Mábel Lara: ser negra es una decisión

Mábel Lara: ser negra es una decisión

8 de marzo del 2019

Aunque Mábel Lara no trabaja por premios, seis India Catalina, un TVyNovelas y un Simón Bolívar la reconocen como una de las mejores presentadoras y periodistas del país. Todo, absolutamente todo lo que hace, lo hace con pasión. Así es su vida: apasionada; y lo es -según me lo dice- porque por sus venas corre sangre del Pacífico, región que la vio nacer.

“Ser pacífico, es ser visceral, es ser apasionado, es ser amante de las tradiciones y de las familias. Es ser y estar cargado de emotividad. Somos intensos: amamos con intensidad y quienes odian lo hacen también con intensidad”, esa es la descripción de Mábel y la suelta, como casi todo lo que dice, acompañada de una sonrisa sincera que deja al descubierto sus dientes, que son tan blancos como pequeños copos de nieve.

La cita fue en su casa, una propiedad metida entre las montañas del noroccidente de Bogotá. Al calor de un tinto fresco, preparado por ella misma, empezamos una entrevista que no tiene otra intención que conocerla y rendirle un homenaje a la mujer colombiana.

Podemos comenzar por contar que no quería ser comunicadora social. Quería ser abogada. Fue su madre, doña Hilda Dinas, licenciada en Literatura, quien la convenció de inclinarse por la comunicación, carrera que estudió en la Universidad Santiago de Cali, en Cali, y de la que se graduó en 2002.

Tampoco quería ejercer como periodista. La profesión la iba a inclinar por lo social y organizacional. Pero su tozudez y el camino que le tenía trazado el destino la llevaron sin remedio alguno a los medios de comunicación.

Fotos: Daniel Eduardo Rojas Sánchez.

En medio de conversaciones entre amigos, sus compañeros de clase siempre decían “aquí, por ser las más bonitas, las únicas que pueden hacer o llegar a la televisión, como presentadoras, son estas y estas”. Mábel nunca estuvo en esa lista. Sus compañeros de clase no creían en que una negra podía llegar a la presentación de noticias. Se equivocaron.

“Dentro de mí decía ‘no puede ser que por lo que te tocó ser te definan la ruta de tu carrera profesional. Desde ese momento, muy calladita, ser presentadora de noticias, se me metió como una obsesión. Se me volvió un reto profesional”.

Mientras que a pocos sorbos se toma el tinto, sentada en un sofá de la sala, mirando de vez en cuando a las cámaras de video y otras al fotógrafo, me cuenta que el primer contacto con los medios lo tuvo en 2002, cuando una compañera de clase, que había conseguido una práctica laboral con Caracol Radio no pudo tomarla porque le faltaban algunas materias para ejercerla y terminó cediéndosela y que sin muchas ganas la aceptó.

“Me fui metiendo poco a poco y me enamoré del periodismo y la reportería”.

Con la Universidad del Valle fue su primer contacto con la televisión; pero fue detrás de cámaras, en un programa de periodismo ciudadano. Marino Millán, un reconocido periodista de Cali, la invitó meses después a ser parte de un programa deportivo. Sería “la mujer buenona” que daba las noticias ‘light’ del mundo deportivo, pero no se quedó siendo una ‘figurita’ decorativa. Por su terquedad y sentido de crecimiento siempre iba más allá, estudiaba el contexto social, económico o político de los temas a tratar, y terminaba dando información realmente interesante. Fue así como se dio a conocer en la televisión del Valle del Cauca. Negra, bien hablada, buen registro y bien informada. Llamó la atención, pero el reto aún estaba lejos.

Escuche detalles de la vida de Mábel Lara:

La llaman de Telepacífico para ser parte de un equipo del programa ‘Nuestra Herencia’ -lo más bello que ha hecho en la vida, según lo dijo-. Era un programa de investigación musical que rescataba las tradiciones musicales, con los cultores de las regiones del Cauca, Valle, Nariño y Chocó. Fue con este programa que la desconocida reportera Mábel Lara y el resto del equipo ganan un premio de periodismo Simón Bolívar. Además es en este proyecto que conoce al amor de su vida. Historia que también tardó en hacerse realidad.

Fotos: Daniel Eduardo Rojas Sánchez.

