La historia de una proxeneta colombiana que huyó de China

La historia de una proxeneta colombiana que huyó de China

20 de mayo del 2015

Su vida en Guangzhou, una de las ciudades con mayor presencia de comerciantes árabes en China, se había vuelto cómoda, aunque un poco angustiante por la posibilidad de que la chica de 22 años que llevó desde Pereira, Risaralda, la denunciara ante las autoridades de ese país por explotación sexual.

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Esa preocupación siempre la acompañaba, pero como ella misma lo confiesa, era una riesgo que tenía que correr pues de por medio había una deuda de 35 millones de pesos que le debía la joven de 22 años, y los yuanes, moneda china, se le habían vuelto una obsesión.

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Sin embargo, Xiomara Yepes* quería creer que su pupila no le arruinaría el negocio, pues ella misma vivió esa historia, que se puede resumir en un año en el que tuvo sexo con algo más de 100 árabes y unos cuantos indios, y ganancias estimadas en 120 millones de pesos.

Su historia como trabajadora sexual en Guangzhou la inició en el 2010, contactada también por un proxeneta, con quien vivió un intenso romance y se regresó a Colombia luego de terminar la relación. No obstante, decidió regresar a Cantón, provincia cuya capital es Guangzhou, precisamente para abonarle el terreno a Diana*, la chica de 22 años del Eje Cafetero, quien por primera vez se montaba en un avión.

Xiomara decidió volverse manilla. Con el dinero que ahorró en China le hizo un préstamo de ocho millones de pesos a Diana, a quien contactó en Pereira en una de las varias visitas que hizo a esa ciudad a finales del 2011.

Prostitución china

Diana aceptó ir al país asiático con el compromiso de cancelarle a su manilla 35 millones de pesos en un período de seis meses, dinero que incluía el valor del tiquete aéreo hasta China, un millón de pesos que le dejó a su familia en Colombia antes de viajar y otro tanto por el ‘trámite’ de la visa, más casi el 40 por ciento de intereses sobre el dinero prestado.

El trámite para sacar la visa es fácil, pues hay funcionarios que cobran 300 mil pesos por sacarla sin necesidad de entrevista. “Después que sale la visa se compra el tiquete, que en promedio puede estar por los cinco millones de pesos, pero con cualquier cantidad de escalas. En mi caso tenía que ir hasta Panamá, de ahí hasta Cuba, luego Rusia y finalmente Hong Kong, y el viaje era de casi dos días. Viajaba en Copa hasta Cuba, y de ahí viajaba en aerolínea rusa”.

En Cantón, Diana ya tenía asignada una habitación algo estrecha en un apartamento donde también se hospedaba Xiomara en el sector más comercial de Guangzhou, y se comprometió a entregarle 100 dólares diarios.

“Hay una misma ruta para China, Singapur y Hong Kong. A ellas (trabajadoras sexuales) se les pregunta si quieren ir a China, Malasia o Singapur, aunque una sola puede ir a los tres destinos. En China una hora con un hombre puede costar entre cien dólares, en cambio en Hong Kong cuesta 300 dólares la hora. Generalmente la mayoría de las niñas se van para la zona de prostitución de Hong Kong, y frecuentan un sitio que se llama Venus”, explicó Xiomara.

No obstante, si una muchacha quiere ir a Singapur o Hong Kong lo puede hacer con la visa de China, y según manifestó Xiomara, no es seguro que la dejen entrar directamente por Hong Kong, porque hay riesgo de que sean deportadas y se pierda el dinero del tiquete.

Una vez en la oficina de migración las autoridades chinas preguntan por los papeles y el motivo del viaje, “entonces la mayoría dice que irá a hacer unas compras, hay algunas que tienen suerte, pero otras que se van con malas pintas o vestidas muy sugestivamente, por lo general no las dejan ingresar”.

Xiomara relató también que en el 2011 las visas solamente las estaban dando por un mes, aunque en el 2012 la daban por tres meses. “Por eso es que muchas niñas se quedaron como ilegales porque se les olvidó ir a renovar la visa”.

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“Varias chicas se entusiasman con ir a China porque se dan cuenta que otras niñas vienen de allá con plata a comprar casa, carro. Conozco una niña que llegó, compró apartamento en Bogotá, compró su carro, porque es una niña muy juiciosa y ahorró su plata en China. Pero hay otras niñas que cogen plata y se la gastan, haciendo compras, a otras les gusta el vicio. Allá es muy cara la vida”.

De otro lado, también hay algunas que quieren ingresar a Tailandia, donde tienen que ingresar con una visa parecida a la de China, “es económica, además también hay que presentar el carné de fiebre amarilla, cien dólares y mostrar el tiquete de regreso y ya”.

‘La manilla’ indicó que en China, Malasia y Hong Kong la trabajadora puede contactar a los clientes de dos maneras. La primera es rebuscarlos en discotecas tal como hacen el 80 por ciento de las colombianas y la segunda es a través de un catálogo por internet, el cual maneja la base de datos de los clientes. En esta última modalidad, Xiomara explicó que la chica tiene que dejar la mitad de lo que se gana a la oficina, ese es el nombre con el que se le conoce a esa clase de empresas, aunque la hora con un cliente es más cara, dependiendo del físico y perfil de la mujer.

“Las niñas que hacen parte de las oficinas les toca más fácil pues no tienen que ir a rebuscarse sus clientes en las discotecas, simplemente tienen que esperar a que las llamen, y normalmente todos los extranjeros que llegan allá, ingresan a la página, ven el catálogo con las niñas, piden la que les gusta, y ella llega al hotel donde se encuentran hospedados”, aseguró.

Prostitución china

Xiomara desmintió que haya explotación sexual, pues “todas saben a qué van, aunque hay veces que estando allá empiezan a tener problemas con las manillas, y algunas se quieren devolver, pero la manilla siempre les dice que antes tienen que pagarle la deuda de los tiquetes y viáticos”.

“Una vez la Policía acá en Bogotá – relató – fue a recibir a una chica que venía de China por ser supuestamente víctima de trata de personas, pero vieron a esa niña con maletas llenas de regalos, con gafas finas, perfumes importados, anillos en oro. Muchas niñas para no pagar el tiquete de vuelta van y denuncian que han sido víctimas de la trata de blancas. Sin embargo, las autoridades ya no comen cuento, pues están exigiendo pruebas, qué personas están detrás del negocio o quiénes la llevaron”.

“Supe el caso de una chica que era muy borracha, le gustaba también la droga, por lo que la familia demandó a la manilla, y ésta le tocó devolver a la pelada para Colombia casi de inmediato, pues decía que quería devolverse y estaba desesperada (…) La manilla de lo que va ganando la chica saca el dinero que ella quiere enviarle a sus padres. La plata para enviar a la casa es sagrada, pues si no envía dinero a la casa, se alarman en Colombia y puede haber problemas”.

Xiomara vivió en carne propia el drama de una de estas trabajadoras. Diana, la chica de 22 años que llevó a China, a los dos meses de vender su cuerpo en el lejano oriente quedó en embarazo de un árabe, quien no quiso responder por el embarazo y desapareció sin dejar rastro.

“La chica se perdió en el desespero de tener su barriga, se fue para la embajada a denunciar que había sido parte de una organización de trata de blancas y que llegó allá a China bajo engaños a trabajar en la prostitución, buscando que la repatriaran”, reveló.

Al enterarse del suceso, Xiomara decidió regresar a Colombia y evitar así enfrentar a las autoridades chinas, pues en ese país la prostitución es ilegal. No volvió a saber nada más de Diana.

*Nombre cambiado a petición de la fuente.