El hijo de los reyes decapitados que estuvo en Colombia

El hijo de los reyes decapitados que estuvo en Colombia

11 de Enero del 2014

En la provincia del Gualivá, a cincuenta y dos kilómetros de Bogotá, en el camino que conduce hacia Villeta, llegando al que es conocido como el Alto de las Minas, se ubica la población de San Francisco de Sales. Aunque no es una de las más pobladas, en los últimos años el municipio ha sido receptor de turismo por su clima, la presencia de más de treinta especies de colibrí y lo que se ha convertido en una leyenda, con descendientes vivos y con un hálito de misterio.

Esta es la historia del que se cree fue el hijo exiliado de los reyes Luis Augusto de Francia, más conocido como Luis XVI y María Antonieta de Austria, decapitados ambos a finales del siglo XVIII con el estallido de la Revolución Francesa. Dice la leyenda, que en los orígenes del actual municipio se encuentra inmiscuida la historia de un monarca francés camuflado, que vivió en la Nueva Granada, que fue uno de sus fundadores y que dejó descendientes para atestiguar esta historia.

Cuenta la religiosa Aracely, hermana de la presentación, de 98 años de edad, confinada en el ancianato de San José de Bogotá hacia el año 1970, un relato que fue recopilado por la Hermana María Sofía de la Paz, que recoge lo que oyó de los labios de la anciana, cuyo nombre de bautizo es María Francisca Convers Codazzi. En dicho relato la hermana Aracely dice que su abuelo, quien aparece en la historia de los anales del municipio de San Francisco como su fundador, fue en realidad el Delfín Luis Carlos de Borbón, refugiado en Colombia bajo el seudónimo de Francisco Convers.

Por increíble que parezca, nuestro país no es el único lugar donde alguna vez se ha hablado de la supervivencia del hijo de Luis XVI y María Antonieta ya que han aparecido más de 200 personajes que se han atribuido su identidad. Algunos fueron desenmascarados, otros condenados a muerte y otros reivindicados de manera parcial. Pero siempre acompañados de un hálito de misterio.

La “historia oficial”

El paradero de Luis XVII de Francia ha sido una de las incógnitas de la historia más intrigantes y perdurables en Europa. El mito ha dejado cientos de publicaciones y estudios y un gran número de pretendientes al trono francés por más de dos siglos.

Luis Carlos de Borbón, también conocido como Duque de Normandía, nació en Versalles un 27 de marzo de 1785 y se convirtió en Delfín de Francia y heredero al trono debido a la muerte de su hermano mayor. Con el estallido de la Revolución Francesa en 1789 y luego de llevarse a cabo la primera etapa revolucionaria, Luis XVI, el rey fue obligado a firmar la Constitución Civil del Clero, pero en realidad no estaba de acuerdo con su contenido, se dice que la aceptó por temor a la Asamblea.

Poco después, el 20 de junio de 1792, la muchedumbre alzada en armas atacó por primera vez las Tullerías, que era el lugar donde primeramente había sido obligada a vivir la familia real. Aunque en esa ocasión, la asamblea junto con Petión, el Alcalde de París, disuadieron a la multitud de entrar violentamente, muy pronto, el 10 de agosto del mismo año, una nueva insurrección popular se tomó el gobierno municipal de la capital y se estableció la comuna rebelde. Esta organización ejerció una presión constante sobre la asamblea exigiendo el destrone del rey.

Este acontecimiento marcó la caída definitiva de la monarquía. El rey fue tomado prisionero junto con su familia y encarcelado en la prisión del Temple de París. Muy pronto fue la familia fue separada, y el rey y la reina condenados sucesivamente a morir guillotinados, al igual que Madame Isabel, hermana del rey.

Después de que Luis XVI y María Antonieta fueran guillotinados, el pequeño niño de tan solo 8 años de edad y su hermana mayor, María Teresa, fueron confinados a las mazmorras de la prisión del Temple. La historia oficial cuenta que el niño, encarcelado en la oscuridad y en el aislamiento en una celda sucia, muy pronto contrajo tuberculosis y murió el 8 de junio de 1795 en los brazos de su tutor. Se le sepultó en el cementerio de Santa Margarita de París, sin indicativo alguno de que allí reposaba, excepto por una gran “D” de Delfín que fue pintada en el ataúd.

