La música del Diablo

La música del Diablo

10 de junio del 2017

Extrañamente, el Transmilenio no iba tan lleno. En una estación de la Troncal Caracas se subieron dos señoras mayores. Una estación más adelante un muchacho abordó el bus y se hizo en el acordeón. Él era un tipo alto, delgado, de cabello largo liso, jeanes desgastados, botas,   una camiseta de Megadeth y una chaqueta de cuero. El prototipo de rockero. Las señoras se lo quedaron viendo, asombras, incluso espantadas. “El rock es la música del Demonio” –le dijo una a la otra–. El chico ni cuidado les puso: iba con sus audífonos a todo volumen, tamborileando con sus dedos sobre su morral.

¿El Rock es la música del diablo? Desde que nació como género, del Rock y sus derivados se ha dicho de todo. Sin embargo, lo que más se repite es eso: que es música inspirada por Satán. “Se ha comprobado que cuando se escucha música estridente por mucho rato, el cuerpo y la mente entran en compás con el ritmo, haciendo que se pierdan las inhibiciones, y la persona queda como hipnotizada y a la merced o la voluntad de mensajes y órdenes que le dé el cantante”, escribió Carmín Ramos, autor del libro Un análisis del Rock: música que controla.

Literaturabautista.com, un portal cristiano, dice que “con la música rock Satanás ha encontrado la herramienta ideal para la decadencia de la raza humana. II Corintios 4:4 dice “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloría de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Si él puede asolar la capacidad de pensar de la gran mayoría de los jóvenes, la próxima generación estará en sus manos. Todo indica que él está teniendo un gran éxito. En el futuro los historiadores van a estar maravillados de la rapidez de la caída de la cultura de una generación a la otra”.

En realidad, la pecaminosa alianza entre Satán y la música, es tan antigua como la música misma. De Niccoló Paganini (1782-1840), un violinista virtuosísimo, se decía que había pactado con el demonio para poder tocar como ninguno. Y sí: tocaba como ninguno. Quién sabe si por obra de las triquiñuelas del diablo o por un talento y una disciplina sin precedentes.

¿El Rock es la música del diablo? Desde que nació como género, del Rock y sus derivados se ha dicho de todo. Sin embargo, lo que más se repite es eso: que es música inspirada por Satán

Otro portal bíblico explica que “aunque de ninguna manera esto significa que los instrumentos musicales y la música sean satánicos en sí mismos, solamente demuestran el interés y devoción que este ser siniestro siente por la música y cómo ha utilizado el poder que ejercen estos elementos sobre las personas. La historia nos demuestra el uso que Satanás ha desarrollado para emplear estos ingredientes e influenciar poderosamente para consumar sus planes y arrastrar a las personas en los caminos de perdición”.

En cuanto al Rock, desde siempre se le ha relacionado con el diablo. Aunque en realidad, en cada época, a todo lo que sea nuevo, diferente, y que cuestione los valores de la sociedad, se le ha llamado satánico. Y el Rock no podía ser la excepción a la regla.

El rock, empecemos, nació del blues y de ritmos autóctonos americanos como el country. Ambos –blues y country– tienen sus raíces en la música raizal de los esclavos africanos. Cuando la esclavitud aún existía, los dueños y nobles, asociaban esos sonidos de tambores, voces y ritmos fuertes y expresivos, con brujería y con los “malos hábitos de los negros, a quienes Dios había expulsado del paraíso por pecaminosos”.

howling-wolf

Del blues también se decía que era del diablo. En realidad, Blues traduce, literalmente ‘tristeza’. Sin embargo, hubo un hombre, Robert Johnson (1911-1938), precursor de los sonidos que dieron forma al Blues del Delta, de quién se decía, para poder cantar y tocar la guitarra, había pactado con el diablo. Y quién sabe, pero Johnson cambió la música.

Blusero también, Chester Arthur Burnett ‘Howlin´wolf’, pidió –cuenta la leyenda– una voz increíble. Una voz como el aullido profundo de un lobo. Eso significa Howlin´wolf: aullido de lobo.

