La masacre de El Salado llega al cine

La masacre de El Salado llega al cine

20 de junio del 2011

Hollman Morris regresó a Colombia por dos razones: asistir en calidad de víctima a la audiencia de versión libre del ex presidente Uribe en la Comisión de Acusaciones y presentar su película Impunity.  Esta última es un filme de 85 minutos dramáticos que recogen más de 600 horas de material inédito sobre la incursión paramilitar en el país, en especial de la masacre de El Salado, cuando 66 personas fueron asesinadas durante cinco días. El periodista colombiano y el cineasta colombo-suizo Juan José Lozano trabajaron durante dos años y medio en una producción que estuvo a cargo de Intermezzo Films de Suiza, Dolce Vita de Francia y Morrisproducciones de Colombia, con el apoyo de Art Cine y la televisión Suiza.

Como ha ocurrido en los trabajos que ha realizado durante la última década, esta vez Hollman fue amenazado durante el rodaje de la película. Igual sucedió con sus reportajes periodísticos sobre el proceso paz y los defensores de derechos humanos, que despertaron la ira del paramilitar Carlos Castaño, quien lo amenazó y lo obligó a exilarse a España. Allí llegó con su esposa y con Daniela, su primera hija, que estaba por nacer. Regresó al país a finales de 2001 con la idea de hacer su propio espacio y su propio nombre. En 2003, el Programa Andino para la Democracia y los Derechos Humanos abrió una convocatoria con la intención de patrocinar un espacio en la televisión que promocionara una cultura en derechos humanos. Y Morris ganó, por encima de las propuestas de Alonso Salazar, actual alcalde de Medellín, y el director de cine Carlos Gaviria.

En la masacre de El Salado, fueron asesinadas 66 personas.

Sus programas de Contravía, con foco en derechos humanos, violencia y su estela de dolor, dan cuenta de la situación de las víctimas tanto de los paramilitares como de la guerrilla. La reunión de estos elementos lo llevó a ser un permanente contradictor del ex presidente Uribe en el pasado gobierno. Uribe lo ha señalado y cuestionado directamente, al punto de relacionarlo con las Farc. No dudó en calificarlo como un “cómplice del terrorismo” que fingía de periodista. Hollman lo denunció ante el Estado colombiano por persecución y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. José Obdulio Gaviria, escudero permanente de Uribe, también lo ha convertido en tema de su rabiosa columna de El Tiempo.

Pero las agresiones han ido más lejos. En 2004, su esposa fue amenazada durante su embarazo,y Morris fue retenido en un buque de la Armada en el Putumayo mientras hacía una investigación. Un año más tarde, en la puerta de su casa recibió una corona fúnebre. En 2009 salió a la luz pública la información que mostraba que el periodista estaba en medio de una campaña del DAS para desacreditar su trabajo, pero al año siguiente le llegó la suerte con la noticia de la  beca de la fundación Nieman a periodistas, con la que podría permanecer con su familia en Estados Unidos por un buen período de tiempo. Pero la distancia no fue obstáculo para que Hollman continuara comprometido con la realidad nacional. Siempre estuvo al tanto de los sucesos del país y se pronunció a través de Twitter.

http://www.youtube.com/watch?v=y_GCkP5WzUU

Nada de esto es nuevo en la vida Hollman. Desde joven ha estado involucrado en la realidad conflictiva del país.  Morris, con la cabeza rapada, uniforme verde, charretera roja, corbata y zapatos negros, le abrió la puerta al acuerdo de paz con el grupo guerrillero M-19. Prestaba el servicio militar en el Batallón Guardia Presidencial y tenía veintidós años. Una noche de abril, el teniente Forero le designó la tarea de abrirle la puerta del Palacio de Nariño que comunica con los sótanos a Carlos Pizarro y a Antonio Navarro Wolf. Primero entró Pizarro, con su sombrero blanco, saludando a las personas que encontró a su paso. Detrás pasó Navarro, quien caminó muy serio y sin pronunciar palabra. Luego los condujo por el segundo corredor para llegar al despacho presidencial. Morris no dimensionó entonces qué pasaba a su alrededor, lo hizo tiempo después cuando comenzó a vivir la realidad del país, al caminarlo y narrarlo como periodista.

Su visión política es el resultado de la mezcolanza entre los hechos históricos que ha presenciado durante su vida y en su entorno familiar. Creció entre la zona de la avenida Caracas y El Campín, en Bogotá, en un hogar de clase media donde las discusiones sobre la actualidad eran el postre de cada almuerzo. Un edificio de tres pisos resguardó tres generaciones de la Guerra de los Mil Días, los movimientos de los años sesenta y del nacimiento de una nueva constitución. Vivía en la primera planta vivió junto con sus papás y tres hermanos menores, en la segunda planta vivían sus tías abuelas y en la última sus tíos.

El documental, que presenta escenas inéditas, tuvo un costo de 400 mil dólares.

Al periodismo entró de la mano de Germán Castro Caicedo y su obra Perdidos en el Amazonas. Se dejó seducir y descubrió que quería vivir consumado en la reportería y visitando cada rincón del país. Ingresó a la Pontificia Universidad Javeriana y trabajó como mesero de un bar llamado La tienda de Siecha, lavó los platos del restaurante La cuchara de palo y dictó sus primeras clases de radio para poder pagarse los primeros semestres. Un año después, su formación se vio interrumpida por el servicio militar obligatorio. Al volver a las aulas de clase, se encontró con un país diferente, una situación social crítica enmarcada por la persecución a Pablo Escobar, el inicio de algunos hechos terroristas y el auge del narcotráfico. Motivos suficientes para dirigir sus intereses periodísticos con un enfoque de contrapoder. Obtuvo su cartón por ventanilla un día cualquiera del año 2000.

Y así empezó su recorrido por los medios, con un primer empleo en el Noticiero Criptón. Pasó al programa de radio Contacto, la competencia de Julio Sánchez Cristo de la época, donde compartió estudio con Félix de Bedout, Néstor Morales, Jaime Garzón y Alexandra Montoya. Con Antonio Morales como director del Noticiero AM PM, Hollman trabajó en el equipo periodístico por cuatro años. Pasó por RCN televisión y también por El Espectador hasta que encontró la ruta del periodismo independiente con su propio programa, Contravía.

Está de regreso al país en un viaje efímero con el que busca cumplir con dos compromisos: participar como víctima de las chuzadas del DAS en la Audiencia del Presidente Uribe en la Comisión de Acusaciones en la Cámara de Representantes, como efectivamente lo hizo el pasado 16 junto a su abogada Sandra Gamboa, y presentar su película Impunity, que tuvo un costo total de 400 mil euros y cuyo capital semilla de 50 mil dólares fue aportado por El Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), a través del fondo de la embajada de Canadá. Las próximas presentaciones de la película serán en Nueva York y Santiago de Chile, en Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. El recorrido de esta escalofriante voz de las víctimas del paramilitarismo en el país apenas comienza. La producción fue presentada a 1300 personas que asistieron de manera gratuita al estreno, en el que Hollman hizo una presentación y le puso la cara al país, como le gusta.

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