Su certificado de defunción y otros documentos que corresponden al informe de la autopsia que se le practicó, así lo atestiguan. Su médico personal, el doctor Philippe – Jean Pelletan, es testigo de ojo, y quien realizó la disección y cuyo informe consignó en un documento escrito a mano,  en secreto tomó el corazón del niño, lo envolvió en un pañuelo y se lo llevó en un bolsillo sin ser visto. Luego lo guardó en un frasco de vidrio en su estantería, y se dice que originalmente fue conservado en alcohol. Hoy en día tal “reliquia” reposa en el templo de Saint Dennis a las afueras de París.

Maria Antonieta, Kienyke

María Antonieta, la madre de Luis Carlos de Borbón.

Otras versiones

Las fuentes escritas referentes al asunto constituyen un largo compendio. Una de las primeras informaciones aclaran que el sólo hecho del encierro y la falta de aseo, no fue lo que causó la enfermedad del delfín. Múltiples relatos, incluso el de la Hermana Aracely, cuentan que el niño fue entregado al cuidado de un zapatero de nombre Simón, quien le propinaba malos tratos. El niño o bien habría enfermado gravemente por causa del continuo maltrato, o habría sido auxiliado por “Dionisia”, una lavandera de palacio que sacó al niño escondido entre ropa y lo llevó a su casa, como cuenta la Hermana Aracely.

Informes posteriores a la fecha del 8 de junio de 1795 -día de la supuesta muerte del infante- difundieron el rumor de que el cuerpo que había sido enterrado no era el de Luis XVII y que se le había hecho desaparecer vivo por simpatizantes y se hacía creer que había muerto, usando el cuerpo de otro niño en su lugar.

Para descartar muchos escritos inexactos o que toman algún partido, se ha considerado que uno de los estudios más fiables es el del ingeniero Paul Sainte-Claire Deville, quien junto a Robert Herly, reorganizó y ordenó los documentos de un fondo que había permanecido en manos alemanas, y que fue devuelto formalmente a Francia en 1920, como parte del acuerdo del Tratado de Versalles. El trabajo de reorganización de dichos documentos se realizó bajo la supervisión de la Escuela de Minas de París y con la aprobación de los Archivos Nacionales[1]. Éste es un trabajo historiográfico muy respetable ya que no se dedica a demostrar una única respuesta en sí misma sobre la muerte del delfín, sino que en el transcurso de la investigación, con distintas pruebas documentales y de análisis político coyuntural de la época, se van descartando una a una las demás posibilidades.

La tesis de Sainte-Claire Deville, en su obra A la recherche de Louis XVII, es que resulta indudable el hecho de que el delfín fue “evadido” de la torre del Temple.

Analiza la “evasión” o escape del pequeño rey desde la perspectiva de los intereses que éste suscitaba en uno y otro bando: demuestra cómo desde el lado de los contrarevolucionarios, es decir de quienes eran fieles al régimen monárquico, no sólo en Francia sino en varios lugares de Europa fueron diseñados y comandados distintos planes para lograr la fuga de Luis XVII del Temple. Entre los aliados resalta al general Puisaye, quien con la benevolencia y el apoyo de nobles británicos y posteriormente de la corona española, se puso a la cabeza de ésta misión, pero finalmente fue traicionado, fallando el plan orquestado desde este bloque.

A pesar de que la fuga no se dio en los términos planteados por Puisaye, puede demostrar el suceso de un misterioso cambio de guardias del Temple, en una fecha muy cercana a la declaración de la muerte del delfín, lo cual constituye la cuartada perfecta para la evasión y suplantación. Sostiene que introdujeron en el Temple a otro niño fingiendo que era el rey, mientras se resguardó al verdadero. Según Sainte-Claire, el pequeño monarca fue rescatado, pero nunca reclamó su derecho como rey de los franceses porque quienes lo resguardaron –contrarrevolucionarios- muy probablemente esperaron sin resultados el momento en que la monarquía fuera reivindicada, para sacarlo a la luz y usarlo como ficha política en pro de sus intereses de ocupar lugares de prestigio y de poder. Pero el contexto jamás volvió a ser propicio para el plan que tenían los realistas.

