El día que casi desaparece París

El día que casi desaparece París

24 de agosto del 2017

23 de agosto de 1944. Desde el cuartel general de Hitler, en Berlín, a las 11 de la mañana, se transmitió un mensaje secreto y urgente: había de defender París a toda costa de las fuerzas aliadas que ya estaban muy cerca. La pérdida de la ciudad –escribió Hitler–: “ocasionaría el derrumbamiento de todo el frente del litoral al norte del Sena y nos privaría de nuestra base de lanzamiento para la lucha a distancia contra Inglaterra”.

Además: “debe procederse contra las primeras señales de sublevación con las medidas más enérgicas, tales como destrucción de manzanas de casas, ejecución pública de cabecillas, evacuación del barrio amenazado. Este será el mejor medio para impedir que tales movimientos se extiendan”.

Y si, llegaba a caer París, “el enemigo no debe encontrar más que un montón de ruinas”.  La ciudad más bella del mundo estuvo a horas de ser borrada del mapa. Pero un hombre, general nazi, evitó que así pasara: Dietrich von Choltitz.

París no está en los planes: Berlín primero

Luego del impresionante desembarco de Normandía, en junio de 1944, los Ejércitos aliados empezaron su avance hacia Alemania. París, ocupada entonces por los nazis, no estaba en la ruta ni en los planes de Eisenhower, general del Ejército de los Estados Unidos. La toma de la capital de Alemania era el objetivo supremo y por el que ya competían, del otro lado del continente, los Soviéticos. Ambos, los rusos y los gringos querían lo mismo: la cabeza de Hitler. A ver quién la conseguía primero.

Foto: Wikipedia

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Pero en las tropas aliadas también había franceses. Charles de Gaulle era su comandante. Una de las exigencias más urgentes era que, en el camino a Berlín, como fuera, se liberara París. Eso sería el símbolo indiscutible de la victoria. Pero a los americanos y a los británicos no les gustaba la idea. Además, no confiaban mucho en el tipo de gobierno que instauraría de Gaulle si llegará a la ciudad.

Ante la negativa de los aliados, De Goulle dio la orden al general Pierre Koenig, comandante de las Fuerzas Francesas del interior para que prepara una insurrección en la ciudad.

Al mando de los comunistas, que eran mayoría dentro de la Resistencia, empezó la batalla por París. Las fuerzas francesas no contaban con las armas ni la logística necesarias para enfrentar a los alemanes. Hicieron lo que pudieron, hasta donde pudieron, con lo poco que tenían. Ante el anuncio de la posible llegada de los Aliados a la ciudad, se unieron a la sublevación los empleados del metro, los policías y luego los carteros. Por todas las calles de París había barricadas y escaramuzas constantes. La obvia respuesta de los nazis fue una represión sin precedentes.

Desde el 16 de agosto hasta el 28, la ciudad estuvo hundida en una batalla campal. Uno de los combates más importantes fue el que se libró por la Perfectura de París, el 18, y que ganó la Resistencia. Entonces, en largas caravanas, los alemanes empezaron a salir de la ciudad. Pero Hitler se mantenía firme: París la entregan hecha cenizas.  

Sabotaje desde adentro

Hitler era un loco. Muchos de sus hombres lo sabían, y cuando la Guerra empezó a perderse, fraguaron una conspiración contra él. Sin embargo fallaron. Algunos de ellos estaban al mando de las tropas nazis en Francia. Hasta ese momento, el general Dietrich von Choltitz había permanecido leal al Fürer. Esos detractores, lo convencieron de que aplazara las órdenes de su jefe. Además, no contaba ni con las tropas ni los suministros suficientes. Para darle un contentillo a los que aún seguían firmes y dispuestos a seguir las ideas fanáticas de Hitler, permitió que se empezara el minado de la ciudad. O sea: que se pusieran explosivos por todas partes.

Por otro lado, loa generales aliados seguían reticentes a liberar París primero. Ese panorama obligó a los miembros del Ejército francés a desobedecer las instrucciones de sus superiores norteamericanos. El general Leclerc le ordenó  a la Segunda división Blindada del Ejército Francés al mando del Capitán Raymond Dronne,  que avanzará hacía París. “Es necesario no cumplir órdenes idiotas […] Dronne, vaya derecho a París, entre en París”, dijo Leclerc.

Ante la evidencia, y ante la terquedad de los franceses, el comandante supremo de las tropas aliadas Dwight D. Einsenhower aceptó lo inevitable y envió apoyo a los hombres que se dirigían a París.  

Cuando los subalternos le preguntaban a von Choltitz por el qué hacer con los explosivos y con la Orden del Fürer de hacer arder París, él respondía que no había recibido confirmación y que el líder nazi ya había enviado un importante apoyo militar. Todo era mentira: el tal apoyo no existía, y Hitler insistía una y otra vez que había que hacer estallar la ciudad de inmediato. 

¿Arde París?

Al momento que se ordenó el avance de los Aliados a París, no había en la ciudad más de 20 mil soldados nazis, algunos tanques, y poca munición. El grueso de las tropas, sus mejores hombres y armas, estaban al otro lado del país, tratando de mantener la línea defensiva que protegía Alemania.

Hitler ya había dado la orden de destruir la ciudad. Von Choltitz, su máximo general en Francia, trataba de aplazar la decisión tanto como fuera posible. Sin embargo, se mantuvo una dura lucha contra la resistencia Francesa, y ordenó ejecuciones, ataques y represalias. Sin embargo poco a poco von  Choltitz se fue quedando sin hombres así que desistió de seguir dando una batalla que ya había perdido.

Para el 24 de agosto, la derrota era inevitable. Pero París seguía bajo toneladas de explosivos. Cuando, por la Puerta de Orleans entraron las tropas de la segunda división francesa primero, y luego los aliados, el ambiente triste y oscuro de la guerra se convirtió en un carnaval. En su libro ‘¿Arde París?’ Dominique Lapierre y Larry Collins escribieron que fue tal el júbilo de los franceses liberados, que hombres y mujeres besaban y abrazaban a los soldados, les deban vino; incluso, mujeres muy bellas, invitaron a los extenuados hombres a pasar la noche con ellas. Sonaban las campanas de todas las iglesias. En las calles se cantaba la Marsellesa entre lágrimas y a todo pulmón.

Finalmente, el 25 de agosto por la mañana, von Choltitz y sus hombres se rindieron. El nazi esperaba que, por el acto de haber salvado la ciudad de las llamas, se tuviera un poco de consideración con él y con sus hombres. Con esa justificación intentó salvarse. No podía destruir París porque eso sería “un acto malvado y vergonzoso contra una ciudad que es cuna de cultura”; y porque Hitler “se había vuelto loco”.

Foto: Wikipedia

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En todo caso, von  Choltitz, ahora como prisionero de guerra, fui conducido a un campo en Inglaterra. Luego estuvo preso en los Estados Unidos. Salió libre en 1947. Murió en 1966. A pesar del triste papel que tuvo en la toma de París, los franceses le deben el crédito de haber evitado un destino triste e irreparable como el que vivió Varsovia. Muchos le desconocen esa tarea. Otros, en cambio, aceptan que sí tuvo mucho que ver, no sólo en aplazar la orden de Hitler, sino en evitar que los nazis que siguieron en París pusieran en marcha el plan de hacer arder la ciudad más bella del mundo.