Los falsos maestros y gurús espirituales

Los falsos maestros y gurús espirituales

3 de diciembre del 2018

Como hijo de padre alcohólico y madre sobreprotectora, crecí en un ambiente denso y opresivo, en donde la verdad era maleable a través de la fantasía y la negación para intentar sobrellevar el dolor emocional, comparando y culpabilizando a los demás incluso entre los mismos miembros de la familia como abuelos, tíos, primos, hermanos y cónyuges, de aquel agobiante malestar.

Esta fue la infancia que vivimos mis hermanos y yo: una batalla sin cuartel protagonizada por la disfuncionalidad de nuestros progenitores, basada en la obstinación y el poco conocimiento que tenían de sí mismos, razón por la cual, tanto la armonía como el bienestar se hicieran presentes en muy pocas ocasiones. Nosotros aprendimos a soportar esta insana actitud en pequeñas trincheras que excavábamos, con el fin de buscar refugio y amor para intentar mitigar la gran incertidumbre que fue sembrada en nuestros destinos, convirtiéndonos en adictos al drama y al conflicto, sobreviviendo y no viviendo la vida, tal y como le sucede a todos los hijos adultos de un sistema familiar disfuncional.

Hoy también soy consciente, de que mis padres no tuvieron la culpa de esta enfermedad producida por las relaciones adicto-codependientes. Estoy seguro que ellos quisieron lo mejor para nosotros, desde los recursos emocionales disponibles en el momento en que intentaron construir una familia. El problema es que sin conocerse lo suficiente, cada decisión tenía una alta probabilidad de equivocación y de mantenerse a largo plazo. Pese a todos los problemas, nosotros recibimos de su parte, sustento económico, religioso y educacional, así como orientación paternal y especial ternura, afecto y amoroso apoyo afectivo maternal.

No obstante, a pesar de estas buenas intenciones, prevaleció la tensión emocional intrafamiliar que generó algunas  heridas de infancia las cuales se transformaron en hábitos de negación y ocultamiento de la verdad, causando en la adolescencia, desequilibrios emocionales y físicos, además de una desconexión con mi parte espiritual. El amor que es la fuente vital para preservar la especie, estaba fragmentado entre un padre inexpresivo y una madre que “amaba demasiado”. El miedo es lo opuesto al amor y con estos antecedentes, sentía temor al abandono afectivo, al rechazo, a confiar en el otro, a la traición y a que las cosas “me salieran bien”, pues como tenía distorsionada mi autoestima y la realidad acerca de mí mismo, pensaba que no era merecedor del éxito y mi energía no fluía sanamente al estar bloqueada por sentimientos de culpa innecesaria y vergüenza inmerecida.

La verdad es la congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos según la realidad, es decir, es un valor que contiene la sinceridad, la franqueza y la claridad (“cuando las cosas son claras, son doblemente mejor”). Por pertenecer a estos núcleos familiares inestables y multiproblemáticos, y para sobrevivir a su agresivo entorno, aprendemos a usar máscaras y estrategias de manipulación con el fin de evadir y no expresar las emociones, anestesiando este vacío existencial a través del ego insano, el cual se alimenta de sus desbordadas ambiciones de poder social, dinero y control sobre las personas.

Asimismo, intentamos inútilmente olvidarnos de este profundo malestar espiritual por medio de pensamientos obsesivos, amor condicionado, búsqueda de aprobación por parte de otras personas, exageradas expectativas ante nuestras metas y objetivos, y muy poca capacidad de frustración que compensamos con sobrecargas laborales para obtener dinero y gastarlo en cosas muchas veces superficiales, o lo que es más grave, perder nuestra capacidad de juicio y raciocinio ante el fanatismo religioso, el cientificismo o las creencias supersticiosas y agoreras.

