un área de vegetación.

Dentro de la mina hay un lugar en donde se siembran varios tipos de plantas, árboles y flores de la región, son cuidados día a día por personas que trabajan en el área de medio ambiente, en este espacio, es en donde se encuentra la capa vegetal, retirada del sitio en donde va a realizar el proceso de extracción del carbón, aquí las personas buscan preservar la fauna del territorio, para que cuando la extracción finalice, se pueda restaurar ese espacio y quede como antes.

También se pueden observar especies de diferentes animales como chigüiros, babillas, iguanas, uno que otro venado y muchos peces en las lagunas que hay, estos animalitos conviven tranquilamente por la mina, y todos los trabajadores cuidan de ellos, la Drummond prohíbe que se les maltrate o mate, y en caso de que alguien infrinja esa norma tiene una severa sanción, dice José.

“Imagínese que un día, por las lluvias, se creció la laguna, estaba tan crecida, que uno veía como se salían del agua los bocachicos”, dice José en medio de risas al recordar ese momento.

Otra anécdota, y la que más cuentan los trabajadores, es que muchos de ellos han tenido que parar sus grandes camiones para dejar pasar a los animales, que se han atravesado por el camino. Muchas veces llaman a los encargados del medio ambiente para que los regresen a su espacio.

¿Por qué trabajar en una mina de carbón?

Teniendo en cuenta las fuertes críticas en contra del sector minero, el impacto que éste genera en el país, ¿por qué trabajar en una mina de carbón?

José responde con su mirada perdida en el horizonte, como con melancolía: “no tengo mejores estudios que me ayuden a tener otro trabajo, conozco a muchos profesionales que ganan el mínimo, y este empleo me ha dado a mi esposa, a mi hija y mi casita, y puede ser muy cuestionado pero muchos no saben la necesidad que tenemos otros, y no cambiaría de trabajo porque la minería es como cualquier industria, tiene sus pro y sus contras”.

Cayendo el atardecer en Valledupar, me despido de José y de su mamá mientras observo cómo recolecta el algodón de su planta, y así, le digo adiós, a ese viejo Valledupar, típico y colonial, de casitas de bahareque, con sus palmas caladas, otras de calicanto y sus tejas coloradas, que se dedicaba a la recolección de algodón.

Por: Meliza Gamboa Ramírez