Los secretos literarios de Marc Levy

Los secretos literarios de Marc Levy

28 de enero del 2018

Marc Levy no necesita presentación alguna. Basta con decir que es el autor más leído en Fancia, su país de origen; uno de los más importantes escritores de Europa y amado en América Latina.

El autor de ‘Ojalá sea cierto’, una de sus novelas más famosas, y al menos 20 obras más, es una de las estrellas del Hay Festival Cartagena, evento que ya es como su casa.

Levy, de 56 años, habló con los asistentes de la fiesta literaria y en esta oportunidad contó cómo es su vida de escritor, cómo trabaja, qué lo apasiona, y otros secretos del oficio que ama con su vida: escribir.

Aunque Levy es un hombre serio, que por cultura europea pocas veces ríe a carcajadas, entre sonrisas contó que en el proceso de escribir una historia, por el amor que nace entre él y sus personajes, es a veces tildado de loco.

El francés narró que hasta su mejor amigo, que lo conoce bastante bien, se asusta cada vez que lo ve hablando, peleando y haciendo gestos, también solo. Aunque físicamente en ese momento no esté acompañado en el entorno, la verdad es que sí lo está. En ese instante, en el que parece estar fuera de sus cabales, peleando consigo mismo, está muy acompañado. Fácilmente está compartiendo junto a una, dos, tres o cuatro personas, que aunque para los demás no tienen cuerpo tangible, para él son los más vivos del planeta: sus personajes, los protagonistas de la novela que para ese momento tiene en mente o en proceso de plasmarlos en una hoja.

“Vivo con mis personajes, como el carpintero lo hace con la marioneta. Él debe ser el primero en creer que esa marioneta tienen vida. Eso es crear un personaje de novela interesante en su historia, en su pasado y va a justificar la manera en la que se va a comportar cuando se ven enfrentados las historias que nos cuentan. Cuando tu comienzas a conocerlos y hablar con ellos y a pasar tiempo con ellos, comienzan a tener personalidad propia y ellos mismos son los que te dicen “yo nunca haría esto, yo soy así o no soy así”, dice el escritor.

Levy también asegura que, “si usted escribe un dialogo y ese diálogo el personaje nunca lo hubiera dicho, el mismo personaje le dice inmediatamente que él no es él, y usted como escritor se bloquea y no sabe con qué seguir porque lo que acabó de escribir no funciona.

El francés asegura que aunque cree haber entrado a la escritura un poco tarde, a los 39 años, la buscó para descubrir la libertad que estaba buscando durante su vida por otros medios y que halló llenando de historias hojas en blanco.  “Esa libertad es uno de los regalos más lindos que la vida le da a las personas que escriben o qué pintan, porque se expresan de otra forma distinta”, dice el escritor, que remata diciendo que la verdadera libertad que da el escribir es “imaginarse que todo es posible”.

El autor indica que lo que hace en una novela es nunca dar lecciones a través de ella, porque en ese momento el escritor se encamina hacia la pérdida de la humildad y de la libertad, porque en vez de compartir un punto de vista, una idea y hacerla vivir entonces simplemente se da una lección moralista.

Sobre él, asegura que es simplemente un contador de historias, un artesano de la escritura y no un intelectual, como regularmente llaman a los escritores y artistas. Levy dice que le parecer muy pretencioso decir que él es un intelectual y que eso no lo puede decir uno de sí mismo.

El escritor pregunta “¿Qué es ser un intelectual?, ¿Significa que soy más inteligente que tú?” y afirma que él nunca, por el hecho de ser escritor, ha tenido la impresión de ser más inteligente que su vecino y que no sería capaz de atribuirse a sí mismo un posición tan rimbómbate. Es algo que Marc Levy aprendió de su padre, que desde muy niño le enseñó que aquellos que le meten mucho ego a su vida son satisfechos consigo mismos, pero que aquellos que viven la vida con más humor, satisfacen la vida de muchos a su alrededor.

Marc, quien era y sigue siendo socorrista de la Cruz Roja, ratifica el amor que tiene por las letras. Cuenta que publica en promedio un libro al año, por una sencilla razón, porque no tiene otro oficio. No tiene otro trabajo porque el de escribir le gusta mucho. “Cuando empiezo a escribir una novela estoy de mal humor; es como volver al gimnasio, cuando vuelvo a escribir solo son preocupaciones angustias y pienso que no lo voy a lograr y después de las 50 páginas me pregunto por qué dejé de hacerlo por unos meses, por eso público una novela con regularidad.

El escritor francés concluye diciendo que gracias a su timidez sigue siendo ese niño inquieto que solo quiere contar historias. “Lo que escribo es lo que soy incapaz de decirlo en voz alta”.