En Bogotá el color de piel es determinante: Rey Guerrero

26 de mayo del 2019

En la capital trabajó como mesero y pregonero, pasando por negocios propios hasta la apertura de su restaurante en Chicó Norte.

En Bogotá el color de piel es determinante: Rey Guerrero

Foto. Marha Uribe

Hay palabras que duelen y agreden como un latigazo. A Rey Guerrero le gusta que lo llamen por su nombre. No encuentra inocencia detrás de la palabra “negro” y tampoco cree en que sea dicha con “cariño”, como argumenta la gente cuando intuye su disgusto.

Claudia Pelaez-Uribe, su esposa, es una de las pocas a quien le acepta el “negro” (y en la intimidad familiar).

Foto: reyguerreo.com

La decisión, explica Guerrero, no es gratuita: tiene contexto, vivencias y connotación. “Negro significa lo malo, negro significa lo oscuro” y en 19 años en Bogotá, dice que se lo han hecho entender muy bien.

Rey Guerrero es un reconocido chef caleño, embajador de Colombia a través de la gastronomía de la mano de la Cancillería.

Con sus cazuelas llenas de  sabores del Pacífico ha recorrido buena parte del mundo.

En Bogotá, las sirve a diario en un restaurante que lleva su nombre en la calle 77, muy cerca de Unilago.

Foto: reyguerrero.com

“Exaltamos todo el sabor gastronómico que fue heredado ancestralmente desde nuestros antepasados africanos, hasta las personas que hoy viven en el pacífico”, comentó.

En casi dos décadas en Bogotá, cree que la ciudad de la discriminación en la que hoy hace vida, se parece mucho a la que lo recibió cuando llegó en el 2000. Su relato evidencia cómo el carácter racista de Bogotá  lo transformó.

En mayo se celebra en Colombia el mes de la herencia africana y Kienyke. com decidió conmemorarlo desde los logros y heridas de la comunidad afro en el país. Es por eso que Rey Guerrero habló desde su negritud, acerca de la realidad que heredó y desde la que trabaja por transformar su generación -y las que vienen-.

“Bogotá es una ciudad tremendamente racista”

La gente no quiere hablar abiertamente de racismo o discriminación. Dicen que “trabajan como negros” pero explican que no tienen nada en contra de la gente “de color”. “Yo no soy racista, tengo amigos negros”, es uno de los argumentos más controvertidos y populares. Pero para bien y para mal, el color de piel “sí hace una diferencia”.

De eso está convencido Guerrero, quien llegó hace cerca de 19 años a Bogotá, como muchos de los foráneos que deciden probar suerte en la capital del país: “Sin un peso. Con una mano adelante y otra atrás”, recuerda. Él solo buscaba una oportunidad.

“No me había ido bien en una empresa que tenía en Cali.  Me vine a abrirme espacio y me encontré con una ciudad tremendamente racista, clasista, egoísta y desconfiada, pero también llena de oportunidades, que no hay en las ciudades pequeñas”. Guerrero dice que tuvo un despertar de la conciencia acerca de lo que significaba convivir, prosperar o como mínimo, sobrevirvir con su color de piel, en una ciudad como Bogotá.

“En Cali me decían ‘este negro’ y yo lo tomaba como broma pero porque tenía una alienación mental, es decir, veía como normal la agresividad del trato hacia nosotros. Cuando vengo acá es diferente. Si me tratan así ya reaccionó negativamente, porque no tengo duda sobre el contexto. En este sentido, desaprendí para volver a aprender“, comenta.

Cuenta que era muy difícil preguntarle a alguien por una dirección porque su reacción era apretar el bolso o esconder lo que tenían a la vista. “Creían que los iba a robar”. También era común que la gente cruzará la calle cuando lo veía acercarse por la misma acera, relata quien ahora es un reconocido chef.

“Hasta ese momento yo no había sentido ese rechazo”, aseguró.

Los episodios de racismo se repetían en diferentes escenarios. “Cuando fui a buscar empleo, simplemente no me lo daban porque había otra persona de color diferente y para ellos era mucho más presentable que yo”, recuerda.