Al no tener una figura representativa de referencia en el padre, acudimos de forma urgente e inconscientemente, a otras figuras que lo sustituyan como Maestros, Gurús o Guías Espirituales. En muchos casos, al no poseer una fuente de autoabastecimiento interior, buscamos esa fuerza vital en fuentes externas, es decir, en otras personas a las cuales le depositamos nuestra fe, confianza e incluso la existencia misma. Como no sabemos quiénes somos, nos convertimos en personajes irreales, incapaces de construir un proyecto de vida y de aceptarnos a nosotros mismos, razón por la cual, “copiamos” en gran porcentaje la personalidad de quien creemos es nuestro gurú, entregándole todas nuestras decisiones con la esperanza de que a través del “pensamiento mágico” y sus poderes sobrenaturales, estos maestros espirituales resuelvan todos los problemas, evitándonos la confrontación necesaria para sanar y superarnos, descubriendo que solamente por medio de un proceso serio y consciente, se puede identificar la auténtica persona que en realidad soy, dejando de vivir en una insoportable mentira.

La mentira es una expresión con la cual negamos aspectos de la realidad, es afirmar lo que no se piensa o expresar sentimientos que no se tienen; es ofrecer ilusiones falsas, engañar, decepcionar la confianza que se nos ha depositado y sobre todo temer a las consecuencias de la sinceridad.  Algunos de los motivos por los cuales las personas mienten son para evadir responsabilidades y tareas, para obtener un beneficio propio y no asumir sus defectos de carácter o reconocer sus errores. También se miente por inmadurez, miedo a estar solo, al castigo y a la culpa, pero el problema más grave de la mentira, es que las metas, logros y objetivos que se consiguen a través de ella, se sustentan sin cimientos sólidos y sobre bases falsas.

Un nuevo comienzo

Foto: Cortesía Armando Martí.

Yo inicié un proceso de tomar consciencia e intentar despertar después de muchos errores, espejismos económicos y apegos afectivos. Estos dolorosos aprendizajes me ayudaron a que hiciera un “alto en el camino”, para elegir un cambio trascendente y explorar desde una inmersión profunda y personal muchas corrientes religiosas, filosóficas, esotéricas y no convencionales que existen en el mundo. La brújula de esta búsqueda interior ha sido la de encontrar mi propio “Maestro Interior” y comprender los lazos sagrados entre la naturaleza, el hombre y lo divino. Desde esa orilla, he tenido la fortuna de conocer maravillosos seres humanos que con su luz, experiencia y sabiduría, aportaron semillas invaluables para resignificar mi vida. Otros se autodenominaban “Maestros Espirituales” y en realidad nunca lo alcanzaron, por eso, con sus errores y desaciertos, a ellos les agradezco su engaño que me ayudó a despertar del mío, logrando madurar y convirtiéndome en un ser receptivo que sigue siendo un buscador de su propia alma.

Con estas reflexiones hasta el día de hoy, he logrado identificar auténticos Maestros personales tales como: Jesús, Buda, S.S Dalai Lama, Lao-Tse, Jiddu Krishnamurti, Kirpal Singh, Paramahansa Yogananda, Bhaktivedanta Swami Prabhupada, Kalil Gibrán, Shri Sadhu Ram Ji, Eckhart Tolle, Monseñor Desmond Tutu, Thich Nhat Hanh y los Sacerdotes colombianos Alfonso Llano Escobar S.J., César Uribe S.J.,  el padre Luis Humberto Silva, fundador y director de la Fundación Kyrios, entre otros.

En esta exploración, tengo mis propias dudas muy personales sobre algunos Maestros no tan auténticos, que han limitado su posible trascendencia por las trampas del ego, intereses económicos, patologías, transferencias y contratransferencias psicológicas hacia sus discípulos y seguidores tales como: el maestro hindú Sathya Sai Baba, Tony Agpaoa e Iván Trilha (cirujanos psíquicos de Filipinas y Brasil respectivamente), Laureano Barrios (pranaterapeuta colombiano), los irlandeses Suzanne Powell y Curtis Cao Duy del grupo Energía Universal Humana, el pastor guatemalteco Cash Luna, el pastor estadounidense Jim Jones del Templo del Pueblo quien indujo al suicidio a sus 917 seguidores haciéndolos ingerir cianuro en el año de 1978, el belga Luc Jouret fundador de La Secta del Templo Solar que causó más de 76 muertes al incinerar a sus miembros entre los años de 1994 y 1995; Marshall Applewhite y Bonnie Nettles del movimiento Heaven´s Gate que generó otra tragedia colectiva en el año de 1997, cuando Applewhite convenció a 39 de sus seguidores a suicidarse para que sus almas subieran a una nave espacial.