Otra perspectiva del mismo autor resalta el hecho de que también pudo ser desaparecido por los propios revolucionarios, en complicidad con los dirigentes de la Comuna de París. Se cuenta que Chaumette d’Hebert, revolucionario al mando de grandes masas, fue quien designó a Antoine Simon, un zapatero borracho, que era uno de los jacobinos más exaltados, y quien fue recomendado para este trabajo por Marat y Robespierre. Se le confió la misión de transformar al pequeño en un buen ciudadano de la nueva república, aunque se habla más de un intento de lavado de cerebro y de humillación.

Según esta versión, el niño era obligado a cantar canciones revolucionarias y La Marsella en voz alta para que los guardias lo escucharan. Se le enseñó también a maldecir a la familia real, a la aristocracia y blasfemar y fue obligado a beber y a dormir con prostitutas y por lo cual se contagió de una enfermedad venérea. Se dice que sufrió de diarrea continua, y como efecto de las amenazas de Hébert con la guillotina, sufrió de desmayos. Finalmente, le hicieron firmar una declaración admitiendo que su madre le había enseñado a masturbarse y que se había acostado con ella; así, su testimonio se utilizó en el juicio en que la reina María Antonieta fue condenada a muerte.

Cuenta también cómo la mayoría de los impostores fueron fácilmente desechados, con la salvedad de Karl Naundorff. Este personaje publicó las “Memorias del duque de Normandía” (1831) y “Las revelaciones sobre la existencia de Louis XVII” (1832). Luego de intentar en vano de ser recibido en Praga por la duquesa de Angulema –su supuesta hermana- apareció nuevamente en París en 1834 e intervino en el juicio que le hacían a otro delfín falso. En 1836 fue expulsado de Francia y sus papeles fueron incautados por la policía de Luis Felipe. Finalmente se instaló en Delft, Holanda, y a su muerte su certificado de defunción y el registro se hicieron a nombre de Luis XVII.

Finalmente, la tercera y última hipótesis de Sainte-Claire, es la de la fuga hacia algún país suramericano, hipótesis acerca de la cual no dice mayor cosa, pero es el punto donde retomamos nuestra historia. Aún así, la importancia de este estudio es que su tesis fundamental asegura que la historia tradicional de la muerte en el Temple es absolutamente mentira.

Tercera hipótesis: refugiado en Suramérica

Louis Charles of France, Kienyke

Luis Carlos de Borbón, Luis XVII

La tercera hipótesis de Sainte-Claire, sobre la fuga hacia Suramérica, a pesar de no tener mayor argumento, ha tenido resonancia en dos lugares: la ciudad de la Plata, en Argentina y San Francisco- Cundinamarca, en Colombia. En La Plata apareció un enigmático personaje, al cual se le ha atribuido la identidad del delfín. Se trata de Pierre Benoit y según la historia que cuentan sus descendientes, luego de la evasión, creció en una casa de familia de pescadores de Calais, al norte de Francia en donde fue formado por maestros particulares en las artes de la navegación, la arquitectura y la pintura.

Se dice que llegó a Buenos Aires en 1818 a bordo de una goleta francesa, portando una carta de recomendación firmada por el mismo Napoleón Bonaparte. Usó siempre el apellido de su familia adoptiva y solía dar una fecha de nacimiento diferente cada vez que le preguntaban; casi nunca dijo el nombre de sus padres y les tenía prohibido a sus cercanos que se le preguntaran sobre su pasado. Aunque Pierre Benoit ciertamente sobresalía entre el común de la gente de su tiempo no sólo por sus finos modales, sino por su gran conocimiento en historia y geografía europea, y por hablar a la perfección francés, inglés, castellano y alemán, nunca dijo ser heredero de la corona francesa. Uno de sus bisnietos encontró entre los dibujos de su bisabuelo las iniciales L.C.R.F.P.B. y en 1941, publicó el libro “¿Luis XVII murió en Buenos Aires?”[2] en el cual interpretaba las iniciales halladas como: “Luis Carlos Rey de Francia, Pierre Benoit”, que en francés puede escribirse con las mismas letras.

