Lia Samantha, la mente detrás del diseño afrocolombiano

30 de mayo del 2019

Nombrada por Vogue como una de las mejores vestidas.

Lia Samantha

Históricamente lo afro ha sido ocultado en Colombia, esta etnia  está relegada en palenques, como si se buscara evitar su presencia en los escenarios sociopolíticos y culturales del país. Afortunadamente el panorama afrocolombiano es hoy un poco más esperanzador y Lia Samantha es una de las protagonistas del activo movimiento que trasmite este pueblo aguerrido y resistente.

Actualmente, la comunidad negra en el país tiene más representación gracias a los personajes que son protagonistas en medios masivos de comunicación como Mabel Lara presentadora de noticias en horario primetime, ChocQuibTown cantando en grandes plataformas musicales y Caterine Ibargüen saltando barreras inimaginables.

Es así como se evidencia el éxito de Lia Samantha, como un impulso más para la afrocolombianidad, vistiendo y diseñando con herencia africana y rimando líricas que narran la experiencia de su gente resiliente.

Lía Samantha Lozano nació el 10 de abril de 1981 en Bogotá, el centro cultural, económico y político del país, de padres originarios en Chocó, el departamento que demuestra lo que es ser afro por excelencia. Desde pequeña sintió gusto por el estilo y la música, pero no fue inspirada por una Beyoncé cantando ‘Formation’, sino por las personas de su alrededor.

Crédito: Lia Samantha

La bogotana habló con KienyKe.com y empezó por narrar cómo fue su infancia y cómo se dio la atracción por el diseño, “Creo que tuvo mucho que ver, primero, el orgullo de mi abuela por ser del Chocó, yo recuerdo que cuando llegábamos del colegio con el acento neutralizado para mi abuela era la peor ofensa. Llegó a Bogotá hace cuarenta años con sus hijos. Tengo que decir que ella fue la responsable de que esos rasgos culturales del Chocó se mantuvieran en Bogotá, siempre digo que es como un palenque que se mantuvo en Bogotá, en la casa de mi abuela, porque cuando uno le llegaba con el acento neutralizado ella era como ‘¡¿Vos por qué hablás así?! ¡Hablá como negro! ¡Vos sos del Chocó! ¡Que no se te olvide!‘ Uno automáticamente empezaba a comerse las eses, ella fue muy enfática en eso, siempre nos hablaba del orgullo de venir de allá, de la dignidad de nuestra gente, de lo lindo que es crecer en Chocó, de bañarse bajo los chorros de agua lluvia”.

Pero su abuela paterna no fue el único personaje que marcó a la diseñadora, “Mi papá es un revolucionario, siempre lo he visto con pensamiento diferente en todos los círculos en los que está, no es alguien que se queda callado. Fue el primer personaje que yo vi feliz ejerciendo el oficio de la sastrería, mi abuela era modista, le enseñó a él desde niño, a los veinte él ya era el mejor en el Chocó, es algo muy bonito porque la gente esperaba que fueran las fiestas del pueblo para llevarle los cortes de tela para que mi papá les diseñara todo”.

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“Cuando él se fue a Estados Unidos conoció el hip-hop, fue algo que él me enseñó, cuando regresó a Bogotá el movimiento estaba comenzando, yo ya pertenecía a esa escena, entonces para mí fue un refuerzo bien importante”.

Si bien contaba con cierto apoyo de su familia, Lia Samantha no sintió un completo respaldo para su pasión por el arte, su padre lo había intentado pero no obtuvo mucho éxito, durante los ochentas no existían muchos referentes afro que triunfaran, algo que ella compara con la actualidad, porque ella siente que puede apoyar a su hija a lograr sus sueños porque el escenario está mejor pavimentado por “héroes cercanos”.

“A mí me ha ido muy bien, esta generación ha sido privilegiada, las cosas son diferentes, otra gente negra ha labrado el camino para que a nosotros nos toque una cosa diferente”, añade Lozano.

