Entre la marihuana y la cultura

Entre la marihuana y la cultura

17 de abril del 2016

De fondo suena rock, electrónica o reggae. Hay humo en el ambiente, mucho humo. Pocos fuman cigarrillo, casi todos están fumando marihuana.

Es difícil saber si todos tienen esa concepción filosófico- astral de la que muchos hablan cuando la fuman, lo que sí se puede saber es que en aquel espacio, el Parque del Periodista, en pleno corazón de Medellín, se sienten libres.

Lea también: En las entrañas de la calle del Bronx de Medellín

No siempre fue el espacio de unos jóvenes locos de jean, tenis o botas, en algún momento, este parque fue un lugar exclusivo. Solo para intelectuales. El lugar rinde un homenaje al padre del periodismo en Colombia, don Manuel del Socorro Rodríguez (1758-1819), fundador y director del periódico de Santa Fé de Bogotá.

Anteriormente llamado ‘El Guanábano’, era frecuentado por los llamados “intelectuales de los medios de comunicación”, los periodistas, en donde las tertulias literarias, conocimientos y talleres eran los protagonistas, acompañados de un cigarrillo, de un tinto o de una cerveza. Ahora el panorama es bastante diferente

Nubia María Pérez, docente de periodismo en Medellín, ha sido fiel seguidora de este parque y con nostalgia recuerda como solían ser estos encuentros. “Yo estaba en la universidad y siempre que terminábamos clases íbamos allá alrededor de 13 personas, era un lugar sagrado y uno tenía que ver a los periodistas contar  sus historias, compartir un libro, mientras terminaban un cigarrillo y ese era quizás el único vicio”.

Ahora hay más vicios, unos legales, otros no tanto. Es una zona de tolerancia. Hay prostitución y venta de drogas, pero la sensación es extraña, no es de peligro. Aún se respira cultura en el ambiente.

Parque c

La misma ya no la hacen señores correctamente ataviados, la cultura muta y ahora los protagonistas son las diferentes tribus urbanas que cada día reclaman más espacios de expresión. Y ahí está.

Los nuevos visitantes de este lugar se caracterizan por sus variados gustos, formas de vestir, actuar, pensar y comportarse. Hay punkeros, rockeros, metaleros, homosexuales, estudiantes, músicos, poetas, trabajadores y vendedores. Esto hace que el lugar se vuelva un conglomerado de personas que se reúnen en un mismo sitio con distintas intenciones pero un fin en común: Expresarse, sentirse libre.

¿Por qué cambio su esencia el Parque del Periodista?

“Este parque es amañador” es la expresión de Juan Pablo Toro y su grupo de amigos. Todos ellos coinciden en que a Medellín le faltan espacios para expresarse.  “Aquí todos los días hay fiesta, podemos fumar marihuana, la mayor ventaja es que no hay peleas y los poquitos robos que se presentan son por los gamines que se suben del Parque Berrio”.

Parque P

Paradójicamente Juan Pablo, quiere ser periodista y dice que no le molesta que el parque haya perdido su esencia, esta solo se transformó.

“Me siento orgulloso de no tener miedo al qué dirán y creo que sin duda voy por buen camino para ser periodista, yo sé que todo periodista quiere expresarse sin miedo y en eso nos parecemos”, dice.

Los vendedores que han visto crecer el parque, ya casi no recuerdan como lucia antes, pero sí saben como luce ahora.

“Este parque se perdió desde que fumar marihuana no es un delito, yo recuerdo que antes el marihuanero se escondía y ahora casi que es un orgullo, aquí a toda hora es constante el olor a vicio y en la noche es peor porque súmele los borrachos, trabados y habitantes de la calle que vienen a robar. Lo único que yo destacó, es que me va bien económicamente con mi carrito de dulces por eso no me voy”, explica Jesús Tamayo Cierra, vendedor ambulante desde hace 15 años.

En administraciones pasadas se propuso que la escultura de don Manuel Socorro Rodríguez fuera movida a otro lugar de Medellín y así evitar que un personaje tan importante, como el Padre del Periodismo, se envejezca entre humo. Pero don Manuel sigue ahí, viendo como la cultura se vive de otra forma.

Hay quienes se oponen a que el símbolo de una cultura que luce ambigua, permanezca allí.

“La solicitud se hizo porque se cree que una estatua de un periodista no debe estar en un antro de viciosos. El parque se ha tratado de arreglar con tertulias y otras cosas pero ha sido muy difícil por la problemática social que allí hay, la estatua debe estar en un lugar más digno”, dijo en su momento Zoila Isabel Carvajal, directora ejecutiva del Circulo de Periodistas y Comunicadores de Antioquia, Cipa.

Esta petición de cuatro años atrás no se hizo efectiva y ahora con el actual gobierno de Luis Pérez, se busca que con el cobro de multas que van entre uno y cinco salarios mínimos a quienes consuman drogas en espacios públicos mejore la situación.

Los patrulleros de la zona dicen estar autorizados para evitar la venta de vicio pero no para impedir que las personas que están allí fumen y beban.

“Son muchas las personas que aquí se hacen y eso es todo el día, para controlar el uso de drogas tiene que venir un escuadrón completo.”, dicen.

Entre el humo hay vida. Negar que en la zona hay macrotráfico sería absurdo, pero negar que allí la cultura se vive y se siente con pasión sería torpe.