A medida que el Rock, como hijo prodigo del Blues se hacía popular, los sectores más conservadores de la iglesia empezaron a acusar a sus intérpretes de fomentar la inmoralidad. Entonces –década de los 50– los Estados Unidos aún eran sumamente retardatarios y poco liberales.

La Guerra de Vietnam y los movimientos sociales de los 60 cuestionaron esos valores y cambiaron casi que por completo a la sociedad. Los jóvenes llevaban la batuta de ese cambio. Se llamó ‘Contracultura’.  Diana Ribe dijo en uno de sus programas que la Contracultura había empezado el día que la canción A hard day´s night de los Beatles había sido número uno en Norteamérica: 26 de junio de 1964.

Por supuesto que al magnífico cuarteto de Liverpool le endilgaron tratos con el Señor de las tinieblas. Y empeoró cuando Lennon dijo que eran más populares que Jesús. Después reconoció: “Yo soy un tipo muy religioso… Me críe como un cristiano, y sólo ahora entiendo algunas de las cosas que Cristo estuvo diciendo en esas parábolas”. A todos los demás músicos increíbles que surgieron en la época –sin excepción– los relacionaban de alguna forma con Satán. Hendrix, The Cream, The Doors, The Rolling Stones, Janis Joplin; todos.

A finales de los 60, del seno del Rock nació un nuevo género, que por sus letras oscuras, por sus riffs fuertes y por sus baterías potentes, habría de revolver aún más el avispero. Satán seguía haciendo de las suyas, parece, y ahora tenía a sus servicios a cuatro obreros ingleses: Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward. Se llamaron Black Sabbath.

Sabbath fueron los pioneros en incluir líricas y estéticas ocultistas en sus producciones. En el disco Sabbath Bloody Sabbath (1970) aparece el 666. Y el éxito fue rotundo. Otros que los precedieron, Led Zeppelin, Deep Purple, AC/DC, Judast Priest, Dio, emularon eso sonidos fuertes y la estética sombría de Ozzy y los suyos. Otro Grupo impuso una tendencia: Kiss y su maquillaje. Para los padres y la iglesia, el diablo estaba haciendo de las suyas. Y sumado a todo eso, ninguno de aquellos músicos negó nunca que le atraía, simplemente eso –atraer– o le daba curiosidad, el oscurantismo. La mayoría eran amigas de Aliester Crowley, un escritor, ocultista y filosofo, fundador de la ideología del Thalema.

La fuerza con la que el Heavy metal irrumpió en el mundo causó el horror de padres, religiosos, y de, en general, de todos los representantes de esa sociedad conservadora que se negaba a aceptar que los tiempos cambian. Se crearon organizaciones para atacar a los roqueros, se quemaban sus discos, se les culpaba de cuanta aberración pudiera haber. Muchas veces se exageró al extremo y todo era más mito que realidad.

De todas maneras el Rock siguió evolucionando. A cada banda que salía se le ligaba de alguna forma con el infierno y su señor. Metallica, Iron Maiden, Def Leppard, Guns´n Roses, Motley Crue, Poison, Nirvana; todos ellos tenían algo que ver con Satán –o eso se decía–, razón para que fueran culpables de la decadencia de la sociedad.

Hubo grupos que, conscientes de lo poderoso que resultaría, comercialmente hablando, aceptar la relación con el Diablo. Y hacer música de ello. Hay grupos modernos, cuya estética y lírica se sostienen en esa lógica. Y venden. Y gustan. Pero de ahí no pasa: es sólo música.

La música tiene, como cualquier arte, un mensaje. El uso y el sentido de ese mensaje se lo da quien lo recibe. Que en el rock haya estéticas oscuras o letras fuertes, no significa que tenga algo que ver con la maldad o con el diablo. El rock también es, sobretodo, amor y rebeldía; dos cosas que le hacen mucha falta al mundo.