Cuando llegó a Bogotá pidió trabajo a cambio de comida en el restaurante ‘Secretos del Mar’.

“Comencé a trabajar por la alimentación porque la dormida la tenía en otro sitio y así estuve un tiempo hasta que pude trabajar como mesero”, cuenta.

También laboró como pregonero a la hora del almuerzo en otro local, donde arrendó un espacio para ofrecer ceviches.

“Ahí ya comenzó mi parte empresarial, de crecimiento y crecimiento, sufrimiento y sufrimiento”, dice.

Desde afuera nos vemos todos del mismo color: latinos

A casi dos década en la ciudad, aunque en contextos distintos, el racismo hace mella.

Rey Guerrero reconoce que los clientes de su restaurante son en su mayoría blancos y mestizos y que algunos se han  sorprendido al conocer que “el chef negro”, es el dueño de ese espacio con privilegios.

A su juicio no es lo mismo ser un “negro pobre” que uno al frente de una próspera actividad económica “La gente lo piensa dos veces antes de discriminarte”.

“El racismo es más fuerte, más rampante y más duro aquí en la capital. La gente lo hace sentir como si fuera muy suave pero no lo es”, reflexionó.

“Somos profesionales en derecho, en moda, en periodismo, en actuación, en ingeniería, en todo. Tenemos unas características que nos identifica, eso no hay que desconocerlo, pero ante todo somos iguales”, reafirma el también administrador hotelero, con dos años de cocina básica en el Sena.

“Somos tan iguales que aunque el colombiano mestizo viaja a Europa se cree ario, allá lo discriminan porque es latino”, sentencia.

Y todo comenzó bailando

Como la canción de Frankie Ruiz, Ray Guerrero conoció a su esposa Claudia Pelaez, disfrutando una de las cosas que, como buen caleño, dice que sabe hacer tanto como cocinar: bailar salsa. Su historia de éxito como chef del restaurante Rey Guerrero, comenzó junto a la comunicadora bogotana.

A Claudia Pelaez le gusta bailar tango y hace unos años, después de una noche de milonga a las que iba con una amiga, remató la rumba en “Son Salomé”, un  bar de salsa, cuando el local estaba frente a la Universidad Javeriana.

“Era un lugar muy tradicional de salsa y una rumba buenísima. Ellos ya se fueron de ahí pero en esa época estaban allí, era un sitio buenísimo”. Ella y su amiga tenían como norma no darle “las placas (datos) a nadie”.

“Solamente bailar”. Y así fue.

“Vi a este hombre en la barra y me encantó. Esa noche bailamos y no le di las placas. Solamente le dije que me llamaba Claudia y a partir de ahí el empezó a buscarme por Facebook. Claudia en Bogotá hay miles, pero finalmente me encontró y un día entró un chat de Facebook de este personaje y empezamos a conversar por ahí. Nos encontramos en alguna parte, nos tomos un café y entró la vida a hacer su tarea y empezó la historia de amor nuestra que lleva en este momento nueve años. De una amor increíble y muy especial”.

Foto: Martha Uribe

Rey conoce los poderes de una buena comida y convenció a Claudia de cocinarle a ella y su hijo en su casa.

“Llegó con su chaqueta de chef, su cuchillo especial, trajo todos los insumos. Recuerdo que hizo un sorbete de curuba como para morirse, delicioso, y nos preparó unos langostinos, también exquisitos”.

La magia gastronómica surtió el efecto esperado.

El cocinero mayor

La salsa en la pista de baile y en la cocina resultó la mejor combinación para lo que estaba por venir.

Primero una empresa de catering y luego la consolidación del sueño de tener restaurante propio que hoy queda en el Chicó Norte, en Bogotá, aunque sus sabores siguen llegando hasta donde el cliente quiera, gracias a reyguerrero.co.

Claudia Pelaez confiesa que vio en Rey Gómez el amor y la oportunidad. Cuando lo conoció él luchaba en solitario por encontrar un lugar en la cocina colombiana. “Empecé a ver sus dones profesionales, su carisma, su presencia, su nombre, se juntaban tantas cosas”, recuerda. Así que en paralelo a lo que cada uno hacía, comenzaron a  hacer servicios de catering.

