Así es la ‘limpieza social’ contra las drogas en Filipinas

Así es la ‘limpieza social’ contra las drogas en Filipinas

18 de abril del 2017

Hoy en Filipinas muchos tienen miedo, miedo a la muerte, miedo a la policía y miedo al presidente de la república. Quienes más temen son los expendedores y consumidores de drogas y sus familias.

El presidente del país asiático, Rodrigo Duterte, apoyado por la policía ha dado la orden de asesinar a todo aquella persona que esté relacionada con el consumo de shabú, una anfetamina, que tiene un efecto similar al del bazuco de Colombia, así lo aseguran familiares de las víctimas mortales.

“No cesaré esta campaña hasta que este muerto el último capo, el último  lavador, el último expendedor o consumidor”, ha dicho Duterte en una de sus declaraciones públicas, en defensa de su sangrienta lucha contra las drogas.

Una investigación de inmersión de Séptimo Día, hecha por Manuel Teodoro, director del programa, mostró la crisis social que en algunos sectores marginales del país, están causando estas muertes selectivas, de las que dicen son hechas por la policía local y algunos sicarios que están relacionados y pagados por la institución armada.

Según reportes, en las calles de Filipinas, desde que Duterte asumió el mandato en junio de 2016, ha corrido la sangre de unas 8.000 personas, entre hombres y mujeres. La policía, en cabeza del general Ronald de la Rosa, apodado ‘La Roca’, por su fuerte temperamento, dice que a manos de los uniformados han muerto unos 2600 y que los demás hechos son homicidios “normales”, perpetrados por personas que están haciendo limpieza social en algunos territorios.

Aunque no hay ninguna prueba que vincule al presidente con las órdenes directas de asesinar a las víctimas, las acciones criminales que denuncian familiares de víctimas y colectivos de derechos humanos, tendrían el conocimiento y apoyo del mandatario; así lo ha dejado ver el mismo presidente en varias intervenciones, en las que recalca su respaldo a las actividades policiales y su modus operandi para combatir las drogas en el país, es por esta razón que los allegados de los asesinados aseguran que la política de choque contra el consumo y distribución de estupefacientes, liderada por Duterte, es la causante del derramamiento de sangre en Filipinas, así lo deja ver Teodoro en las diferentes entrevistas que logró en lo sectores más pobres de Manila, la capital del país, de donde son la mayoría de las victimas.

Duterte ha dicho publicamente, entre otras afirmaciones polémicas:

  • “Yo odio las drogas y debo matar gente porque odio las drogas”.
  •  “Yo solo guío a la policía, si ellos asesinas, bueno… yo los respaldo”.
  •  “Vete de mi ciudad si estás consumiendo drogas o otros crímenes porque si no lo haces, te mataré”. “
  • “Hagan su trabajo (policía) y tendrán en respaldo incondicional de su presidente”.
  •  “Hitler masacró tres millones de judios, ahora hay tres millones de adictos, estaré feliz de masacrarlos”.

Millones de filipinos están en contra de estas muertes y semanalmente hay protestas contra la política de criminal que aseguran viene desde el gobierno Duterte y su presunto escuadrón asesino de policías .

Phelim Kine, alto comisionado para Asia de Human Rights Watch, aseguró que es el estado el que esta provocando la muerte masiva de compratiotas filipinos, y declaró la situación como una calamidad.

Por su parte, activistas y colectivos de derechos humanos locales, exigen se respete el derecho a la vida, al debido proceso, porque según ellos, la acción represiva de Duterte pone en peligro a todo filipino.

La investigación del periodista deja claro que políticamente y frente a esta práctica criminal, el país está dividido. Millones de personas apoyan las acciones criminales contra los drogadictos y los traficantes. Aseguran que el mandato de Duterte, a quien ven como un hombre de mano dura, ha elevado los índices de seguridad en algunos sectores del país. Varias personas dicen que estas prácticas represivas disminuyen el flagelo de la droga y la delincuencia porque los ladrones y drogadictos empezaron a tenerle miedo a la muerte.

Lo cierto es que hoy en día en sectores marginales del país, de donde son los pobres que consumen el shabú, pueden aparecer hasta 10 muertos. Los que han visto la escena dicen que llegan hombres motorizados y con un papel en mano empiezan a buscar a las personas que conforman la lista. Aseguran que son policías de civil que cumplen la orden presidencial de limpiar de drogadictos el país.