Una de las últimas y dramáticas denuncias conocidas mundialmente hacia los falsos “Maestros Espirituales”, fue la de Michel Rostand (alias “El Maestro Andreas”), un egomaniático y actor porno quien formó una secta denominada “El Jardín de Buda”, abusando emocional y sexualmente de sus seguidores. Posteriormente fue denunciado y desenmascarado por una de sus víctimas: el realizador cinematográfico Will Allen,  director del documental “Holly Hell” (disponible en Netflix).

Asimismo, quiero destacar el documental “Kumaré” escrito y dirigido por Vikram Gandhi, cineasta estadounidense con raíces hindúes, que para responder a sus preguntas interiores, se transformó en Sri Kumaré un gurú falsamente iluminado de pelo largo y barba frondosa, quien empezó a difundir en Arizona su filosofía e iluminación inventadas por él, con el propósito de conseguir adeptos convencidos de que la naturaleza espiritual de Kumaré cambiaría radicalmente sus vidas y los conectarían a Dios. Vea el documental aquí.

¿Cómo distinguir entre un falso y un verdadero Maestro Espiritual?

Foto: Cortesía Armando Martí

En muchos países especialmente en occidente, hay una variedad de maestros, organizaciones y representantes de prácticamente todos los cultos, religiones, enseñanzas espirituales y sistemas metafísicos conocidos en el mundo. Cuando la persona busca un ser místico y trascendido, se encuentra frente a un confuso “mercado espiritual” en el que los llamados maestros de todas las tendencias compiten por atención, basados en discursos mesiánicos, técnicas milagrosas para encontrar la felicidad, prácticas rigurosas y dogmáticas de purificación del alma, así como también símbolos, ceremonias y textos en los cuales se encuentra aparentemente la verdad absoluta. Esto a lo único que conlleva, es hacer un énfasis en cómo la prisa junto con diferentes métodos facilistas inventados, han gestado unos escenarios en donde cualquiera puede configurarse como un experto, un maestro o un asesor en enseñar, tratar, curar y comunicar todo lo relacionado a lo espiritual y al camino de la iluminación.

Actualmente la realidad está permeada por charlatanes y estafadores que deliberadamente engañan y manipulan, al igual que por personas sinceras y bien intencionadas que creen tener un poder cuando en el fondo son ineficaces y no cuentan con ningún sustento o disciplina para su conocimiento. Asimismo por maestros parciales que pueden transmitir pensamientos espirituales pero todavía viven limitados por los estados subjetivos del ego llenos de supremacía y dominio sobre los demás; como también existen en menor medida, maestros plenamente realizados e iluminados, que han experimentado directamente la verdadera naturaleza de la realidad y son capaces de enseñar con humildad todas las etapas del desarrollo espiritual.

A menudo se puede encontrar una gran discrepancia entre la apariencia externa, el comportamiento y la reputación de un supuesto maestro “espiritual” frente a la inmadurez de su estructura psicológica y emocional, cultivando una conducta “santa” con el propósito de fingir, impresionar e imitar superficialidades atractivas para los seguidores, junto con una personalidad casi hipnótica que deja descrestado a quien lo ve por primera vez. Sin embargo, los falsos maestros de este tipo proporcionan sin querer un filtro para los maestros genuinos, al atraer a los discípulos auto-engañados e inmaduros que persiguen una espiritualidad “light”, “exprés” y “sofisticada”.

En el fondo muchos buscan desde la carencia, figuras que les proporcionen protección y autoridad, que puedan convertirse en la madre, el padre, el amante o el amigo ausente que han añorado desde siempre. Es muy usual ver una relación de proyección en donde el maestro espiritual identifica los vacíos del seguidor y procura nutrirlos, para obtener algún tipo de ganancia económica, social o sentimental. El objetivo de un maestro auténtico es llevar desinteresadamente a otros a la iluminación, mientras que el falso añora el poder y la explotación de los demás para que le rindan culto. De igual manera, el sabio genuino es capaz de enseñar a aquellos que realmente quieren aprender la verdad que yace en el interior de cada uno, encontrando un equilibrio entre la justicia y el perdón, la sanidad y la serenidad del espíritu, por eso es de vital importancia cuidarse de aquellos que se autoproclaman avatares o encarnaciones de algún dios.

