Los héroes del invierno

Los héroes del invierno

18 de noviembre del 2010

Un carro verde, ruidoso y enorme, permanece parqueado en una esquina del barrio Los Cerezos, al occidente de la capital. Su conductor, Juan B. Ramírez, lleva 23 años y tres meses en la labor de destapar los caños, alcantarillas, ductos y canales de aguas negras y aguas servidas de la ciudad. Él hace parte del escuadrón de más de 500 personas que están en una especie de acuartelamiento para evitar que Bogotá colapse por cuenta del clima.

Juan B. recorre las calles las 24 horas del día en su camión, una aspiradora gigante de alcantarillas. En la última semana los bomberos han rescatado personas atrapadas en cuatro deslizamientos. En uno de ellos murieron dos personas. Los miembros de la DPAE han reubicado a más de 300 personas, y Juan B. y sus compañeros, a bordo de sus camiones, han destapado cientos de alcantarillas. Las cifras son alarmantes: el Ideam calcula que en noviembre hubo un día en el que cayó toda el agua de un mes. Las lluvias han sobrepasado los promedios de los últimos diez años. Hay tres mil personas damnificadas y más de diez mil llamadas a la línea de emergencias 123 han reportado eventos asociados al invierno.

Las gotas finas, como una lluvia de agujas, se hace gruesa. Arrecia. Juan B. y su equipo tienen que abrir un hueco en el pavimento, sacar el tubo fracturado y reemplazarlo. Luego deben probar que la reparación haya quedado bien hecha: sacan del camión una sonda que lanza un chorro de agua a gran presión para confirmar que el desagüe funciona. Él supervisa al equipo. Lleva cuatro horas de trabajo y parece que hubiera acabado de bañarse. La asepsia en su oficio es una obsesión, de eso depende no infectarse en las aguas negras de los caños bogotanos, ríos enteros de excrementos, basuras, gases y hasta cadáveres.

En otro punto de la ciudad, un grupo de rescate del Cuerpo Oficial de Bomberos trata de sacar tres carros que han quedado atrapados. El río Bogotá tapó la carretera. El nivel del agua está encima de los estribos de la máquina cisterna que intenta llegar al punto. Una vez allí sacarán a las personas y luego tratarán de remolcar los vehículos.  Y luego irán y vendrán una y otra vez por la zona inundada para impedir el paso. En invierno, si no hay deslizamientos o eventos en los que haya gente atrapada, los bomberos son los encargados de la prevención. Pero en este  noviembre han atendido en una semana tres deslizamientos en diferentes puntos de la ciudad, y otro en el municipio de La Calera.

Tres horas más tarde, Juan B., su máquina, su auxiliar y los hombres encargados del hueco en el pavimento terminan el trabajo. La salida hacia la calle 80 está libre de agua. Ahora se dirigen hacia otro punto del occidente de la ciudad para destapar otra alcantarilla obstruida. Si continúa lloviendo tendrán que ir a prestar apoyo al equipo de la Autopista Sur, que desde la mañana está tratando de limpiar una red que tiene varias casas inundadas. Eso en el mejor de los casos, porque en en el peor deben unirse a los compañeros que limpian los canales del Fucha. Esta tarde, Juan B. no se bañará a las 6 p. m. en las instalaciones del Acueducto, antes de salir para su casa. Es invierno y en invierno para estos hombres no cuenta el tiempo, sólo la lluvia.