Las adicciones sexuales del camarada Mao

Las adicciones sexuales del camarada Mao

8 de septiembre del 2013

Mao Tse Tung quería responder al deseo de inmortalidad de su pueblo. El padre de la China moderna era un dios vivo para los chinos, una divinidad que se ganó a pulso un lugar en la historia del siglo pasado, eso sí, con una proceder bien particular. ‘Mao no debe morir’, era el eslogan que más se escuchaba en el país, al punto que terminó por convertirse en verdad.

La terapia virginal

En un libro que fue sensación en Estados Unidos, ‘La vida secreta del presidente Mao, memorias del médico personal de Mao’, Li Zhisui (1919-1995), cuya familia de médicos estuvo al servicio de la corte imperial en el siglo XIX, cuenta su vida junto al líder chino. Por ser parte de su grupo más cercano, junto a guardaespaldas, secretarias, ministros  y confidentes, el doctor Li conoció de primera fuente las intimidades de Mao, sus fantasías y adicciones, así como los momentos de flaquezas y enfermedad.

Cuenta Li que cuando Mao sintió que sus impulsos sexuales languidecían se entregó a la doctrina del Emperador Amarillo, de quien se dice descienden todos los chinos. La leyenda sostiene que el emperador consiguió la inmortalidad después de haber hecho el amor con mil jóvenes vírgenes. Buscó en el sexo una forma de prolongar su vida.

Mao inició una terapia similar combinada con enseñanzas del tao, según ésta “el hombre que quiere alargar su vida necesita aumentar la parte del yang que se encuentra más debilitada (la esencia masculina) por medio del yin shui (el agua del yin o la secreciones vaginales) de mujeres jóvenes”.  Así, Mao practicaba con las hermosas bailarinas de la Tropa del Trabajo Cultural, o de organizaciones obreras, que eran hijas de humildes campesinos, familias que debían su vida al Partido Comunista y para quienes Mao era su salvador y su mesías.

Cuenta el doctor Li que Mao esperaba de ellas la misma fidelidad que exigía a todo el mundo, de modo que hasta tenían que pedirle permiso para poder casarse, a lo que solamente accedía cuando ya se había cansado de ellas.  Alguna vez una jovencita le confesó que “él [Mao], no sabe distinguir el amor que me inspira como dirigente del amor que le tengo como hombre. ¿No es curioso?”.

La capacidad sexual de Mao inspiraba en aquellas jóvenes el mismo temor reverencial que sus dotes de dirigente político. Con 67 años, hacía tiempo que Mao había superado la edad de mayor actividad sexual; sin embrago, “lo más curioso es que fue entonces cuando dejó de quejarse de los problemas que tenía con la impotencia”, agrega el doctor Li.

Mao Zedung,Mao Tse Tung, kienyke

La vida licenciosa de Mao hirió profundamente a su esposa Jian Qing. Según el doctor Li, “estaba desprovisto de sentimientos”. 

Añade que uno de sus mayores placeres era compartir la cama con varias mujeres a la vez, pedía a sus compañeras de cama que le presentaran a otras para compartir su orgía, siempre en interés de su longevidad y su vigor físico.

Sus amantes, dispuestas siempre a acudir a las habitaciones imperiales, estaban orgullosas de poder servir al presidente. Mao solía darles el manual taoísta del sexo, ‘La vía secreta de la muchacha sencilla‘, y les pedía que lo leyeran para preparar las citas amorosas. “Es sencillamente embriagador”, confesó una de sus amantes al doctor Li en 1964.

Pero la actividad sexual de Mao no se limitaba a las mujeres. Los apuestos guardaespaldas del presidente tenían que darles masajes en su cuerpo todas las noches, en especial en sus partes íntimas.

Poco amigo del baño y de la familia 

A Mao le preocupaba mucho la impotencia. Su determinación era estar vivo y sexualmente activo hasta los ochenta años. Pero los primeros signos de impotencia habían aparecido desde temprana edad. Los antecesores del doctor Li le suministraron toda clase de afrodisíacos, incluyendo inyecciones de un extraño cuerno de venado. Agrega Li que no le importaba mucho la infertilidad, de hecho “le faltaban los más rudimentarios conocimientos del sistema reproductor del ser humano…”, además, había sido padre de seis hijos con cuatro mujeres distintas.

Otro tema que el doctor Li expone es la higiene de Mao, que no estaba entre sus prioridades. Después de mudarse a la ‘Ciudad Prohibida’, suspendió el baño diario y ordenó a sus guardias que lo limpiaran todas las noches con toallas húmedas. Lo que hacían mientras leía libros y documentos. “Como muchos campesinos del sur de China, Mao no se cepillaba los dientes, preparaba té para hacerse enjuagues bucales en la mañana…”. A veces Mao contestaba a las sugerencias de Li con una frase salvadora: “Yo me baño dentro de los cuerpos de mis mujeres”.

Mao Tse Tung escribiendo, kienyke

El culto a Mao fue vital para el lanzamiento de la Revolución Cultural. La juventud china había crecido bajo el régimen comunista y se les había inculcado el amor a él. 

La vida licenciosa de Mao hirió profundamente a su esposa Jian Qing. Cada vez que él hacía un intento por aparentar su fidelidad, terminaba por ser más descuidado.

Finalmente, el doctor Li constató como todas las mujeres se corrompían en cuando pasaban por la cama de Mao. “Como no tenían cultura, carecían de talento y no las esperaba un futuro prometedor, su relación con Mao era lo único de lo que podían estar orgullosas […] todas se volvían exigentes, adoptaban aires desdeñosos y utilizaban su relación con Mao para demostrar su superioridad sobre los demás”.

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