La magia: una historia sin fin

19 de noviembre del 2018

Por Armando Martí.

La magia: una historia sin fin

Abrir los periódicos, encender la radio o mirar el noticiero por televisión, producen una sensación de miedo, incertidumbre y angustia. Actualmente, la mayoría de los titulares son amenazantes, es como si de un momento a otro, el mundo se fuera a acabar; como si la vida dependiera del estado de ánimo de cualquier gobernante que pudiera desde un desborde emocional o una intoxicación de la hipertrofia del Yo, con una sola decisión, orden o simplemente un clic, borrar la existencia de la faz de la tierra.

Hoy somos el resultado de lo que hemos sembrado ayer y me pregunto: ¿cuál es la génesis de esta extraña “mutación” conocida como la nueva raza deshumanizada? ¿Qué pasó con la “magia” del amor, del instante presente, del perdón, de la paz y el sosiego mental? Esa triste certeza de que “todo puede desaparecer en un instante” como por “arte de magia” aumenta el vacío existencial.

Tratando de entender la pérdida de valores y calidad de vida de una sociedad hipnotizada por la individualización del poder económico y la adicción al consumo, intento visualizar los comienzos de nuestra evolución y la historia de la magia. Esa necesidad implantada para vivir y sobrevivir como especie, a través de la experiencia de ensayo/error con el fin de entender los fenómenos naturales, al igual que las leyes físicas y espirituales a las cuales estamos sometidos desde siempre los seres humanos.

Foto: Cortesía Armando Martí Un mundo en caos en donde la juventud se expone para lograr sus objetivos más básicos.

Pero antes de entrar en materia y quizás por esa justa ley cosmogónica de “causa y efecto”, vino a mi memoria uno de los primeros encuentros con un verdadero “mago del alma”, quien nos hablaba de los misterios de la vida a mi amigo de investigaciones psíquicas de aquella época, el economista Jaime Beltrán y a mí, mientras trasformaba su rostro según los temas y las enseñanzas que nos compartía. Ante nuestros asombrados ojos, pasaron muchísimas energías que convertían la realidad en algo “maleable” e inexplicable en ese momento para nosotros.

Durante horas el maestro y poeta Luis Fernando Mejía, trasmutaba su energía interior y por increíble que parezca, su cara era de un niño pequeño, una mujer anciana, un feroz guerrero e incluso un iluminado monje oriental. Este encuentro fue auspiciado por el propio poeta Mejía, quien nos invitó a su apartamento de las torres del parque diseñadas por el famoso y talentoso arquitecto Rogelio Salmona, cuyas obras fueron declaradas Monumento Nacional.

Foto: Cortesía Armando Martí.

En aquel mes de septiembre de 1976, conversé con este extraordinario ser, cuyo conocimiento y mensaje parecía venir de otras esferas y dimensiones. Tanto sería su encanto y magnetismo personal, que nuestra conversación se extendió por más de doce horas sin casi ningún tipo de pausa, profundizando en temas tan variados como los egipcios, los caldeos, los celtas, los secretos de lejanas tierras hindúes y orientales, el auto encuentro, la inspiración o la musa del escritor y del poeta, entre muchos otros.

Una danza en aquella sempiterna madrugada, sobre los comienzos esotéricos de la magia, guiados por este maravilloso maestro, que hoy y después de casi treinta años de ausencia voluntaria, volvió a aparecer en el festival de poesía “Luna de Locos”, que se llevó a cabo en septiembre de este año en la ciudad de Pereira y estuvo organizado por Giovanny Gómez. Lea aquí

De las cosas que me orientaron para entender no sólo mi comportamiento sino también mis instintos al igual que el inconsciente propio y el de los demás, fue el significado de las palabras cabalísticas: Sefhor, Sefher y Sifuhur, que significan imagino (visualizo), hablo (afirmo y decreto) y logro crear todo cuanto deseo (construyo). En síntesis sería una sabia y prudente advertencia: “Ten cuidado con lo que deseas, pues eso sucederá”.

