Así logró Jorge Barón el sueño de ser embajador

Foto: Andrés Lozano

Así logró Jorge Barón el sueño de ser embajador

10 de junio del 2019

Jorge Barón se llama Jorge Eliécer tras una lucha ideológica entre sus padres. Su mamá, doña Bertha Ortiz, por doctrinas religiosas, quería llamarlo Pedro Pablo, y su padre, don Luis Eduardo Varón, por doctrinas políticas quiso bautizarlo con el nombre del caudillo liberal, Jorge Eliécer Gaitán, asesinado el 9 de abril de 1948, dos meses antes de su nacimiento. “Afortunadamente ganó mi padre”, dice el presentador tolimense, con una sonrisa.

De pequeño Jorge Barón se caracterizó por ser bueno para los negocios. Veía oportunidades favorables en todo lado y a todo le sacaba beneficio. Es un emprendedor por naturaleza y eso -dice él- lo aprendió de su madre.

Mientras que don Luis Eduardo Varón trabajaba con un bus intermunicipal, Jorge se quedaba a ayudarle a su mamá a atender una pequeña tienda, ubicada muy cerca del cementerio de su natal Ibagué, llamada la ‘Última lágrima’, donde aprendió el oficio de ofrecer y vender, que años más tarde le sirvió para buscar, llamar y atender pautantes para sus iniciativas empresariales.

Lo primero que el pequeño Jorge comercializó fueron cometas. Recuerda, en medio de sonrisas, que para un mes de agosto doña Bertha le regaló una cometa para que saliera a elevarla y esta se le dañó.”Yo no podía regresar a la casa a decirle a mi mamá que no había sido capaz de levantar la cometa”.

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Para reemplazar la que su mamá le había regalado, investigó como se hacían, elaboró la suya y la elevó. Cuando la cometa estaba en lo más alto llegó la idea de hacer varias de estas y venderlas. Llegó a casa y fabricó algunas. Las vendió todas; cada una a 50 centavos.

“Me visualice ya no como locutor ni como presentador sino como empresario de la televisión”

El dinero que recogía por este y otros emprendimientos lo guardaba en un marranito con el único objetivo de ahorrar lo suficiente para algún día llegar a Bogotá, la capital, a estudiar diplomacia. Su sueño era ser embajador. Y lo logró.

Después de vender cometas, negocio que solo duraba por los meses de agosto, una tarde pasó frente al Teatro Tolima y al ver a los jóvenes aburridos mientras esperaban que las puertas del cine se abrieran, le llegó a la mente la iniciativa de alquilar cuentos en la fila. Allí vio una oportunidad y el negocio funcionó.

Desde su oficina en Bogotá, que bien parece un museo en el que se cuenta en imágenes y objetos la trayectoria en el mundo del espectáculo de Jorge Barón, este hombre de 70 años, que es símbolo de los artistas colombianos, cuenta con orgullo que lleva 56 años de carrera profesional y medio siglo al frente del Show de las Estrellas, el programa musical por excelencia del país.

Su contacto con el mundo artístico empezó también desde muy joven. Narra que aún cursando el bachillerato, luego de ser el niño que a través del parlante del colegio perifoneaba las izadas de bandera y los demás eventos estudiantiles, fue invitado por otros compañeros a hacer parte de un programa radial que hacían en la emisora La voz del Nevado, donde su voz gustó y le abrieron las puertas para convertirse en locutor.

Foto: Andrés Lozano

“El gerente de la emisora me llamó y me dijo que si algún día quería ser locutor lo buscara”, dice Jorge Barón, y cuenta que un par de meses después, luego de una discusión con su padre, fue y buscó a aquel hombre y le dijo, más por locura y acto de rebeldía, que le ayudara a trabajar en la radio.

Le ofrecieron el turno de 12 de la noche a 6 de la mañana y sin sueldo. Jorge aceptó porque en contraprestación vio una oportunidad de negocio gigante y supo aprovecharla.

Le ofrecieron un espacio en la misma emisora, de una hora a la semana, en buen horario, para que produjera un programa. Aunque tenía que pagar 600 pesos mensuales por esta parrilla, produjo y dirigió su propio programa. Buscó anunciantes, les vendió pauta, y ganaba más que los locutores de planta.

Con 10 mil pesos en el bolsillo y solo dos camisas de manga corta y dos pantalones, Jorge Barón llegó a la fría capital con la intensión de cumplir su sueño de ser diplomático. Al llegar a la Universidad Externado decidió estudiar Derecho, pero terminó inscribiéndose en Economía.

Alquiló una pequeña habitación en el Parque de los Periodistas, en La Candelaria (Centro), cerca de la universidad, pero al cabo de un par de meses, los 10 mil pesos ya eran historia. Comprar una muda ropa, los gastos académicos y los ocasionales esfumaron sus ahorros así que empezó a buscar empleo en lo único que creía saber hacer: locutar y poner música en una emisora.

Logró ubicarse como discotecario en la emisora Voz de Colombia, dirigida por Julio Sánchez Vanegas, de quien aprendió trucos empresariales.

“Yo estaba muy cerca de él y él estaba por lanzar su programa Concéntrese y yo veía como abordaba a los clientes, como los llamaba por teléfono, consiguiendo sus primeras pautas para Concéntrese y viéndolo me visualice ya no como locutor ni como presentador sino como empresario de la televisión”.

Jorge Barón convirtió todas las oportunidades que se le atravesaron en empresas, en negocios, en dinero.

