Después del asesinato, Alexander Martínez entró a la habitación del sacerdote Richard Piffano para recoger las pertenencias del fallecido. Encontró la cama tendida, una bicicleta estática y ropa nueva marca Arturo Calle en el armario. “Nadie compra ropa cuando sabe que en pocos días va a morir”, dice Martínez. También relata que un mes antes de la muerte, el padre Piffano había comprado un carro último modelo.
Los dos sacerdotes se conocieron hace ocho años cuando cursaban filosofía. En 2006, Reátiga fue trasladado para presidir la parroquia Jesucristo Nuestra Paz en Soacha, y dos años más tarde, Piffano comenzó su labor pastoral en la parroquia San Juan de la Cruz en Kennedy. Entre las dos iglesias hay quince minutos de distancia en carro. Por la cercanía y la amistad, los curas se veían con frecuencia. Los habitantes aseguran nunca haber visto algo sospechoso entre los dos.
Con los años, el rostro de Reátiga comenzó a palidecer. Tenía una tez enfermiza y los feligreses especularon sobre una posible enfermedad. Efectivamente estaba enfermo, pero no conocieron el verdadero mal. Mientras el cura de Soacha moría, su compañero tenía aspecto sano. Uno de los acólitos que colaboran en la iglesia San Juan de la Cruz asegura que Piffano no padecía ningún mal. Según la investigación de la Fiscalía, los dos tenían enfermedades mortales (sida y sífilis).

Parroquia San Juan de La Cruz (Kennedy) y parroquia Jesucristo Nuestra Paz (Soacha).
“Claro que el padre Reátiga pidió que lo encomendáramos a Dios, pues si estaba enfermo necesitaba de nuestra ayuda”, afirma Ángela, una mujer que atiende una miscelánea en Soacha. “Viendo que se estaba muriendo debía ceder las propiedades”, dice un hombre que colabora en la iglesia Jesucristo Nuestra Paz.
Según relatan los feligreses, el padre Reátiga estaba amenazado por grupos armados legales o ilegales (no se sabe). Al parecer porque el padre se oponía desde el púlpito a los falsos positivos presentados en ese municipio. Por ese motivo creen que lo sucedido en los últimos días es una manipulación para no comprometer al ejército o los paramilitares en la muerte de los sacerdotes. “Un año les dio tiempo para lavarse las manos y dejar a los padres como homosexuales contagiados de VIH”, relata Martínez, el hombre que colabora en la iglesia de Kennedy.
Un acólito de la parroquia San Juan de la Cruz dice que horas antes de la muerte, llegó el padre Rafael Reátiga a la parroquia. Se le veía con semblante enfermizo, algo que ya era normal. Como siempre, el padre Piffano lo recibió con buen humor. No había nada extraño. Antes de abandonar la parroquia, pidió que le alistaran los objetos para la misa. No llegó él, lo único que llegó fue la noticia del asesinato.

El padre Rafael Reátiga ayudó a la construcción de la parroquia Jesucristo Nuestra Paz antes de su extraña muerte.
Mientras hay conmoción en Soacha y Kennedy por la muerte de los sacerdotes, la fiscalía estableció que los dos fallecidos hicieron un pacto para abandonar el mundo al mismo tiempo. El 25 de enero de 2011, El padre Reátiga conoció a Isidro Castilblanco, un jardinero que vende bonsáis. Castilblanco estaba armado y el sacerdote le preguntó por el arma, el jardinero contestó que el barrio era muy peligroso y necesitaba cuidarse. Ese mismo día hablaron por teléfono y coordinaron una cita para las cinco de la tarde en un centro comercial del sur de Bogotá. Allí conocieron al sicario Gildardo Peñate Suárez. Los curas confesaron la intención de contratarlo para que los matara.
Al siguiente día los sacerdotes se encontraron con el sicario para pagar 15 millones de pesos, el precio de sus muertes. A las siete de la noche volvieron a encontrarse para cerrar el trato: Gildardo Peñate asesinó con arma de fuego de a los clérigos. Aunque esa es la versión oficial, otro habitante, un vendedor que trabaja en Soacha, dice que hay miles de formas de morir como el ahorcamiento, la toma de cianuro, saltar de una torre, chocar un automóvil, pero la más pendeja es contratar a un sicario para suicidarse. “Por eso no creo lo que dice la fiscalía. Eso es una conspiración”, asegura.