El lado oscuro de los Maestros de luz

Foto: Cortesía Amando Martí.

Para entender el lado oscuro de los maestros y grupos espirituales, es esencial familiarizarse con alguno de los factores psicológicos que conducen tanto a los “seres de luz” como a sus seguidores, a un patrón mutuo de abuso, engaño y explotación:

  1. Confundir poder y carisma con sabiduría: el poder y el carisma se confunden frecuentemente con la sapiencia producto de una proceso interior de autoconocimiento e iluminación de la verdad. Las personas poderosas y carismáticas, no son muchas veces ilustrados en absoluto, por el contrario la sabiduría suele manifestarse como la sencillez y la humildad, acompañada de una vida más ordinaria y menos lujosa. De ahí que un ser tan excepcional nunca lleva su realización espiritual como insignia, pues cuando el poder se corrompe puede conducir al egocentrismo y la arrogancia.
  2. El culto al gurú y la vanidad del ego: Las diferentes experiencia con respecto a visiones y niveles místicos pueden llevar a un estado de grandiosidad. Cuando los maestros se sobre identifican con poderosas energías espirituales, usualmente se engañan fácilmente y creen que deberían ser venerados y servidos por otros. Los seguidores deben tener cuidado cuando hay un sequito alrededor del maestro, que se centra más en la persona que en la sabiduría o el mensaje a transmitir, pues al ser alabados por otros y vistos como perfectos, se nutren de una falsa seguridad, llenándose de arrogancia y soberbia que conduce a la megalomanía (condición psicopatológica caracterizada por fantasías delirantes de poder, relevancia, omnipotencia y una desbordada autoestima).
  3. Proyección y transferencia: La transferencia es un poderoso proceso inconsciente, en el que una persona proyecta en una figura de autoridad los atributos de alguien significativo del pasado. En la mayoría de las ocasiones, la transferencia en las relaciones sanas entre maestro y discípulo se discuten, para que pueda existir un vínculo realista y no idealista; pero dicha condición es raramente reconocida y abordada en comunidades espirituales, como en el caso de los sacerdotes donde su función siempre ha sido la de escuchar y guiar, no la de imponer, amedrentar o mandar en la vida de los feligreses. La “complicidad mutua” ocurre cuando un estudiante proyecta cualidades o atributos en el maestro, y el ego del maestro acepta estas proyecciones como si fueran verdaderas, confiriéndole más poder a través de la influencia de la energía psíquica. La transferencia y la proyección facilitan su manipulación, lo que lleva a una codependencia poco saludable creando un clima de irrealidad que alimenta el narcisismo del maestro.
  4. Racionalización y negación: Los falsos maestros espirituales y sus alumnos, frecuentemente justifican conductas inapropiadas con elaborados explicaciones. Por ejemplo, algunas maestros han afirmado que abusaron del dinero y el poder “para beneficiar a la humanidad” o tuvieron relaciones sexuales con estudiantes, porque era una “enseñanza tántrica con un fin hacia el despertar espiritual”.

En el fondo la capacidad humana para el autoengaño es tan fuerte en grupos espirituales como en general, que el viejo paradigma de los sistemas de creencias que controlan la vida y la mente de las personas, ha llevado a una situación en la que muchos están divagando y tratando de encontrar su propio camino, en un mundo sin muchos líderes espirituales verdaderos. Como resultado de esto, se ha desarrollado un nuevo mercado que intenta mostrar respuestas a aquellas personas que se han desilusionado con los antiguos sistemas dogmáticos.

¿Qué hacer frente a la incertidumbre actual del mercado espiritual en el que vivimos?

Foto: Cortesía Armando Martí.

