La pionera del ballet habla de la ingratitud de algunas de sus bailarinas

La pionera del ballet habla de la ingratitud de algunas de sus bailarinas

12 de diciembre del 2016

“Estire la pierna, ponte derecha, firme, vamos una vez más”, dice con su voz gruesa Ana Consuelo Gómez, la directora de la academia de Ballet Anna Pavlova y Danza Experimental de Bogotá, a un grupo de mujeres bailarinas que se van a presentar este viernes 9, sábado 10  y domingo 11 de diciembre en las obras Cascanueces y Cenicienta en el Teatro Cafam de Bellas Artes.

Ana Consuelo una de la pioneras del Ballet en Colombia, es una mujer estricta, le gusta la perfección y no admite ningún tipo de improvisaciones en el ensayo y mucho menos en el acto. De pronto una de las niñas se le olvida un paso de la coreografía, ella de inmediato para la música y le dice con un tono de voz alto, “Por Dios, vamos otra vez, eso pasa por la ansiedad y no estar concentradas”, le muestra cómo debe hacerlo, estirando su pierna derecha mientras su mano izquierda sostiene una barra de hierro, su brazo derecho lo estira, su cara se levanta y mira a una de las esquinas del salón.

La academia Anna Pavlova la creó su madre Ana Caballero de Gómez en 1961, cuando Ana Consuelo volvió de estudiar en el The School of American Ballet de Nueva York y luego de estar ocho años en presentaciones de alto nivel en París, se hizo cargo de una de las entidades más importantes de cultura del país.

En 2003, Ana Consuelo, crea Danza Experimental de Bogotá, una entidad adscrita a la academia Anna Pavlova donde ella inicia una búsqueda personal para explorar un movimiento danzario que reprodujera sus propios impulsos vitales, corporales, emocionales y coreográficos, una compañía que ha contado  el reconocimiento del público.

Ana es la artífice de los sueños de muchos niños y jóvenes, como maestra y coreógrafa le gustar dar créditos a sus bailarines porque según ella, uno construye una carrera profesional a base de ellos, “Claro está, si el director de una entidad artística es lo suficientemente generoso para reconocerles los méritos a sus estudiantes, conozco compañías de danza que no les da ningún crédito a sus artistas y eso me parecer terrible, en el exterior no sucede eso”.

Desde niña para Ana Consuelo su vida ha estado ligada al baile, de pequeña  era muy tímida y callada, y poder proyectarse en el escenario era su gran sueño, así que cuando escuchaba música y bailaba al son de los ritmos, eso hacía que se volviera extrovertida y brillara con luz propia, “era la única manera de sentirme feliz y dejar a lado la timidez”.

Se acerca a una bailarina la toca la cintura y le dice: estiré el brazo, a una más adelante se le para en frente y le señala cómo tiene que direccionar la rodilla y a dónde debe mirar, y a otra bailarina le dice que tiene que bajar más la mano derecha y aprender a colocar sus dedos.

‘Anita’, como le dicen sus bailarinas la saludan con un beso en la mejilla y de esa misma forma se despiden, hay un respeto entre la alumna y la maestra,  “soy muy exigente a veces hay gente que no le gusta, pero hay otra que sí, la otra vez le pregunté a Tiziano, un bailarín de ocho años: tú crees que yo soy una persona severa, malgeniada o exigente, y él le contesta con dulzura no eres severa, ni malgeniada eres muy exigente, esa es la respuesta de un niño”.

Según Ana Consuelo para que se haga un espectáculo digno y profesional es muy importante la preparación oportuna, no es solo ensayar la parte coreográfica, las entradas o salidas, sino la preparación física y mental de cada bailarín. “Es como el pianista que diariamente tiene que interpretar todas sus escalas y todos sus ejercicios para poder tocar, sucede exactamente con el bailarín”, me comenta mientras mueve su mano izquierda y suena su pulsera como el sonido de una pandereta.

“Soy exigente conmigo mismo, soy una persona disciplinada, me choca la irresponsabilidad en el trabajo, la indisciplina personal, no soy sicorrigida soy demasiado disciplinada”, manifestó la directora de Anna Pavlova mientras salimos del salón de ensayo.