¿Un monarca francés en Colombia?

En nuestro país el cuento no es nuevo y varios investigadores han dedicado sus esfuerzos a probar distintas hipótesis. Es el caso de las investigaciones de José María Restrepo para la primera mitad del siglo XX y su continuación por el doctor Roberto María Tisnés a finales de siglo. Tisnés retoma de Restrepo un riguroso estudio genealógico del apellido Convers en Colombia tratando de reconstruir la tradición granadina sobre el delfín encubierto bajo el nombre de Francisco Convers, lo que requirió aclarar su lugar en las genealogías santafereñas. Además es quien encuentra y explora el testimonio de la Hermana Aracely, con base en el cual busca coincidencias con los documentos encontrados.

El relato de la Hermana Aracely, Maria Francisca Convers, nieta del señor Francisco Convers, cuenta cómo luego de haber sido sacado en secreto entre la ropa sucia, el pequeño rey fue solicitado posiblemente por el noble Arganil a Dionisia. Dice que éste compró un barco en el que trajo al pequeño delfín hasta California, donde lo trató con cariño y respeto. Pero argumenta que allí había muchos franceses, y siendo el niño ya adolescente muy parecido a su padre, temió que lo reconocieran. Entonces vino con él a Bogotá hacia el año de 1811. Cuenta la hermana que Arganil, el protector de su abuelo, se presentó incluso ante Simón Bolívar para hablarle del joven Luis Carlos, pero el Libertador, luego de escuchar unas pocas frases, pidió que lo sacaran y lo trató de “loco”, momento en el cual, Arganil, haciendo una reverencia le contestó sereno: “No es necesario sacarme, si estorbo, me voy”, y cortésmente salió.

Como también intentó sin éxito ser atendido por el general Santander, terminó por escribir de su puño y letra la vida entera del joven. Lo entregó en un sobre que tenía escrito: “Para abrirlo el 21 de enero de 1893 [3], ante las autoridades del lugar” al tribuno José Acevedo y Gómez. Luego pasó a manos de la señora Eusebia Acevedo, hija del prócer. En la actualidad se desconoce el destino de dicha documentación.

El rastreo de Restrepo incluyó una pesquisa a través del contacto con un clérigo francés, el obispo de Balley, al cual es encomendada la tarea de colaborar en la investigación para hallar la partida de bautismo de Francisco Convers, natural de St. Etienne, que correspondería más o menos al año de 1794 [4]. En correspondencia hallada, fechada el 19 de septiembre del mismo año, se encuentra la respuesta del Obispo de Balley con documento adjunto que corresponde a la partida de nacimiento de Denis Francois Convers, la de matrimonio de sus padres y la de defunción de su abuelo. El resultado de esta pesquisa revela que el apellido Convers de Francisco, viene de su madre adoptiva, quien sería, según la narración de la Hermana Aracely, quien lo salvó del encierro.

De su vida en Colombia, se conoce que se enamoró de María Francisca Josefa de los Dolores, hija del español Narciso Sánchez del Guijo, con quien posteriormente contrajo matrimonio. Cuenta la tradición oral que Francisco, al pedir la mano de Maria Francisca, su padre le pregunta ¿a quién entrego mi hija… quién es usted?, a lo cual Francisco respondió que lo diría, pero únicamente bajo sigilo sacramental. Luego de eso, en confesión con un sacerdote dominico, Francisco reveló su secreto. El sacerdote, que luego se entrevistó con el padre de la novia, pronunció la frase: “No podrá tener mayor honor en su casa.” Así sucedió la unión marital, de la cual se ha hallado el documento del 24 de junio de 1833 de la parroquia de San Victorino en Bogotá.