Hoy en día los maestros piden grandes cantidades de dinero, a cambio de las enseñanzas espirituales que históricamente se han transmitido libremente de maestro a alumno desde siglos atrás. Muchos de estos maestros, ofrecen una solución que implica unirse a una comunidad exclusiva o a un grupo similar a un culto alrededor de una verdad absoluta de trascendencia del espíritu y multidimensionalidad de “seres ascendidos”, utilizando el mensaje: “únase a mi comunidad y pague grandes cantidades de dinero y la iluminación seguramente será suya”; cuando en realidad es una trampa que implica control.

Por experiencia personal, sé que puede ser beneficioso (por un tiempo limitado) unirse a un grupo que pretende enseñar sobre una antigua práctica de la mente y el cuerpo, sin embargo, si un individuo se queda atascado allí sintiendo que no puede irse, entonces hay un peligro de que la espiritualidad se convierta en una alabanza al ego de los líderes del grupo, convirtiéndose en un obstáculo en el camino para alcanzar la iluminación.

Está perfectamente bien que los maestros reciban una compensación por el tiempo que ofrecen a sus estudiantes, pero debemos ser conscientes de que hay quienes afirman ser maestros espirituales cuando en realidad no son más que estafadores sofisticados, que han aprendido sus técnicas en cursos de fin de semana o en libros que no sustentan ni su conocimiento y mucho menos su práctica.

El verdadero Maestro Espiritual

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Foto: Cortesía Armando Martí.

La razón para escribir este artículo es poder ayudar a aclarar algunas percepciones, de modo que los lectores puedan tener una mayor capacidad para reconocer a auténticos maestros espirituales dentro de su búsqueda existencial. Por eso, a continuación presento algunas preguntas que en mi concepto pueden orientar a las personas a la hora de reconocer a un auténtico maestro espiritual, cuya finalidad última, es que cada uno encuentre su propio Maestro Interior que yace en las profundidades del alma entre las experiencias, los errores, aciertos, cualidades y defectos que nos hacen humanos:

  1. ¿El maestro recibió un entrenamiento de calidad? ¿Quién es o fue el maestro del profesor? El conocimiento, la experiencia, la habilidad técnica y las credenciales son importantes cuando se busca la guía de un maestro espiritual.
  2. ¿Sus prácticas son coherentes con lo que enseña? ¿Es su vida un reflejo de estas técnicas que proporcionan bienestar interior? La práctica hace al maestro, lo importante es que pueda realizarse desde la orilla de la constante aceptación, el perdón, la meditación y la disciplina mental y emocional.
  3. ¿El maestro no está atado a los frutos de su trabajo? El no apego se trata de estar bien con los resultados de nuestras acciones. El no apego consiste en dejar ir y rendirse al flujo del Universo. Una persona que sirve como un auténtico maestro vive una vida centrada en los principios y está de acuerdo en los resultados de las cosas, por eso no busca seguidores sino aprendices, pues comprenden que ellos no son indispensables en la vida del discípulo.
  4. ¿El maestro vive su vida con intención? La intención es la razón por la que estamos haciendo una determinada tarea, actividad o trabajo. La intención es vivir la vida con un propósito. Las personas que sirven como auténticos maestros están conectadas con su intuición, sirviendo como vehículos para la consciencia superior.
  5. ¿Los maestros son humildes en aceptar que no poseen una verdad absoluta y ellos al igual que el alumno también están en constante evolución? Los guías espirituales genuinos buscan áreas en las que puedan seguir mejorando, aunque sea un poco a lo largo del tiempo, al final suponen grandes avances.
  6. ¿Hay generosidad de espíritu? Uno de los principios éticos de los maestros espirituales es que no tienen una finalidad de atesoramiento, posesividad o apego, sino más bien de generosidad y compasión por la humanidad, pues ellos como sus aprendices empezaron desde el mismo punto: no saber quiénes eran, hasta que finalmente hallaron la misión y verdad de sus vidas.

El gran misterio radica en que todo se encuentra en el interior del ser humano, por eso es necesario aprender a disponer de un tiempo y espacio para la soledad, el silencio, la oración, la meditación y la escucha, sólo así, cada uno podrá abrirse al tesoro de reencontrar la conexión infinita con un Poder Superior, más allá de cualquier condición, juzgamiento, crítica o señalamiento, pues desde la fuente existe el suficiente amor incondicional para aceptar la realidad del mundo.