Estas afirmaciones estaban escritas en diversos templos de formación hermética, en donde futuros magos se sometían a diferentes pruebas y aprendizajes, los cuales podían durar décadas hasta llegar a convertirse en “artistas de la magia”, y de esa forma, ser poderosos sanadores y expertos en las leyes físicas, químicas y alquimistas, así como también viajar a través del futuro (astralmente), observar los acontecimientos del planeta y abrir portales multidimensionales y cuánticos, entre muchos otros secretos impensables, antes de salir al mundo a servir a los demás, como lo hace un ser trascendido y trasformado por el arte y los arcanos secretos de la magia.

Fotografía Canal de Youtube (LuisFernandoMejiaelpoeta)
El mago y poeta colombiano: Luis Fernando Mejía.

Luis Fernando Mejía nació en Barranquilla en 1941, pero vivió muchos años en el interior del país. Sus textos se basaron en el espacio tiempo, las múltiples dimensiones y los universos paralelos, buscando la luz dentro de sí mismo hasta que publicó el libro “Camino hacia la luz” en Bogotá en 1974. Ganador de varios premios internacionales de poesía como Violeta de oro, Bernardo Arias Trujillo y “Rosa de Oro” por los manuscritos de Lucio Malco.

De igual manera, sus mensajes espirituales y escritos se han publicado en Colombia y otros países del mundo. Asimismo, construyó un “áshram” en Cartagena con las medidas cosmogónicas, es decir, basado en lo que mide una estrella, trazando una línea vertical desde el firmamento hacia la tierra, mientras el fondo es un pozo con el valor de Pi, usando el número 17 que representa el universo según las enseñanzas de Pitágoras y así poder efectuar la proporción entre la menor con la mayor en su totalidad.

Este fue uno de los primeros magos de mi vida iniciática, quien en pocas horas logró transferirme desde su generosidad metafísica y literaria, muchos de sus secretos más profundos que hoy son un tesoro invaluable para mí.

La historia de la magia: “magia primitiva”

Foto: Cortesía Armando Martí.

La magia es una palabra que engloba un mundo de posibilidades y misterios inesperados, de donde partieron muchos cultos antiguos como la teosofía, el espiritismo y varias pseudo ciencias, pues este término parece despertar las fuerzas mentales ocultas e inexplicables de la vida. Es por eso, que la mentalidad primitiva estaba estrechamente relacionada con una red de participantes (naturaleza y animales) y la magia, que marcaban el orden. De aquí se desprende la asociación entre la magia, los sueños, el arte y los amuletos.

Dentro de este contexto, los magos eran quienes cuidaban los espíritus de los animales y los elementos de la tierra, para ser transmutados en objetos (talismanes). Por ejemplo, al abatir o capturar un animal debían procurar que su “genio protector” (esencia mística) no fuera irritado para que el cazador pudiera recibir el perdón por su acto, con el fin de que a futuro se pudiera conservar intactas las cualidades del “espíritu animal” transferidas al hombre. Razón por la cual, cuidaban mucho estos rituales para honrar la vida del animal y tomar prestado sus aptitudes de supervivencia.

Componentes de la magia

Foto: Cortesía Armando Martí.

Dentro de la magia existen dos elementos regentes: primero la ley de semejanza, en donde el mago contaba con la capacidad de producir un efecto deseado con sólo visualizarlo; y el segundo la ley de contacto, que consistía en que todo objeto material, afectaba de igual manera tanto a la persona con la que estuvo en contacto el objeto como quien realizaba la acción, que a su vez producía una reacción. Estos se volvieron los principios universales que regulaban la magia y la naturaleza inanimada.

Una forma de plasmar y conservar estas tradiciones era la elaboración de pinturas sobre rocas en las cuevas de los hombres prehistóricos, que tenían como función asegurar el retorno de las estaciones favorables para la caza, la reproducción normal de los animales, el florecimiento de las plantas comestibles y la fertilidad de las mujeres en la tribu.

Pero, ¿cuál es la virtud mágica que figura en todas las ceremonias sagradas? Ya sea un acto que aviva ciertas emociones o un rito de imitación para conectar con los dioses, una característica en común. es la fuerza de la magia transmitida al objeto encantado, ¿qué es esto? En resumen, es el poder contenido en el hechizo, ya que, y esto nunca se enfatiza lo suficiente, el elemento más importante en la magia es el hechizo, es decir, el proceso, pues es la parte fundamental de la magia que es oculta conocida únicamente por el practicante.

