Espumosas ‘damas’ que refrescan a los bogotanos

Espumosas ‘damas’ que refrescan a los bogotanos

7 de julio del 2013

En el principio dijo Camilo: “maltéese de manera adecuada la cebada. Que en la germinación, las maltas no vayan a quedar muy tostadas para que ella sea rubia, de espuma muy blanca. Empléese toda la paciencia necesaria para que su dorado perfecto se asemeje al sol sobre la arena en una playa. Cuídese de que no sea amarga; y en cambio conserve sabores cítricos y propiedades refrescantes”. Y la llamó Pamela. Y entonces Camilo vio que esto era bueno.

De manera arriesgada, volvió Camilo a decir: “ahora, cuídese de mezclar de manera adecuada los ingredientes. Atiéndase la precisión para hacerla con carácter. Que tenga tono rojizo y demuestre fuerza, imponencia. Que al ser bebida resulte como un cauteloso anzuelo; al inicio dulce, afrutado, pero al final amargo. Que ese amargo sea provocador, como un refrescante coqueteo”. Y la llamó Raquel. Y entonces Camilo vio que esto era bueno.

Con más emoción por este par de obras, Camilo continuó: “Créese una morena. Que su espuma y su cuerpo tengan un inigualable color caramelo. Que en el frio sea amarga y afrutada, y ante el calor se vuelva dulce y suave. Que por su ser corra el sabor tropical. Pero que ante todo, no demuestre imponencia, sino sensualidad y belleza”. Y la llamó Carmela. Y entonces Camilo vio que esto era bueno

Con insaciable creatividad, el creador ahora dijo: “Ella que sea negra, con mucho sabor. Que aunque parezca ruda, resulte dulce. Que cuando atraviese paladares deje tras de sí notas de café y chocolate. Que sea exótica y complaciente. Que resulte, sobre todo, la mejor de las acompañantes”. Y la llamó Zenaida. Y entonces Camilo vio que esto era bueno.

Ya tenía cuatro creaciones, pero el Señor de la cerveza inventó una más. Camilo dijo: “Que sea rígida, de gran tamaño y contenido. Que evoque aquellas bebidas dadas a los soldados ingleses en la guerra, que para conservarla en los largos recorridos se le daba más lúpulo, lo que la llenaba de amargura. Con un marcado nivel de alcohol. Puede ser pálida, pero de sabor intenso”. Y la llamó Shakti. Todo lo que hizo Camilo fue bueno.

Es todo un maestro a los 28 años. Camilo Rojas, creador de Chelarte, es ingeniero Químico y desde hace algún tiempo se dedica a crear estas bebidas, como un artesano, con marca y características propias. Su don llegó por casualidad en un viaje a Alemania, el Edén de la cerveza. Cursaba aún la universidad cuando tuvo la oportunidad de vivir en tierras germanas, cuando tenía unos 21 años. Duró dos semestres allí y desde el inicio quedó  absorto con la gran variedad de ese producto cuyas cantidades nunca pudo calcular. Había tantas cervezas, de tantos colores y sabores como poblados alemanes. Dice que de cada región había una muestra. Así probara y probara encontraba diferencias de cualquier tipo. En Colombia solo había disfrutado de un par de marcas y todas le sabían igual.

Chelarte, Cerveza, Bogotá, Colombia, Kienyke

En Chelarte las cervezas tienen nombre de mujer. Pamela, la rubia suave. Raquel, la roja dulce. Carmela, la morena de mucho sabor. Y Zenaida, la negra de fuertes sensaciones. 

Cuando regresó a Colombia tenía una inquietud: sabía que podía hacer cerveza y quería intentarlo aunque fuera como pasatiempos. En sus clases de ingeniería aprendía conceptos básicos para la fabricación de la cerveza, pero investigando a fondo encontró las fórmulas. Pidió ayuda para importar la mayoría de materiales y se dijo: “echando a perder se aprende”.

La primera que hizo ni siquiera pensó en bautizarla. “Fue terrible. La peor que he hecho. De ahí aprendí cuáles fueron los errores para no volverlos a cometer. El salto es gigante porque uno aprende a no equivocarse.  La primera se me contaminó, quedó ácida y no quedó bien el nivel de gas”, recordó.

Entonces comprendió que hacer cerveza es toda una ciencia. Ahora ya cree que es sencillo y describe como un juego de cocina su producción. “Necesita unas ollas, hacer una especie de filtro, y es como cocinar en casa. ¡Es como hacer una sopa!: conseguir los insumos, filtrar, echarle lúpulo que le da el sabor amargo, después enfriarlo, y ponerlo a fermentar con levadura. Es tener paciencia”.

Aún como hobby, comenzó a ensayar para lograr variedad de colores y sabores. Tardó un año en hacer a Raquel y Carmela. Sobre sus más recientes creaciones no revela secretos.

Al conocer del éxito de su técnica buscó crear empresa. Se asoció con Andrés Correa y decidieron dar origen a Chelarte. Primero tardaron dos años en ubicar una planta de fabricación, adquirir los permisos legales de producción y distribución de su producto, y comprar los equipos.

Chelarte, Cerveza, Bogotá, Colombia, Kienyke

Camilo Rojas y Andrés Correa, creadores de Chelarte.

Cuando estaba a punto de iniciar la fabricación, se dijo que daría nombre de mujer a sus  cervezas. Las consideraba toda una experiencia artística, una pasión. Nombres femeninos podrían describirlas mejor que una etiqueta con especificaciones. Además para el consumidor sería divertido comparar si lo que bebían realmente tiene sabor a Pamela, Raquel, Carmela y Zenaida. Sus colores y sabores realmente se asemejan.

Hace unos seis meses abrieron su tienda oficial en la carrera 14 con calle 93B en Bogotá, en plena zona rosa. Su fábrica produce 200 litros diarios de cerveza, unas 300 botellas en una jornada de producción moderada. Lo comercializan, además de su local propio, en ocho restaurantes capitalinos y de momento no les interesa distribuirlo en supermercados, pues sienten que la falta de refrigeración y otros factores podrían dañar la calidad.

Además, sus saborizadas y espumosas ‘damas’ son amigables con el ambiente. En su planta de producción tiene convenios con empresas ecológicas para que los residuos que generen sean usados como alimento de ganado o en compostaje. Las etiquetas de las ‘chicas’ son impresas en papel reciclado y el bar intenta parecer un espacio rústico, tranquilo, como para disfrutar de la compañía de estas mujeres, o mejor dicho, de estas cervezas.

Vea el reportaje en video a Chelarte