Los esposos Convers-Sanchez, han aparecido como propiciadores y fundadores de la parroquia que se levantó en el lugar de San José de Chinga Caliente, hacienda que correspondió a la encomienda de dicho nombre en tiempos de la colonia. En el año de 1828, la señorita Francisca Sánchez la adquirió por compra al señor Pedro Pulido. Otros documentos como la “Monografía del Municipio de San francisco de Sales”, tiene un dato adicional, que también procede de la tradición oral del municipio en que se conoce que el señor Francisco Convers llegaría por primera vez a dicho lugar entre los años de 1840 y 1850, cuando trabajó como mayordomo de la Hacienda San José de Chinga Caliente, propiedad de su esposa. No obstante, era él quien permanecía en la hacienda. Los esposos, efectivamente aparecen en los documentos de la erección de la parroquia firmando como donantes de las cinco fanegadas de tierra que ofrecieron para la construcción de la iglesia, la casa cural.

Cuenta la tradición oral, que don Francisco recibía constante correspondencia de Francia, y que en alguna ocasión vino un personaje que sólo se dirigía a él de pié y con el sombrero en la mano. Luego de su muerte, el 21 de enero de 1893, cuando la religiosa que relata tendría unos 21 años, Eugenio Convers, hijo de los esposos Convers-Sánchez y padre de María Francisca, la Hermana Aracely, reunió a su familia y les confió el secreto de su padre. Se dice que el secreto fue confiado por el padre dominico que lo habría confesado antes de su boda, en su lecho de muerte a sus hijos, reunidos todos en el antiguo convento de Santo Domingo, el día de la muerte de su padre.

Maria Antonieta, Kienyke

María Antonieta y sus hijos

San Francisco, la pequeña patria francesa en Colombia

Muchos de los descendientes de Francisco Convers han sido reconocidos por sus grandes logros. Para nombrar sólo dos de los más conocidos están el señor Carlos Manrique, bisnieto de Amelia Convers, hija de los esposos Convers-Sánchez, a quien se debe el establecimiento de la Ferreria de “La Pradera”. La primera empresa en su tipo que prestó servicios para la agricultura y la naciente industria.

También está Francisco Convers Codazzi, hijo de Eugenio Convers y Constanza Codazzi, un reconocido médico e investigador que ha contribuido al estudio del puerperio fisiológico. También hay entre los sucesores del matrimonio Convers-Sánchez, militares que han honrado con sus servicios a la patria.

Vale entonces reconocer tanto su labor en la fundación del municipio, como en el mantenimiento de un hogar feliz que fue bendecido con nueve hijos.

FUENTES

“The Reeducation of The Dauphin”. Mircea Platon. (2004) (en rumano)

The Lost King of France: How DNA Solved the Mystery of the Murdered Son of Louis XVI and Marie Antoinette by Deborah Cadbury (Oct 23, 2003)

El delfín de Francia en la Nueva Granada. Roberto María Tisnés, (Ministerio de Relaciones Exteriores). [Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Colombia, 1990 V83 N549 ene-mar P94-115]

Les sources manuscrites de l’histoire des mines à la Bibliothèque de l’École des mines de Paris. 2008. Marie-Noëlle Maisonneuve.

A la recherche de louis XVII, 1945. Paul Sainte-Claire Deville.

Genealogias de Santa Fe de Bogota, Volumen 1. José María Restrepo Sáenz & Raimundo Rivas. Librería colombiana, 1928.

González B, Jesús Jacobo (1994), Semblanza del Municipio de San Francisco de Sales. Bogotá.

Ossa, Peregrino (1949), Monografía del Municipio San Francisco de Sales: Cundinamarca. Bogotá.

EL HERALDO. Bogotá 15 de julio de 1891  (No. 105. Pg. 2) “Ferrería de “La Pradera”


[1] Los archivos de la época francesa del Sarre son un hermoso conjunto de documentos no muy conocidos y mucho menos explotados, correspondientes a los años desde 1795 hasta 1815.

[2] Federico Zapiola. ¿Luis XVII, murió en Buenos Aires?: hechos y sugestiones extrañas. L. Z. de Saravia, J. M. Zapiola, 1991.

[3] Esta fecha correspondía con el centenario de la muerte trágica de los reyes.

[4] Correspondencia de José María Restrepo del 26 de Agosto de 1948. (Citado en Tisnés, 1990. P.p. 106).