En el mismo canal regional le dan la dirección del programa ‘Espejo Contigo’ y es allí donde conoce a Mauricio Gómez, hijo de líder político asesinado Álvaro Gómez Hurtado. Mauricio, su entrevistado de aquella tarde, fue el hombre que le dio el empujón para que el sueño empezara a materializarse.  “Él es mi mentor”, lo dice con un tono de cariño.

-¿Usted por qué no está en Bogotá?

-Porque no me han llevado

Gómez le pidió una carpeta de presentación profesional con fotos y videos, para mostrarla en la capital. Después de largo un tiempo no pasaba nada así que Mábel tomó el ‘toro por los cuernos’ y llamó al periodista, quien le dijo “Mándame imágenes que ahora mismo estoy en Caracol”. Tres días después Mábel Lara estaba siendo contactada por Caracol Televisión. El reto ya no estaba tan lejos.

Raíces

Cambiando de entorno, estando ahora en un su oficina privada, donde en las tardes le gusta, al calor de la chimenea, sentarse a escribir, a leer, a pensar, a estudiar, me cuenta sobre su origen, tema que con el que se le escucha un tono de orgullo y empoderamiento.

Mábel Lara Dinas nació en Puerto Tejada, Cauca, un pueblo de negros campesinos, que era conocido como el pueblo cacaotero más importante del país, a donde a mediados del siglo XX llegaron varias familias foráneas a hacer vida y futuro, una de ellas los Lara, unos opitas blancos de raíces antioqueñas.

Javier, hijo de los Lara, un mono ojiverde, puso los ojos en Hilda, hija de los Dinas, una negra como el ébano. La diferencia de pigmento fue solo eso, algo que nunca importó, porque en aquel pueblo de calles polvorientas no había distinciones de color. El amor entre Javier e Hilda se selló en el nombre de Dios, en la iglesia de Caloto (Cauca). Llevan casados 40 años.

Mábel es la segunda y última hija de la familia Lara Dinas. María Fernanda, su hermana, es cuatro años mayor. Cuando habla de Mafe se enternece y dice que ella, a quien molestaba de niñas y a quien le hizo partir un diente, por hacerle zancadilla, hoy en día es su mejor amiga, su polo a tierra, su segunda mamá. “Nos amamos. Ella es mi compañera”.

Cuando Mábel tenía 5 años, la señora Hilda, quien mandaba en casa, decidió vender todo y llevarse a la familia para Cali, la ciudad capital donde había más futuro para el desarrollo de sus dos hijas. “En Cali hicimos nuestra vida”.

Mábel me cuenta entre risas que en el colegio aunque era desjuiciada, fue toda una nerd. También me cuenta, mientras se lleva las manos al rostro, que de niña era insoportable, que nadie se la aguantaba, tanto así que sus primitos se escondían cuando llegaba de visita a casa de sus tías.

Fotos: Daniel Eduardo Rojas Sánchez.

Mábel tiene el pigmento blanco de su padre y el pigmento negro de su madre. Es una mezcla perfecta entre ellos dos. Es una bella mulata. Su color de su piel, como ella misma lo dice, es ‘café con leche’ y en los años de bachillerato empieza a preguntarse qué es ella: si es blanca, café con leche o negra y la pregunta se la trasladó a doña Hilda, quien en vez de responderle con palabras le regaló el libro ‘La historia del negro en Colombia’. Cuando Mábel cerró aquel libro, tenía clara su inquietud: Mábel Lara no es blanca. Mábel Lara no es mulata. Mábel Lara es negra.

Sonríe una vez más y retoma: “Yo decidí ser negra. Los blancos lo tienen todo, tienen más privilegios, en cambio los negros no. Tomé la decisión de ayudar a los negros y a sentirme parte de los negros. El tema de la negritud es un tema de identidad, no es un tema de pigmentación, de color. ¿Porque tú eres de este color eres negro?, no señor. Conozco gente de color azul azabache y no se siente negra. Es que sentirse negra es entender la vida de una manera particular”, y sentencia su interesante argumento con la frase,  “yo lo decidí no me lo impusieron”.

