La nueva vida de Llano Grande, en Dabeiba

27 de febrero del 2018

Así es un día en el Espacio de Capacitación y Reincorporación ubicado en Antioquia.

La nueva vida de Llano Grande, en Dabeiba

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La distancia que hay entre la vereda Llano Grande y Medellín no solo se siente en el tiempo que toma recorrer el camino por tierra o por aire entre los dos lugares – unas seis horas aproximadamente en carro o 45 minutos en helicóptero -, se siente también en la idea de cómo es la vida allí.

En aquel paraje de Dabeiba, en el occidente de Antioquia, está ubicado el Espacio de Capacitación y Reincorporación -ETCR- que alberga a 235 excombatientes de la antigua guerrilla de las Farc. Pero allí también viven 170 civiles que al lado de la Policía y el Ejército han logrado construir una comunidad desde que hace 13 meses se instaló la zona veredal en este lugar.

20 años atrás, el fuego cruzado entre las montañas del cañón del Chimiadó iniciado por paramilitares, guerrilleros o soldados para combatirse unos a otros hacía la vida muy difícil, sino imposible. Por algo Dabeiba, con 30.000 habitantes, cuenta con una población de víctimas del conflicto de más de 18.000.

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Muchos de ellos eran de Llano Grande y salieron desplazados por la violencia, pocos se quedaron en el territorio, pero la gran mayoría ha retornado motivados por la idea de la paz: Ese concepto que para muchos aún está crudo y solo es una palabra más incluida en un acuerdo, en este espacio de menos de 10 hectáreas en una realidad.

“Es muy bonito esto hoy porque tenemos una forma de vivir muy buena. Todos somos muy unidos, Ejército, Policía, excombatientes y población civil participamos en los trabajos colectivos: hacemos almuerzos comunitarios, obras de infraestructura, impulsamos el deporte. Somos un ejemplo para otros espacios de capacitación”, afirma a Kienyke.com Luis Gonzalo David Úsuga, presidente de la acción comunal de la vereda Llano Grande y Chimiadó.

Sus 57 años los ha vivido en la vereda y la mayoría de ellos los ha dedicado al trabajo comunitario, incluso durante el mes que dejó su casa por el asedio de los paramilitares. “Uno nace con la vocación de servir. Siempre me ha gustado ayudarle a la gente más necesitada en lo social”, comenta.

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Y él, como líder, es uno de los testigos de la transformación. Primero la zona veredal y ahora el espacio de capacitación han traído desarrollo.

La trocha, usada antes únicamente por caballos y por motos, fue arreglada por el Ejército, por los excombatientes y por los campesinos, al igual que el parque infantil, el salón comunal, la biblioteca y la cancha para jugar fútbol. Ahora, juntos, también buscan los recursos para construir un jardín para atender a los cerca de 50 niños que habitan en la zona.

Llano Grande, un ejemplo

Tras la paz ha llegado la vida en comunidad. Eso, tal vez, es lo que más impacta en la ETCR de Llano Grande: ver a antiguos enemigos tratándose como iguales y colaborando entre sí para mejorar la calidad de vida en la región.

Presidente de la JAC Luis Gonzalo David Úsuga. Foto: Kienyke.com

Actualmente, en la ETCR se ejecutan dos proyectos productivos financiados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo – PNUD – y el Gobierno de Suecia. Se trata de un galpón con 200 gallinas y un criadero de 20 cerdos que ha dado buenos resultados. Además, se espera que pronto lleguen dos iniciativas para plantar plátano y café.

Tal vez un factor clave para lograr este grado de integración es la cercanía entre la zona veredal y los habitantes que les permite compartir el día a día e ir disminuyendo las diferencias.

Mientras se realiza el Festival del Cuidado, una jornada de reconciliación planeada por la Mesa Departamental para la Reincorporación, es posible evidenciar cómo es esta nueva vida en Llano Grande.

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Vecinos de las veredas El Retiro, Los Naranjos, La Mesa, El Salado y Cañón de Urama se unen a los que viven más cerca del ETCR y a los excombatientes para conocer los servicios sociales y de salud a los que pueden tener acceso. En un pequeño recinto, a las afueras del espacio de capacitación, se reúnen todos y a su lado están los policías y los soldados.

En esa nueva cotidianidad, los niños se dejan pintar sus caritas y también se las pintan a los uniformados. Y la gente entra y sale del espacio de capacitación para recibir el almuerzo preparado por los excombatientes o para conocer el galpón, la marranera, el restaurante o la tienda. O simplemente para atender la curiosidad de conocer cómo es la vida en este lugar.

“Es lo bonito, somos un ejemplo porque la comunidad es consciente de que vale la pena hacer un proceso de paz en Colombia, no solo para nosotros sino para el país entero”, reitera Luis Gonzalo.

Devana de La Puente, asesora de género de la Misión de Verificación, coincide con el presidente de la JAC: “Para la ONU es un orgullo ser parte de este proceso. Atraemos a las partes a dialogar y conversar, como paso necesario para reconocerse los unos con los otros. En los territorios sí se está construyendo la paz”.

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Baile y reconciliación

Mientras la ‘Pollera colorá’ suena una y otra vez en una de las casetas de la ETCR, la imagen del patrullero Ever Carvajal enseñándole una coreografía a algunos excombatientes que darán clausura al evento, resume esa sensación de comunidad que invade a Llano Grande.

Su ayudante y amiga, una adolescente hija de una exguerrillera, que prefiere no dar su nombre, explica lo fácil que nació esa relación. “Más allá de un uniforme somos gente y aunque a las personas suelen tratarlas por lo que llevan puesto, acá no se ven uniformes, se vive como en cualquier vereda: estudiamos, bailamos, trabajamos”.

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Y puntualiza: “Hay gente que no entiende qué es este espacio. Mi invitación es que no vengan a juzgar, sino más bien a conocer. Que no digan que vienen a ver a las Farc, sino a conocer una vereda como cualquier otra de Colombia”.

El mismo llamado hace Luis Gonzalo: “La gente no sabe qué es lo que pasa acá, pero el que viene se va con otra mentalidad, verdaderamente estamos aportando a la paz. Como presidente de la junta pienso que el país que nosotros queremos es uno que sea como Llano Grande”.

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