“Preparábamos todo aquí en mi casa. Era una locura porque era mi casa llena de cosas, mi comedor lleno de cosas, mi cocina, que es una cocina de un apartamento, dando abasto para hacer todas estas preparaciones y nos empezó a ir muy bien”, cuenta Peláez, quien ahora es la CEO del restaurante de Guerrero.

Compraron el local donde operaba anteriormente el restaurante ‘Océanos’, “sin mirar mucho cifras ni la ubicación; más por las ganas de tener nuestro negocio propio”, contó la CEO.

Foto: Martha Uribe

‘Ashe’ como arroz

Transformaron el menú y el diseño del restaurante que actualmente representa lo que tenía en mente: una expresión de la cultura del Pacífico en Bogotá. También de sus creencias religiosas.

Rey Guerreo es hijo de Changó y en honor a sus creencia pintó un mural con un panteón Yoruba, que confiere alegría y protección al espacio.

Foto: Martha Uribe

Ahora Rey Guerrero Pescadería Gourmet es una referencia en la capital colombiana de la gastronomía del Pacífico.

Un punto de encuentro para los amantes de la comida del mar y la máxima expresión de un sueño profesional y familiar.

Ancentros de África y Pacífico viven en su cocina

Sabor y color definen la identidad del restaurante de Rey Guerrero.

Su menú lleva el sello de África y el Pacífico colombiano. Todas la cazuelas vienen acompañadas con arroz de coco y patacón crocante. A los langostinos los baña con salsa de chontaduro y los ceviches incluyen piangua, caracol y arrechón.

“Me gusta prepararle a la gente la cazuela, porque trae esos sabores; esos olores y esos ingredientes son de nuestros antepasados del Pacífico y aún hoy en día lo utilizan. Es muy natural, se prepara con leche de coco, que es la primera leche que se saca del coco, se sazona con hierbas de azotea, con orégano, albahaca, cilantro, cimarrón, machote, ajo, sal, pimienta”, describe inspirado en una de sus obras maestras.

Aunque nació en Cali, todas sus vacaciones transcurrían en Buenaventura, de donde es oriunda su mamá, Imelda Guerrero Saya. De allí vienen los patacones endiablados que recomienda del menú su hijo Miguel Ángel.

Miguel Ángel Guerrero Rodríguez, hijo de Rey Guerrero. Foto: Martha Uribe

De la señora Imelda le quedó la alegría frente a los fogones haciéndole sus platos preferidos, como la sopa de mondongo y el sancocho de gallina.

“Cuando cocino, de alguna u otra manera, me remonto al pasado, porque mi mamá cocinaba con muchos de los ingredientes que uso en mis preparaciones” dice Guerrero.

Que le pongan salsa a ‘Doña Bella”

Si bien Rey Guerrero no permite que otros los discriminen por negro, reafirma que se siente “orgulloso desde lo más pequeño del dedo meñique hasta el último cabello” de su afrodescendencia.

En Rey Guerrero Pescadería Gourmet la historia de amor entre el chef y la comunicadora sigue sumando años entre sabores del pacífico y música salsa. De hecho, los jueves programan karaoque salsero. “Sácamos unos bafles y viene a cantar el que canta y el que no canta. Hasta nosotros que tenemos voz de tarro y no atinamos a la nota, cantamos. Yo soy un salsero al 100″.

Desde que se conocieron no han dejado de bailar y un tema de Bobby Valentín musicaliza algunos los grandes momentos de esta pareja emprendedora. ‘Doña Bella”, así se llama la canción que Rey siempre le dedica a Claudia.

Foto. reyguerrero.com

“Doña Bella, usted me fascina por ser tan hermosa, por ser tan divina. Que a mí me, provoca decirle oiga bien, un millón de cosas y ganar su querer. Doñita linda”, dice la letra de la canción de este amor multicolor, que se refresca con limonada de mango viche.

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