A los nativos el conocimiento de la magia significaba el conocimiento del hechizo plasmado en una fórmula, la cual se convirtió en el núcleo del rendimiento mágico asociado con: los efectos fonéticos, imitaciones de sonidos naturales, como el silbido del viento, el gruñido del trueno, el rugido del mar, las voces de varios animales. Estos sonidos simbolizaban ciertos fenómenos y, por lo tanto, se cree que los producen mágicamente, expresando estados emocionales asociados con el deseo que se realiza mediante la magia.

Foto: Cortesía Armando Martí.

Por otra parte, es muy visible en los hechizos primitivos el uso de palabras que invocan, establecen o ordenan el objetivo deseado. Así, el hechicero mencionará todos los síntomas de la enfermedad que está causando el dolor. En la magia curativa, el mago describirá imágenes de perfecta salud y fuerza corporal. En la magia económica se representa el cultivo de plantas, el acercamiento de los animales, la llegada de peces a los ríos, usando signos de prosperidad que expresan la intención de esta emoción y acción.

Finalmente, hay un elemento en casi todos los hechizos y son las alusiones mitológicas, que hacen referencia a los antepasados ​​y héroes de la cultura de quienes recibieron esta magia, conservando la tradición de la oralidad transmitida de generación en generación. La magia no se “originó”, nunca se ha hecho o inventado. Toda la magia simplemente “fue” desde el principio derivado en algunos casos de los espíritus y los demonios según las sociedades superiores, como una fuerza de equilibrio entre el bien y el mal.

Así la creencia en la existencia natural primitiva de la magia es universal. Existe, la idea de que entre el objeto y la magia hay un lazo esencial. La magia es la cualidad de la cosa, o más bien, la relación entre el hombre y la cosa, porque aunque nunca la haya hecho el hombre, siempre está hecha para el hombre. En toda tradición y mitología, la magia siempre se encuentra en la posesión del hombre y a través del conocimiento del hombre.

La magia a través de las grandes civilizaciones

Foto: Cortesía Armando Martí

  • En las tradiciones semíticas consideraban la magia como de origen angélico y se remontaba a los inicios de la humanidad, como estaba plasmado en el Libro de Enoc, donde dice que los ángeles bajaron del cielo para unirse carnalmente con las hijas de los hombres, descendiendo sobe la cima de del Monte Hermón. Estos espíritus de inteligencia superior influyeron poderosamente en la mente de los mortales, enseñándoles la influencia de los astros, las propiedades curativas y mágicas de los minerales y plantas, es decir, la iniciación en los poderes de la magia suprema.
  • La magia en Oriente: Por increíble que parezca la mayor parte de las creencias mágicas del mundo occidental nacieron primero en una área de Asia entre los ríos Tigris y Éufrates (Mesopotamia), quienes perfeccionaron las técnicas de escritura contenidas en unas tablillas sumerias en donde plasmaron todo el universo del pensamiento mágico basado en el término “igma” que significa “profundo”.

Foto: Armando Martí.

  • La magia en Caldea: La concepción de los caldeos respecto a la enfermedad fue totalmente mágica, consideraban que los malestares físicos eran producidos por los espíritus malignos que estaban en constante movimiento en el aire y se depositaban en el órgano afectado. Por ejemplo, alal influía sobre el pecho, mientras que gigim lo hacia sobre los intestinos, el idoa sobre la cabeza produciendo neuralgias y utg sobre la frente y la nariz. Para curar mágicamente estas dolencias, recurrían al hartium es decir, mago, quien por medio de la palabra exorcizaba al espíritu tras descubrir el origen de la enfermedad.

La magia tiene una particularidad muy especial que la hace eterna, pues de forma intrínseca se puede interpretar y de forma extrínseca ver sus efectos más no comprenderlos. Por eso, cada ser vivo contiene su propia magia interior, una energía infinita que no se acaba, solamente se trasforma y ayuda a mejorar el paso por esta universidad llamada vida, dejando un legado a las generaciones venideras de amor, paciencia, confianza y compasión hacia la existencia a pesar de todos los problemas. Esa es la virtud de lo mágico: la dualidad que nos acerca cada vez más a lo sobrenatural y al mismo tiempo a lo espiritual.

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