Pero la experiencia chocoana no estaba muy alejada a esta soñadora bogotana, “En las vacaciones, para mi papá y mi mamá era muy importante volver al pueblo, bañarse en el río (aunque nunca aprendió a nadar), visitar a mi abuela materna. Era importante conectarse con la tierra, estar con la gente, la música, la cultura”.

También aprovechó para hablar sobre ese cambio entre la capital y el pacífico colombiano, “Era difícil, llegar con la tez clara, ser esa mezcla de mestizo con negro, uno es demasiado blanca para el entorno, a nosotras nos decían las ‘paisitas’, recién llegaditas de Bogotá, todos querían conocernos y salir con nosotras”.

Lia Samantha creció y empezó a hacerse su propio camino con una identidad única, reforzando su herencia, su afro libre al viento y vestimentas coloridas, algo que en un principio no fue bien aceptado por la comunidad, puesto que estaban acostumbrados a aceptar los prejuicios de una sociedad mestiza que es mayoría. Las mujeres debían alisarse el pelo o utilizar extensiones para ser respetadas.

De todas maneras, la protagonista de esta historia sigue visitando Chocó, sobre todo por trabajo, el año pasado se presentó con su banda de reggae para celebrar la afrocolombianidad, también participó como jurado para escoger a la candidata que representaría al departamento en el Reinado de la Belleza Nacional, entre otros proyectos.

Para hablar de su primera inspiración cuando era pequeña, su respuesta fue: “El rap fue el primero en hablarme de África, de la lucha y el racismo que estábamos viviendo con mi familia en Bogotá y del que nadie habla, no había ningún espacio en los medios, solo en los lugares pequeños, como en la casa de mi abuela cuando se tocaba guitarra o en restaurante Secretos del Mar, que es donde llega todavía la gente del Chocó”.

“En la época todavía no existía Lauryn Hill y yo ya rapeaba, mis referentes eran KRS-One, Public Enemy, mujeres como Queen Latifah, Da Brat, raperas como Left Eye de TLC, nada de Destiny’s Child ni Beyoncé, yo vengo de esa generación de Whitney Houston, MC Hammer con sus pantalones súper anchos, mi primer grupo musical los tenía, esos fueron mis referentes, los que me hablaron de la revolución”.

Aunque la comunidad negra en Colombia ha ido escalando poco a poco, el racismo sigue siendo una realidad y al tratar de conseguir algo, deben emplear un esfuerzo extra. Lia habla que a los negros en el país no se les ha dado nada regalado, al ella querer estar presente en grandes plataformas como Colombiamoda, sabía que debería trabajar el doble y mostrar algo honesto.

Cuando llegué a Colombiamoda no quise blanquear mi estética, no quise mostrar moda con estéticas europeas, que era lo más común para darme a conocer, de hecho no tenía ninguna pretensión de darme a conocer, no pensé que a alguien le gustara lo que hacía, lo afro se hacía a un lado. Tengo que mostrar una África digna, ya basta de esas telenovelas en las que imitan el acento de la gente negra, si llego a una plataforma tan importante tengo que mostrar cómo realmente nos vestimos las mujeres de la diáspora africana, si bien no nací en África hay rasgos que están vivos y yo quería mostrar eso, los diseños tradicionales de ciertos lugares de África y cómo se puede usar en lo cotidiano, por eso mi colección se llamó ‘Everyday Africa‘”.

Lia Samantha no soló conversó sobre su inspiración, su contexto y su obra, también recordó cuál fue su escuela, “Yo heredé esto, mi papá sastre, mi abuela modista, recuerdo que a la edad de mi hija ya me gustaba adornarme, me gustaban los aretes más grandes, los zapatos con cosas especiales, me encantaban los colores, se me notaba para donde iba la cosa”.

“Ver a mi papá todos los días sentado en la máquina de coser, en vez de enseñarme, porque no tenía paciencia, yo observaba mucho. Tal vez no me quería enseñar el oficio para que yo más adelante me dedicara a algo serio. Pero me ponía a leer libros de África y filosofía, mientras yo leía veía cómo hacía el oficio”.

