La hija de Rocío Arias lidera rebelión de mujeres contra implantes PIP

16 de enero del 2012

Surany se ha sometido a tres cirugías estéticas y ahora demandará al Estado.

La hija de Rocío Arias lidera rebelión de mujeres contra implantes PIP

A sus 26 años la abogada Surany Arboleda Arias ha estado cinco veces en un quirófano. En tres de ellas se ha cambiado la talla de su busto y en las restantes se operó la nariz y se sometió a una liposucción. Después de las operaciones aceptó desnudarse en una sesión que fue publicada en la revista Soho.

Ella es una de las 14.800 colombianas que tienen implantes PIP (Poly Implant Prothése), los mismos que han sido cuestionados por sus componentes y entraron al país a través de una empresa – Colombian Medical Internacional de Cali- que hoy no asume responsabilidades. Surany, hija de la ex congresista Rocío Arias, cuyas medidas, según dijo a la revista, son 97-64-100 ha decidido someterse a una nueva cirugía porque una de las prótesis se rompió.

A su corta edad Surany ha tenido que enfrentar duras experiencias, como el encarcelamiento de su mamá por sus relaciones con el paramilitarismo. Los problemas familiares la hicieron madurar temprano. Ahora se ha convertido en una especie de líder para más de 60 mujeres de Medellín, la meca de las cirugías plásticas en Colombia, quienes buscan que alguien responda penal y disciplinariamente por lo que ellas consideran una falla del sistema de salud.

Estas fueron las fotos de Surany que publicó la revista Soho en 2008.

Surany, abogada la Universidad de Medellín, cuenta con la asesoría de expertos en derecho penal y administrativo porque ella sabe que la suya no es una pelea fácil, ya que deberá enfrentarse contra el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamento y Alimentos (Invima), el Ministerio de la Protección Social y la Superintendencia de Salud. Su pelea será contra el Estado porque la empresa importadora de PIP entró en liquidación desde 2010, cuando perdió su registro sanitario.

¿Pero qué pretenden Surany y las demás afectadas? Ellas buscan una indemnización por perjuicios patrimoniales y extrapatrimoniales porque consideran que el hecho de someterse a una nueva cirugía para remplazar los implantes defectuosos conlleva varias consecuencias: gastos de cirugía, lucro cesante por incapacidad y daños sicológicos.

La pelea jurídica que enfrentará Surany ya traspasó la frontera colombiana. Luego de que la abogada apareciera en una breve nota televisiva del canal RCN, comenzó a recibir llamadas y mensajes de decenas de colombianas que viven en el exterior y viajaron a Colombia para someterse a una cirugía de aumento de senos. A ellas también les implantaron prótesis PIP. La mayoría de estas mujeres residen en Brasil, Paraguay, Canadá, República Dominicana, España y Costa Rica, entre otras.

En octubre de 2010, el INVIMA canceló el registro sanitario de los implantes PIP. 

Por ahora, Surany y sus defendidas han decidido no entablar demandas ni denuncias contra los cirujanos y las clínicas donde se operaron porque consideran que no son responsables por los implantes, que estaban autorizados y certificado por el Invima.

Pero hasta ahora esa entidad no ha aceptado su responsabilidad en este asunto. Ana Milena Ochoa, una de las afectadas que integra el grupo de Surany, lucha desde 2010, mucho antes de que se destapara el escándalo en Colombia, para alguien responda. En diciembre de ese año recibió una comunicación de la Subdirectora de Insumos para la salud y productos varios del Invima, en la que le informa que con base en las normas la responsabilidad sobre los implantes recaerá sobre los fabricantes, importadores y comercializadores. Como ella muchas entraron, impotentes, a una suerte de hoyo negro porque nadie responde.

Surany se ha sometido a cinco cirugías estéticas y ahora se prepara para una sexta, en la que le cambiarán los implantes.

Someterse a una cirugía para retirar los implantes PIP cuesta alrededor de cuatro millones de pesos. Para evitarse problemas jurídicos muchos de los especialistas que las implantaron han preferido no cobrar por una nueva cirugía a sus clientes con el fin de remediar el asunto. En el caso de Surany su cirugía fue realizada por el cirujano plástico Álvaro Ossa. El especialista no le cobrará la nueva intervención, pero según ella, deberá pagar por los gastos de las nuevas prótesis y los hospitalarios.

Lo cierto es que Surany seguirá siendo talla 36 de brasier. No está dispuesta a reducir su busto y mucho menos a bajar los brazos en una pelea que nace de una sola cosa: la vanidad y el afán por un cuerpo perfecto.

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