Mar-a-lago: la otra Casa Blanca de Trump

Mar-a-lago: la otra Casa Blanca de Trump

17 de abril del 2017

La opulencia asombra. Asombrar, incluso,  es una palabra que se queda corta. Y así es Mar-a-lago, la casa de descanso de Donald Trump: opulenta y asombrosa. “Winter White house”, la llamó él mismo. Puede que lo único sencillo de este lugar sea la entrada: un pequeño arco en medio de dos palmeras, hecho de piedra labrada. Después todo es lujo; un lujo que no se igualaría ni con los palacios más exuberantes de la Europa renacentista. Ni siquiera Versalles.

La propiedad tiene 20 hectáreas. Está rodeada por un muro que se construyó  con piedra traída de Génova, Italia. Luego hay un camino adoquinado, hecho con piedra de Chattahoochee, que es un mineral perlado y fino. Alrededor de ese camino hay prados verdes, impecables, perfectamente podados.

La propiedad fue construida entre 1924 y 1927 por  Marjorie Merriweather Post, heredera del imperio de General Foods, Inc. Desde el principio ella pensó el lugar como un sitio de recreo para los presidentes de los Estados Unidos o para altos dignatarios. Por eso pasó mucho tiempo buscando el “punto perfecto”. Lo encontró en Palm Beach, Florida, en lo que entonces era un pantano. Pero eso no fue problema y con los años, el lugar se habría de convertir en una de las zonas más exclusivas de Estados Unidos y del planeta. El metro cuadrado más caro del mundo está allá. Y desde que Trump se hizo presidente se ha valorizado casi que en cifras incalculables.

El complejo perteneció a Post hasta su muerte en 1975. Luego pasó a manos del gobierno, hasta 1985 cuando fue adquirida por Donald J. Trump.

Desde su construcción, Mar-a-lago buscó emular el estilo hispano-mourisco, muy popular en las villas del Mediterraneo. La casa principal forma una media luna de dos niveles.  Al fondo hay una torre de 22 metros desde la que se  ve el mar en toda su dimensión y belleza.

Foto: @Dr fausto

Foto: @Dr fausto

“La arquitectura, la escultura, la planificación y la artesanía de esta magnífica finca no podrían ser duplicadas hoy en día. —dice la página del club—. El plan de Post consistía en reunir muchos rasgos del Viejo Mundo y de los estilos español, veneciano y portugués. Se trabajó estrechamente con Marion Wyeth, un arquitecto muy conocido, sobre el tamaño exacto, la colocación y el diseño de la planta. Joseph Urban, antiguo arquitecto del emperador Franz Joseph y del khedive de Egipto, fue llamado desde Viena para los detalles más elaborados. Urban fue enviado a Viena para el eminente escultor Profesor Franz Barwig y su hijo que trabajó durante casi tres años modelando y tallando esculturas extraordinarias. Los modelos para los loros, monos y otros motivos se conservan en el lugar”.

Hay, en total 120 habitaciones, que forman el Mar-a-lago Club, cuya membresía anual es de 200 mil dólares. Podría decirse que ese es, además, el club privado más exclusivo y caro del planeta.

Hay varias piscinas, una de ellas, grande e imponente, colinda con el Atlántico. Hay campos de golf y de tenis, Spa, hotel, cabañas,  y un par de hermosas playas privadas. Es un lugar de ensueño; pero no para cualquiera.

Foto: maralagoclub

Foto: maralagoclub

El interior de la casa también es increíble. “El club, valorado en unos 100 millones de dólares, refleja el ostentoso gusto de Trump, con salas colmadas de mármol, piedra italiana, azulejos españoles, tapices flamencos, enormes candelabros colgantes, alfombras orientales y frescos europeos. Pululan también el oro y el dorado, con paredes forradas con hojas del precioso metal, en el salón de baile estilo Luis XIV, e innumerables incrustaciones en columnas, escudos, lámparas, cuadros, jarrones, vajillas y mobiliario en general, como también en la grifería de los baños”, escribió EFE sobre Mar-a-lago.

El salón oro y blanco es donde se dan las ruedas de prensa y las alocuciones de Trump. Mide algo más de 50 metros cuadrados y está hecho de mármol blanco sobre el que se labraron y pintaron detalles barrocos resaltados en dorado. Del pecho cuelgan varias elegantes lámparas de baccarat.

El salón Trump es otra de las “atracciones” de Mar-a-lago. Es inmenso y elegante. Esta, como el blanco oro, hecho de mármol con finos detalles dorados. El piso es de parqué. En cuanto al despacho del magnate, ahora presidente, es la misma lógica de toda la propiedad: lujo y ostentación. Toda la pared está hecha de madera labrada, emulando el estilo morisco, muy común en las iglesias. La alfombra, también de diseños árabes, es persa y cubre toda el área. En la pared cuelga una pintura de Trump, vestido deportivamente, con un atardecer de fondo. Se ve serio. No sonríe. Parece pensar en la próxima jugada que hará, en la próxima ficha que moverá. A un gesto así le llaman “cara de póker”.

Foto: maralagoclub

Foto: maralagoclub

Y desde ese paraíso, desde ese rimbombante reflejo de la ambición de Trump, también se estarán moviendo los hilos del mundo durante los próximos años. El desfile de personalidades y líderes mundiales apenas empieza. Ya sabemos, por ejemplo, que el presidente de China estuvo allá, que el primer ministro de Japón estuvo allá; y que  Andrés Pastrana y Álvaro Uribe estuvieron allá. Mar-a-lago, la “joya de la corona de Palm Beach”.