Más adelante, ella notó su estilo único y a los ochos años de edad inició su primera banda de rap, que por aquella época no era muy aceptado, se consideraba “ñero”. “Con la música yo empecé a diseñar mi propio vestuario, a los quince seguí en la onda rap y la revolución, me llegó con mucha fuerza, mi papá no me cosía, era la mamá de uno de mis compañeros que también era modista, yo hacía mis cosas y ella lo interpretaba”.

Por esa época yo ya era un ícono, pero no sabía que estaba influenciando a tanta gente. Para mis conciertos me armaba mi pinta, incluyendo el peinado, recuerdo que para un concierto en la Media Torta, me iba vestida y peinada de cierta forma, luego llegué a un evento en el Simón Bolívar, las mujeres iban peinadas y vestidas igual a mí, yo me miraba y las miraba a ellas, ‘¿Será por mí?’ Nunca me vestí para gustarle a alguien ni para impresionar, de hecho me da pena que me miren tanto, no me daba cuenta que la gente me observaba y me imitaban”.

Durante estos años ella no sabía lo que era la moda ni su historia, sin darse cuenta se convirtió en el referente que le faltó en su infancia. “Yo era rapera y ya, combinar colores, faldas con tenis, usar pantalones anchos, aretes grandes, eso era lo mío, no estaba siguiendo ninguna tendencia“.

En ese momento Lia Samantha estaba saliendo con un chico que estudiaba diseño industrial  y le propuso algo revelador, “‘¿No te has dado cuenta que mi hermana sigue tu estilo, que desde que tal vieja te conoció se viste parecido a ti? Flaca, ¿por qué no estudias diseño de moda’, me preguntó él”

Ella no sabía que el diseño de modas fuese una carrera, “No sabía porque mi abuela era modista, mi papá sastre, para mí eso era un oficio empírico, no era una carrera, nadie me había hablado de la moda ni de las pasarelas ni de Coco Chanel, además estaba en el círculo del hip-hop, muy lejano a la moda, ser de la moda era algo elitista”.

“Le hice caso a mi novio, estudié diseño de modas, en primer semestre no entendía nada porque había mucho patronaje, mucha matemática, he sido pésima para las matemáticas, perdí álgebra en noveno, además no era diseñar colecciones, era adentrarse en lo más raro. En segundo podíamos usar materiales textiles, me inspiré en África, recuerdo que tenía un retazo de tela africana que me regaló una amiga, se la mostré a un profesor, él la miraba y como ‘¿usted dónde consiguió esto?’, yo le respondí que era tela africana y me dijo ‘No Lia, esto no se consigue aquí, debe conseguir otras telas’, utilice denim y me presenté mi primera colección ‘Zafrika”.

“En tercer semestre fue algo hermoso, un trabajo que me dejó mi profesor, en historia del traje, fue bien lindo porque entendí que la música no era el único vehículo que me hacía expresar, contar cómo me sentía, cuando leí que la moda también era una consecuencia social, que hablaba de las épocas y el cambio de las generaciones, que tenía una influencia bien fuerte en la gente, yo dije ‘Con razón me cuelgo tanta vaina, con razón desde niña me gustaban los anillos, las manillas, los aretes, expresarme a través de la ropa, claro, es otro lenguaje‘”.

“Entendí que no era algo superficial como lo querían hacer ver en las revistas, entendí que es tan real como el mismo arte en la sociedad, como la política y la religión. Para mí fue traga absoluta, se conectaron muchas cosas dentro de mí“, añadió la diseñadora.

Lastimosamente, Lia Samantha no alcanzó a graduarse y llegó solo hasta quinto semestre, ella debía pagarse la carrera porque su familia no la apoyaba en este tema, pero siguió con su marca, la que creó hace veinte años y que hoy existe bajo el mismo concepto, vio el interés en la gente por su propia visión y estética, se volvió algo rentable y el medio con el que ella relata sus raíces a Colombia.

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