Mandíbula tiene Alzheimer

Mandíbula tiene Alzheimer

18 de febrero del 2016

Por: @jcmentefacto

Sus ojos conservan la claridad de la que cada vez más adolece su mente. Habla bajito, despacio y responde con monosílabos. A veces puede construir una frase, cuando lo hace, es un comentario gracioso. Aún tiene la facultad de hacer reír.

Marcelino Rodríguez, más conocido como ‘Mandíbula’, llora por no ser el mismo que era hace menos de tres años antes de que lo atacara el Alzheimer. “Me duele el alma”, comenta.

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Haber trotado y jugado fútbol (era defensa central) durante muchos años, le salvó la vida. El deporte hizo del corazón su músculo más fuerte.

Ha sobrevivo a tres infartos; aunque Hugo Patiño, su compañero durante más de 30 años en Sábados Felices, diga que son más “porque también se ha infartado cuando se ve al espejo”.

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Lo de feo es solo fama. Su esposa, Olga Luía Gloria Grajales, recuerda que desde que eran novios le ha tenido que espantar las mujeres que han querido meterse en la relación. No son pocas. “Solo cinco”, dice Marcelino. “Por ahí pasó la cuenta”, comenta Gloria.

Y son más porque cuando a ‘Mandíbula’ le llegó la fama le llovieron las mujeres.

“Llamadas anónimas me hostigaban, me decían que él tenía otras mujeres e hijos por fuera de esta relación, que lo dejara ser feliz con su esposa verdadera”.

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Marcelino Rodríguez y Gloria Grajales llevan 43 años de casados. “Si él se va, todos nos morimos”, dice. 

Es como una tragicomedia. Aunque Gloria recuerda que en su momento eso le causó dolor, hoy se ríe y lo hace a carcajadas. Con entonado acento paisa, esta pereirana cuenta cómo le respondía a los anónimos que llamaban a perturbar su existencia.

“Yo amarrado no lo tengo. Si él se quiere ir tiene la puerta abierta”. Nunca lo hizo. Llevan 43 años casados, uno más que Sábados Felices.

“Siempre he dicho que de puertas para fuera es el artista, la cara chistosa y lo que quieran decir, pero de puertas para adentro es mi señor, el esposo, el hombre que no toma, ni fuma, el padre que nunca ha faltado con sus responsabilidades”, reflexiona.

Pero pasa que las llamadas anónimas resultaron ser ciertas. Con la señora Gloria tiene cuatro hijos (Olga, Carlos, Shana y Jhon) pero en total ‘Mandibula’ tiene nueve.

“Nos vinimos a conocer todos (hijos y otras mujeres del humorista) allá en la clínica cuando le dieron los infartos”, se ríe, y una vez más a carcajadas. Su personalidad, arrolladora y simpática da para todo, hasta para hacer un chiste al respecto.

“Me decía que le alistara la maleta porque se iba para un sho (sic, para show), volvía a los ocho días y se iba para otro sho (sic); lo que nunca me imaginé era que se fuera para un choque de ombligos”.

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Mandíbula siempre fue malo para acordarse de los libretos, por eso, en un principio lo único que tenía que decir en cámara era: “Sí”.

Cuando se casaron se prometieron amor en la salud y en la enfermedad y sobre todo por esto último, es que la señora Gloria sigue con él. “No es fácil pero desde que haya amor uno sabe superar eso; porque con el amor yo aguanté”.

‘Yoyita’, como Marcelino le dice a su esposa, es consiente que muchas de las mujeres que aparecieron en la vida de Marcelino, él las conquistó con su personalidad, “humanitaria, simpática, carismática”, pero también sabe que ellas se interesaron fue por otra cosa. “Su farándula y la platica (…) Cuando la persona está enferma se sabe quién es quién, por eso no le voy a dar la espalda nunca”. Lo mira fijamente con respeto, cariño, admiración.

Marcelino Rodríguez sigue viviendo en Fontibón, el mismo barrio en el que nació en 1950 y en el que conoció a Gloria.

Aunque cada vez le cuesta más acordarse de algunas cosas, hay otras que tiene presentes. Como por ejemplo, que le gusta bailar samba, que prefiere el whisky en vez del aguardiente, que le gustaba conducir de noche, que su color preferido es el verde, que le gustaba escuchar a Oscar Golden y que fue el humorista Óscar Meléndez el que le puso el apodo que lo llevó a la fama.

El nombre de Mandíbula surgió de un villano, con dientes de acero, que apareció en dos de las películas de James Bond: Moonraker y La espía que me amó. Cuando Marcelino interpretó al villano para Sábados Felices, le rellenaron la boca con papel plateado de cajas de cigarrillo. A los niños les encantó aquel monstruo mudo que hacía muecas mientras abría de par en par sus ojos azules.

Tampoco olvida cómo coquetearle a una mujer mientras la hace reír. Durante una entrevista reciente, Pilar Schmitt, presentadora de Caracol Televisión, le preguntó a Marcelino: ¿Cuál era su comida preferida? “Las sardinas”, le respondió este hombre de 1.82 cm de estatura y que calza 42, mientras intentaba guiñar uno de sus ojos azules.

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Marcelino Rodríguez y su hija Olga. “Es un orgullo ver cómo la gente que se lo encuentra por la calle lo abraza. Algunos lloran de emoción”, dice. 

La historia de ‘Mandíbula’ no es la de una estrella de televisión que después de tener mucha fama y dinero se está quedando pobre y sin donde caerse muerto.

Todo lo contrario, desde que se cayó mientras hacía una escena para Sábados Felices (hace unos tres años), Caracol Televisión le consigna mensualmente un dinero que le sirve para pagar las costosas e intensivas terapias a las que tiene que asistir tres veces a la semana durante cinco horas, para retardar el inevitable avance del Alzheimer. “Me echaron por feo”, bromea.

“Eso lo pone contento, eso hace que su vida sea más feliz. Además sus compañeros lo llaman constantemente,  están pendientes”, dice Gloria.

Sin embargo y pese a esa felicidad que le producen las llamadas y las visitas que son el rezago de la fama, a Mandíbula lo invade por momentos la nostalgia.

Guarda prolongados silencios que no necesariamente son producto de su enfermedad. Son silencios melancólicos que llegan cuando intenta recordar a sus compañeros muertos.

“Hola pelado”, así lo saludaba el ‘Mocho’ Sánchez, y él lo recuerda. Hay otro silencio prolongado que se combina con el temblor de su descomunal mandíbula y es cuando recuerda a Jaime ‘El Flaquito’ Agudelo. “Hablábamos pendejadas, me hacía reír, era mi amigo, tomábamos tinto”, dice.

Aunque extraña a “el producto” (como llama a Sábados Felices) dice que no quiere volver porque le debe $100.000 a Hugo Patiño. Prefiere ver el programa aunque crea que “los chistes son muy flojos y malos”.

Prefiere seguir viendo a sus compañeros todos los sábados y mientras puede, seguir recordando que alguna vez fue el feo más famoso de Colombia.

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Mandíbula y su nieta Sofía. Ella quiere ser famosa. Le gustan las fotos y la actuación.