La potente voz de Jorge Barón rodó por varias emisoras, hasta que Juvenal Betancur, productor de radio y televisión, y su jefe por aquella época, no tenía como reemplazar al chef Segundo Cabezas para el programa de televisión ‘Cocine de primera con Segundo’, que se emitía aquella misma noche.

Foto: Andrés Lozano

Segundo había tenido que viajar de urgencia y el programa tenía que transmitirse. Esta fue otra oportunidad que Jorge Barón vio a la mano y no dudo para hacerla suya. Ante la preocupación de su jefe, Jorge le dijo que él realizaría el programa como el cocinero de esa noche.

Aunque no sabía cocinar ni un huevo, hizo de las suyas y el programa salió perfecto. Esa fue la incursión de Jorge Barón en la televisión nacional.

Después llega otra oportunidad que Jorge Barón no desaprovechó para crear su propio programa. Cocine de primera con Segundo se acabó y él pidió que le adjudicaran ese espacio y ahí nació ‘Cocine a su gusto’, otro programa de cocina pero que tenía como invitados especiales a los chef de los mejores hoteles de Bogotá, que cerraba con un evento artístico que también ponían los hoteles.

Su primer chef invitado fue el del hotel Tequendama y la cantante de esa noche fue nada más ni nada menos que Celia Cruz. Su programa fue un éxito. En la emisora 1020 creó el programa ‘El show de Jorge Barón y su estrella invitada’, que terminó trasladándolo a la televisión y después de moldearlo lo convirtió en ‘El Show de las Estrellas’, el programa que cumple por estos días 50 años al aire.

Jorge Barón cuenta que para lucir impecable, tan bien vestido como los presentadores italianos, a quienes quiso copiar el formato de sus musicales e implementarlo en el Show de las Estrellas, necesitaba un esmoquin.

Al no tener dinero para comprar vestidos de estos, decidió buscar en la programadora al cantante argentino Alberto Garda, quien se presentaba ese día y sin pena alguna le dijo que era su admirador, que él apenas estaba comenzando como presentador de televisión y que su gran ilusión era salir luciendo un esmoquin como el que él tenía para sus presentaciones y que le vendiera el suyo.

El cantante, sorprendido por tal petición, después de una corta conversación, se lo vendió por 200 pesos. Jorge no tenía ese valor en los bolsillos pero con los compañeros de la programadora y su primo hicieron colecta para comprarlo. Ese esmoquin lo usó Jorge Barón por varios emisiones hasta que las primeras ganancias aparecieron.

A lo largo de su vida Jorge Barón convirtió todas las oportunidades que se le atravesaron en empresas, en negocios, en dinero. Creó su propia programadora con la que tuvo un éxito rotundo. Produjo series, noticieros, novelas y después de 56 años de carrera profesional sigue trabajando día a día y levantándose muy temprano para dirigir sus proyectos.

Este icónico programa de la TV colombiana ha presentado a los más grandes artistas nacionales e internacionales. Por allí han pasado, entre otros, Vicente Fernández, Los Visconti, Alci Acosta, Compañía Ilimitada, Shakira, Héctor Lavoe, Miguel Bosé, Rocío Durcal, Paloma San Basilio, Soda Stereo. El show arrancó el 24 de mayo de 1969 y su creador y director no tiene intensión alguna de ponerle fin.

Foto: Andrés Lozano

También ha llevado el show a escenarios internacionales. Se presentó en el Madison Square Garden, de New York, en Estados Unidos, lo ha puesto en Londres, en Italia, en México, en España. Logró cumplir el sueño que tuvo de niño: representar a su país en el extranjero.

Cuando se le pregunta qué sigue. Él, sin pensar dos veces en la respuesta, dice que van a intensificar las giras internacionales y seguir, al mismo tiempo, visitando los municipios colombianos.

“Hemos visitado más de 700 municipios con el Show de las Estrellas, llevando mensajes de alegría, de solidaridad, de compañía a todos los rincones de la patria… Son más de 1000 municipios los que existen en Colombia y el propósito nuestro es ir a todas partes”, dice con un aire natural de amor por su profesión. Él sabe que su programa, más que un negocio, que sí lo es, es una obra social que alegra la vida de millones de colombianos humildes.

Este tolimense, que habla sin pena de lo humilde que fue de niño y de los altibajos que tuvo que atravesar para lograr éxito en los medios, tiene millones de anécdotas por contar; en este texto solo se plasmaron algunas.

Su vida y la experiencia que ha recogido en estos 56 años de carrera podrían llenar cientos de páginas y decenas de libros, con los que fácilmente se podrían dictar cátedras de economía, de cultura, de farándula, de emprendimiento, de producción y dirección de medios, de periodismo, hasta de autoayuda, de todo.

Al terminar esta entrevista un mensaje para los jóvenes, una lección de vida que en parte resume cómo ha logrado llegar a donde está y ser uno de los hombres más queridos del país: “Las oportunidades siempre se presentan, la mayoría de las veces surgen de una dificultad; seremos afortunados si sabemos aprovecharlas”.

Jorge Barón, quien le cambió la ‘V’ a su apellido por la ‘B’, en un acto de rebeldía contra su padre, cuando no tenía más de 20 años, no fue diplomático de carrera pero con los conciertos en Colombia y en el extranjero, y con su Show de las Estrellas se consagró como uno de los más importantes embajadores de la música “nacional e internacional”, como reza una de sus tantas frases célebres.

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