Admite que hay varias niñas que han visto el ballet como una distracción, ella no lo ve así, la academia es una disciplina artística al que se le debe dar un respeto y una dedicación.

Los hombres son más agradecidos que las bailarinas

Hay padres de muchas bailarinas que no les gusta cómo les hablo a mis alumnas  “no es que uno les hable duro, pero es que uno no puede decirles con voz suave, mira estira la rodilla, ponte derecha, ellas ven como si uno fuera una nana, y yo no lo soy”.

Ana comenta que la disciplina no mata a nadie, “hoy en día hay una tendencia de padres que no disciplinan a sus hijos y eso un error muy grave, la vida es difícil y cuando uno crece y uno no sabe cómo afrontar al mundo se estrella”, comenta Ana Consuelo con ímpetu, dice que es muy triste que no todas las personas que ella ha formado en el ballet sean totalmente agradecidas.

“Es curioso pero si hago un balance son más agradecidos los hombres que las mujeres, es muy extraño, pero obviamente hay excepciones, francamente, hay algunas que francamente son muy traicioneras”.

La directora de Danza Experimental de Bogotá recuerda que  ha visto como bailarinas que se han formado en su academia han salido a crear otras academias de ballet y se jactan en decir que su formación académica ha sido en otro lado y no en Anna Pavlova, “se les olvida donde estudiaron”.

Existen academias que se han llevado a bailarinas de Anna Pavlova para que den clases en sus escuelas, “Tal vez no les conviene decir donde estudiaron, pero si les conviene contratar a todas las bailarina que yo tengo en danza experimental de Bogotá para que den clases en sus academias, saben que aquí están muy bien formadas pero no son capaces de decir, yo estudié en Anna Pavlova”. Sin embargó, Ana Consuelo no generaliza porque han existido bailarinas de su escuela que son exitosas en el extranjero y se enorgullecen en decir que se han formado en la academia.

La educación en la casa se refleja en la actitud de los bailarines en el salón de clase, hoy en día hay varios jóvenes que vienen de hogares conflictuados y eso se nota de inmediato, según la pionera del ballet admite que en su academia no solo se imparte disciplina sino también educación, quien no solo enseña pasos sino educa con la actitud y el ejemplo, “las artes son un incentivo para sobresalir y aislarse de los problemas.”

“En el país hay una profunda ignorancia frente al tema de las artes”, Ana Consuelo

Para Ana Consuelo no ha sido fácil mantener su escuela de Ballet, aun cuando sabe que en el país existe una profunda ignorancia en los temas de arte, es un trabajo sacrificado y no todos están dispuestos a pagar bien.

Ella lamenta no poder solventar económicamente a sus bailarines, al menos pagándoles un salario mensual, debido a eso hay talentos que se pierden. Aunque hay bailarines que han podido combinar el trabajo que les da dinero con  la satisfacción que les da la danza y el ballet.

Por otro, lado Ana Consuelo dice que los padres también pueden ayudar a truncar los sueños de varios bailarines, “cuando un joven este estudiando y le dice a los padres que quieren hacer una carrera como bailarín, ellos le dicen: ¿de qué va a vivir?”.

Si bien el ministerio de Cultura apoya a la academia, no es un recurso suficiente para mantener al grupo de bailarines que en total cuenta con más de 100 estudiantes. “A decir verdad la empresa privada no apoya con facilidad, si a lo mejor se unieran cinco bancos para contribuir con un recurso mensual o anual, estaré muy agradecida, no necesariamente tiene que ser grande el aporte, es más el gobierno ofrece exenciones tributarias a las entidades que patrocinen el arte”.

A pesar de eso ha logrado mantener a su equipo y a su gente, así mismo el tema artístico es muy importante para ella, además porque les ha brindado apoyo a personas que les ve un talento especial pero que no tienen el dinero para pagar.

Ana, una mujer fuerte que adora el ballet y dice que es su vida le ha dado más alegrías que preocupaciones. “Esta es mi vida, la danza y el ballet y bailaré hasta que Dios lo permita”.