La travesía para conocer al olinguito, una nueva especie

La travesía para conocer al olinguito, una nueva especie

13 de septiembre del 2018

Botas pantaneras, de esas que van casi hasta las rodillas; carpa plástica, maleta con equipaje lleno en la espalda, trípodes y las cámaras en los brazos. Así arrancó la travesía en la que algunos periodistas y personal de Corantioquia trasegaron para liberar a un olinguito en Jardín, suroeste de Antioquia.

El olinguito es un animal de la selva, similar al perro de monte, según comentó Luis Mazariegos, director ejecutivo de la fundación Colibrí y quien es el propietario de la reserva La Mesenia Paramillo, lugar hasta donde Kienyke.com escaló para la liberación de este animal.

Por su parte, Jardín es como muchos lo pintan. Sus colores radiantes en las fachadas de las viviendas, su imponente ubicación dentro de las montañas y su delicioso café hacen de este pueblo lo que algunos llaman “el municipio más bonito de Antioquia”.

Sin embargo, la travesía comenzó de tenis, en la entrada de Corantioquia, casi que en el centro de la ciudad. Allí, desde las seis de la mañana del martes 11 de septiembre arrancamos para encontrarnos con este gran animal. Fueron cuatro cómodas horas de viaje en carro, hasta que llegamos al parque principal de Jardín.

Comenzó el verdadero desafío. Tanto periodistas como biólogos, veterinarios y personal de Corantioquia subimos a dos jeep, y al mejor estilo del ejército, con dos sillas a los costados y el equipaje entre las piernas, comenzamos a subir la trocha hasta que la naturaleza nos lo permitía.

La lluvia fue acompañante durante el viaje hacia la reserva. Al bajar de los vehículos, con el equipaje al hombro (algunos con portátiles, cámaras y ropa) comenzamos a caminar. Entre trocha, pasto, quebradas, estiércol y piedras, todos cargábamos el cansancio de desplazarnos más de una hora sin encontrar el destino deseado. La ropa se hacía cada vez más pesada por el agua y el camino más difícil. Sin embargo, luego de una hora y treinta y dos minutos vimos la cabaña.

Un sudado de gallina, de esos típicos de pueblo, nos esperaba a todos. Fue veloz porque debíamos salir a hacer la liberación antes de que anocheciera. Sobre las 4:30 de la tarde seguimos subiendo, ya sin maletas, a la jaula donde estaba el olinguito esperando por nosotros.

Ya estando a unos metros de la jaula recibimos las instrucciones para no asustar mucho al animal, y mientras la prensa estaba a un costado de la reja, dos personas de Corantioquia entraron por la hembra que estaba a escasos minutos de recuperar su libertad.

El animal, justo antes de ser capturado para ser llevado a su nuevo hogar. Cortesía: Área Metropolitana del Valle de Aburrá y Corantioquia

El olinguito fue rescatado por la entidad ambiental antioqueña luego de que, por culpa de una tala de árboles, la madre del animal abandonara a su cría en Salgar, también al suroeste de Antioquia. Fue trasladado a Barbosa, donde comenzó su recuperación y luego terminó en Jardín, encerrado en una jaula de aproximadamente 10x10x10 mts, para que se aclimatara y se adaptara por completo a su verdadero hábitat.

El proceso de captura fue un poco complejo. La agilidad del olinguito, sumado a la inclemente lluvia hizo que fuera difícil atraparlo, incluso, fue hasta complejo capturar una imagen propia del animal. Pese a todos los percances, las dos rescatistas lograron meter al animal a un guacal, para luego seguir nuestro camino y liberarlo en una zona totalmente selvática.

El momento de la liberación

Subimos aproximadamente un kilómetro, en pura montaña, sin camino marcado y con el suelo muy liso, solo para ver el momento en el que el animal fuese liberado. Estando en el lugar cumbre, con cámaras prendidas y buscando un lugar idóneo y sin tanta agua, el olinguito retomó su libertad. Antes de irse, se despidió de nosotros, y aunque el sitio era muy difícil para tomar fotografías, y ya estaba muy oscuro, la hembra nos posó antes de hacerse en su madriguera.

Al momento de su liberación, el animal posó para las cámaras de todos los presentes. Cortesía: Mateo Hernández Mejía, Corantioquia.

El trabajo estaba hecho. Todos, a pesar de lo mojados que estábamos, teníamos la felicidad de haber participado en el rescate y ya íbamos en búsqueda de calor y de ropa seca.

Estando en la cabaña, ya seguros del agua, comenzamos a comer y a contar anécdotas de animales. Por ejemplo, Luis Mazariegos comenzó a contarnos su historia de cómo llegó a esa zona y nos comentó su amor por los colibrís.

También nos comenzó a comentar sobre un avistamiento particular que ellos tuvieron y contó la historia del olinguito, animal que fue oficialmente nombrado así en 2013, pues no se conocía con certeza de él.

Para contarnos la historia primero nos dijo que fue muy importante para el país tener el reconocimiento de ese descubrimiento, pues es el primero en 35 años en Sudamérica. El relato de ese suceso tiene un nombre… Don Uriel.

Don Uriel, el hombre que conoció al olinguito

Antes de ser un conservador de animales era cazador. ¿Quién iba a pensar eso? pero, por allá en 2013, cuando ya se dedicaba a trabajar con Mazariegos, don Uriel encontró un olinguito, pero como era una especie que no estaba descubierta, pensaron que era un perro de monte y no le prestaron mucha atención.

Luego, cuando se oficializó su existencia, todos en La Mesenia quedaron sorprendidos y, con gran felicidad, se enteraron que don Uriel encontró al olinguito justo antes de que fuera nombrado así.

Don Uriel, con el olinguito en sus manos. Cortesía: Área Metropolitana del Valle de Aburrá y Corantioquia.

Más historias así se escucharon durante la noche. Sin embargo, la cama era lo único que todos queríamos. Al día siguiente, el personal de Corantioquia, que además está en alianza con el Área Metropolitana del Valle de Aburrá-AMVA- y la Universidad CES, volvieron al lugar de la liberación para monitorear al olinguito.

Para ello, fue instalado en su pecho un chaleco de telemetría con el cual, por medio de un receptor, podían saber dónde se encontraba el animal en un rango cercano a los 400 metros. Esto, según Luz Rodríguez Garay, médica veterinaria y coordinadora del convenio CES-Corantioquia-AMVA, para poder estudiar más a fondo el comportamiento del animal y ayudar a construir el conocimiento sobre esta especie.

El final fue feliz y esperado. Nuevamente encontraron al animal, unos metros más arriba del sitio donde fue dejado, y así acabó nuestra posibilidad de volverlo a ver. Ahora, don Uriel, Luis y las demás personas que apoyan el proyecto de la reserva estarán vigilándolo con el chaleco para tener claro el estudio, mientras nosotros emprendíamos el camino de regreso hacia Medellín.

Ya de regreso a Medellín, el personal de Corantioquia nos explicó lo que podría pasar con el animal. Este podrá alimentarse de los frutos que hay en ese bosque, pero también podrá ser la presa de un tigrillo o de otro animal que tenga al olinguito dentro de su dieta. Al fin no sabremos cuál será su destino en la vida, pero lo que sí sabemos es que esta travesía no solo ayudará a la ciencia, sino también a un indefenso animal que perdió a su madre estando cachorro.