Los niños que pondrán la Cumbia en Turquía

11 de abril del 2019

Estos jóvenes representarán a Colombia en un festival de folclor en Turquía.

Los niños que pondrán la Cumbia en Turquía

Diecinueve niños de la ciudad de Cali, conocida como la Sultana del Valle, representarán a Colombia en un festival de folclor en la tierra de las mezquitas, el tradicional postre ‘baklava’ y los sultanes, Turquía.

Luego de muchos ‘ires y venires’ y un gran esfuerzo para cubrir sus costos, los menores lograron viajar este martes para participar en el 41º Festival Internacional de los Niños TRT (41th TRT International Children’s Festival), que se realizará el próximo 23 de abril en la provincia de Samsun, al norte del país, y en Ankara, la capital.

Este macro evento, que se celebra desde 1979, es organizado por la Corporación turca de Radio y Televisión (TRT) y reunirá a cerca de mil personas, entre ellas 800 niños de entre 9 y 13 años de al menos 20 países.

Pero estos pequeños no pertenecen a una simple escuela de danza. Ellos hacen parte del Instituto Colombiano de Ballet Clásico (Incolballet), fundado hace 40 años y con el que nació la primera y única Compañía de Ballet en el país, y que creó además la Compañía de Danza Contemporánea, en 2015.

Jorge Enrique Vivas, director general de Incolballet, expresó su satisfacción porque una veintena de los 530 niños del instituto vayan hasta esta región del mundo a cumplir uno de sus sueños.

“Para nosotros es muy importante por esa connotación que tiene Turquía, considerada como la puerta entre oriente y occidente, y lo que ha representado en la historia del intercambio cultural entre Asia y Europa; y segundo, Turquía es un país que está abierto al mundo, entonces es una gran experiencia de aprendizaje para los niños”, le dijo Vivas a la Agencia Anadolu.

No obstante, señala el director, dicha experiencia también es para el profesor de sociales de la escuela, quien “además del trabajo que hará (allá), concentrará su pensum a través de esta gira para que los niños se interesen más en la geografía y la geopolítica”.

“No solamente es ir a presentarse, sino también ir a hacer todo un proceso pedagógico, que conozcan más de Turquía, del antiguo Imperio Otomano, de la cultura de ese país (…) es ir a aprender y tener un punto de vista más sólido” sobre cultura general.

Para Jorge Vivas, esta oportunidad también permite que desde ahora los estudiantes se empiecen a enfrentar a públicos grandes y al miedo escénico, para que cuando tengan 16 años logren dominar un escenario.

No obstante, los niños de Incolballet tienen un proceso de formación integral, pues además de teatro, música y otras asignaturas de artes, su programa de aprendizaje incluye las áreas básicas, como matemáticas, inglés, sociales o sistemas. Según el director, los pequeños interactúan con la danza todo el día.

“Ellos se cambian tres veces al día, lo único costoso es eso”, dice Vivas, quien explica que los estudiantes no pagan en el Instituto.

Los menores que deseen ingresar a Incolballet deben cumplir un proceso de selección y exámenes de diversa índole, como de condiciones físicas o rítmicas, por ejemplo, por lo cual se puede considerar un privilegio estar allí. Pero lo más asombroso de este Instituto y contrario a lo que establecen los imaginarios sociales, es que de los 530 niños que forma, el 90% pertenece a estratos 1, 2 y 3. Algunos son hijos de recicladores.

Además, cumple una importante labor social. Actualmente Incolballet está realizando un trabajo en un sector conocido como ‘El Calvario’, similar a El Bronx en Bogotá, epicentros de crímenes, prostitución infantil, desapariciones, microtráfico y ‘olla’ de drogas.

“Ahí estamos en un proceso de recuperación de niños; encontramos talentos, si podemos los traemos, los incorporamos y empiezan el proceso formativo. Obviamente nos toca hace un trabajo muy fuerte en temas como convivencia o disciplina. Pero la realidad es que para ellos, el primer año es muy traumático, porque se enfrentan a un modelo al que no están acostumbrados, de mucha disciplina, y aquí los muchachos son supremamente disciplinados”, relató a la Agencia Anadolu el director.

Por ello, esta escuela de ballet también es una opción para un proyecto de vida o para superar las difíciles condiciones económicas a las que se deben enfrentar muchos niños y jóvenes en el país cafetero. Jorge Vivas confirma que justamente ese es un propósito de la escuela desde que fue fundada por la bailarina cubana Gloria Castro, quien está radicada en Cali, y mencionó el caso del coreógrafo Fernando Montaño, oriundo del municipio de Buenaventura, Valle del Cauca, uno de los principales puertos en el pacífico de Colombia.

“Como él tenemos muchos egresados que han salido de condiciones económicas muy difíciles y que gracias a este proceso, se han formado, profesionalizado y hoy viven de la danza”, subrayó.

Pero sumado lo anterior, Incolballet también ha contribuido a una transformación cultural, pues esta expresión artística antes era un mito en la sociedad caleña y vallecaucana porque tenía una “connotación elitista”, pero “contra viento y marea” su fundadora, la maestra Castro, lo acercó al pueblo.

Según relató Vivas, a finales de la década de los 80, la entonces directora de la Compañía Colombiana de Ballet llevó a cabo un proyecto que consistió en unir el ballet con la salsa, ‘Barrio- Ballet’. En aquel tiempo, clásicos de la salsa como ‘Cali pachanguero’ fueron interpretados “en puntas”, es decir, con la técnica del ballet, un hito que cambió la historia de este ritmo en la ciudad a tal punto, que muchos de los egresados de Incolballet empezaron a montar sus propias escuelas de salsa.

“El diamante en bruto que tenemos ha venido formando bailarines y formando su proyecto de vida, e inclusive transformando la ciudad”, añadió.

A pesar de todo lo anterior, lamenta el director, “no todo el mundo conoce” este instituto caleño que educa más de 500 pequeños, de la que dependen dos compañías (la de Ballet, con 30 bailarines, y la de Danza Contemporánea, con 15 miembros), y que como muchas otras escuelas de arte, cuenta con dificultades financieras para apoyar plenamente a sus alumnos en eventos como el de Turquía.

Por ejemplo, el viaje de estos niños caleños a este país estuvo a punto de verse frustrado por falta de recursos, pues aunque TRT cubría los viáticos, sólo los costos de los tiquetes desde Colombia ascendían a COP 86 millones (poco más de USD 27.500), de los cuales la representación colombiana en Turquía aportó unos COP 18 millones. El resto dependía de los padres y la Asociación de Padres del Instituto. Por fortuna, cinco días antes del evento, gracias a una serie de actividades realizadas por ellos lograron conseguir el valor restante.

Antes de su presentación en el festival, el 23, los niños participarán en actividad para conmemorar el sexenio del establecimiento de las relaciones entre Colombia y Turquía.

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