El reto se hace realidad

En 2008 la llama Juan Esteban Sampedro, directivo del Canal Caracol, y le dice que la llevan buscando varios días. Le envían tiquetes y llega a la fría Bogotá a entrevistarse con Paulo Laserna, quien era el presidente del canal y con Camilo Durán, quienes le dijeron que iría para ‘Día a Día’, el programa mañanero del canal, pero Mábel no se sintió cómoda con la propuesta y por ser como es, contestataria y una mujer que dice lo que piensa y lo dice de frente, hizo una contra propuesta.

“Le dije a Lucía Madriñán (en ese momento codirectora de Noticias Caracol) que mi formación era periodística y no en entretenimiento. Le dije que no quería entrar a ‘Día a Día’, que me dieran la oportunidad en el noticiero”.

Laserna, Durán, Madriñán y Darío Fernando Patiño se reunieron un momento a solas y cuando terminó la reunión, la negra Mábel Lara era la presentadora de la emisión de fines de semana del noticiero más visto en televisión colombiana. El reto se hizo realidad.

“Apenas me senté en el set fueron los ataques a Raúl Reyes y pasaron otras cosas más en el país. Mi fortaleza fue el directo. Cuando estaba en Telepacífico me leía libros enteros sobre los temas que tenía que tratar y con esa información podía durar hasta tres horas en directo y tenía de qué hablar”.

Cuando entra a Caracol llevaba dos años casada con César Galvis, productor de televisión y quien era su jefe en Telepacífico, con quien duró cinco años de amigos, uno de novios y con quien hoy lleva 13 de casada. A los 15 días de estar sola en Bogotá lo llama y le sentencia “esto es muy duro, si usted no se viene, nos separamos”. Cesar dejó todo en Cali, empresa y negocios y llegó a la fría capital para acompañar a Mábel en la ruta de su sueño.

Fotos: Daniel Eduardo Rojas Sánchez.

Al preguntarle quién es César, me mira, sonríe y me responde: “Es mi partner de viaje, quien además está guapísimo”. La familia se terminó de completar en 2005, cuando llega Luciano, el primer y único hijo de los Galvis Lara.

Duró nueve años en Caracol, al cabo de los cuales renunció para irse a Cali. Estaba cansada laboralmente, tenía un hijo de tres años al que quería dedicarle más tiempo y a César le propusieron un buen trabajo en la capital vallecaucana. Mábel quiso devolver las atenciones que él tuvo para con ella al dejarlo todo e irse a su lado cuando Bogotá le abrió las puertas. Ahora era ella quien se iba al lado de su esposo para acompañarlo en los pasos profesionales.

Tiempo después sintió que haberse ido para Cali había sido detener su ascendente carrera profesional y que todavía había mucho qué lograr a nivel nacional. Por esa época Noticias Uno la buscó y le hizo una propuesta que no pudo rechazar: le dicen “véngase para acá, siga viviendo en Cali y trabaja los fines de semana. Tiene presencia nacional y de lunes a viernes es suyo”. Abre los ojos y me dice -Imagínate, yo criando un hijo con mi esposo en Cali… ¿Qué? dónde le firmo-.

Estaba feliz viajando, porque es una de los planes que más le gusta en la vida, pero llegó un momento en que su presencia en la fría capital era muy necesaria, estaba viajando hasta cuatro veces en la semana y estaba agotada. En familia tomaron la decisión de que ella regresara a Bogotá con su hijo, mientras su esposo termina algunas cosas en Cali. Está en la fría capital desde hace seis meses.

Fotos: Daniel Eduardo Rojas Sánchez.

Hoy en día trabaja en Noticias Uno los fines de semana y en La Luciérnaga los viernes. Está haciendo una Maestría en Estudios Políticos e Internacionales en la Universidad del Rosario y tiene todo el tiempo para hacer lo que ahora más ama en la vida: ser mamá.

Esta entrevista termina en la otra biblioteca de la casa: la familiar, donde orgullosa le muestra a la cámara que la sigue qué se ha leído y qué no, donde orgullosa muestra sus premios de periodismo, donde orgullosa muestra la música que le gusta y desde donde recalca que es negra, que es muy negra y muy de su tierra, tanto que quisiera morir sobre una hamaca, con un vaso de whisky en la mano y frente al mar Pacífico. Ella es Mábel Lara.