Mario Mendoza y Keko Olano: ¡“Sotah” sigue aquí!

Foto: Cortesía Keco Olano

Mario Mendoza y Keko Olano: ¡“Sotah” sigue aquí!

14 de enero del 2019

“El gran tentador”, “El adversario”, “El engañador” y “El acusador”, son algunas expresiones para nombrar a Satanás el enemigo de Dios y su creación. Este ángel caído, incapaz de amar y menos perdonar, se alimenta de la soberbia, la envidia, la ira y de todas las emociones desbordadas y negativas, para quitarle al ser humano la tranquilidad y la alegría, invitándolo a la inconsciencia y al abandono, es decir, ceder al vértigo auspiciado por medio de una potente voluntad que no es la suya, con el fin de desencadenar el deseo de poseer de cualquier manera las cosas materiales del mundo exterior y también de la voluntad de otro ser, para dominarlo y someterlo a su distorsionada voluntad, aún a costa de perder toda virtud de su propia alma.

“Shatan”, aquel que exacerba la imaginación, con el propósito de experimentar placeres hasta entonces desconocidos, sin importar que las fantasías sean repulsivas. “El señor de la tentación”, aquella solicitación interna que nos lleva a realizar un acto prohibido, de manera que la prohibición continué encendiendo el deseo de poder y de dominación por todo y por todos.

“Sotah”, es también otra forma de conocerlo como el demonio que posee la mente para desviarla hacia el crimen; esta posesión encarnó en Campo Elías Delgado: el asesino serial colombiano tristemente célebre por la masacre del “Pozzeto”, hecho tenebroso referido en el pasado artículo. (Lea aquí: Pozzeto: virtualmente “maldito” por sus geopatías).

Esto me llevó a reflexionar que quizás aquella mente martirizada por la obsesión, la represión sexual, la doble personalidad y el “gusto” por el mal y el dolor, aprendido en la guerra y reforzado por un estrés postraumático nunca tratado, desataron todas las fuerzas del infierno para cobrar la vida de las 29 víctimas que asesinó vilmente y la de otras 15 personas que fueron gravemente heridas. 

El resurgir de la bestia

Foto: Cortesía Keco Olano

La pesadilla continua, y ahora con más fuerza, pues la novela “Satanás” llevada al cine en el 2007 por el director caleño Andy Baiz y protagonizada por el actor mexicano Damián Alcázar, no fue suficiente para colmar las expectativas que Mario Mendoza despierta en sus lectores y seguidores. Por eso hoy, resurge de la prodigiosa mano del arquitecto y diseñador gráfico Keco Olano, quien le da una nueva dimensión a través de las magistrales ilustraciones de esta obra publicada por Editorial Planeta.

Con el fin de contestar a tantos correos y peticiones de mis lectores, por extender este inquietante pero hipnotizante tema, y además para nutrirlo de invaluables detalles inéditos provenientes de una fuente directa del insuceso, aproveché que el pasado 10 de enero fue el cumpleaños de Mario Mendoza, lo felicité y además lo entrevisté, con el fin de contrastar su experiencia pasada con su proyecto actual, al cumplirse 30 años de la aterradora masacre de “Pozzeto” y los 18 años de la publicación de su emblemática novela “Satanás”:

Foto: Cortesía Armando Martí. /Armando Martí junto al escritor Mario Mendoza. 

Armando Martí: Mario como lo registran los medios de comunicación en Colombia, se cumplen 30 años de la masacre de “Pozzeto” protagonizada por Campo Elías Delgado, ¿cómo recuerda usted a este asesino serial?

Mario Mendoza: En realidad, los treinta años se cumplieron el 4 de diciembre de 2016, que, curiosamente, fue el día del crimen de Yuliana Samboní. Se trata de la misma ciudad, el mismo día y el mismo barrio. La diferencia fue de apenas unas cuadras. Campo Elías era un tipo frío, calculador, distante, que hablaba muy poco. Hoy en día creo reconocer en él a un individuo con mucho resentimiento dentro de sí. Seguramente, la guerra le dejó heridas que nunca cerraron.

A.M: Durante el tiempo que pasaron juntos Campo Elías y usted, ¿no llegó a sospechar o intuir sus oscuras tendencias?

M.M: No, jamás. Era un buen estudiante y supo esconder muy bien su lado oscuro.

A.M.: Ante la posibilidad de haber muerto de un disparo directo a la cabeza a mano de Campo Elías Delgado, ¿qué sensación o reflexión le llega en este momento? Es decir, ¿a veces piensa en la segunda opción de haberse podido encontrar con Campo Elías cara a cara, aquella fatídica mañana y al escucharlo en su catarsis quizás hubiese podido impedir aquella masacre?

M.M.: Sospecho que quizás los dos primeros crímenes le indicaron que la bestia interior estaba suelta, y que sintió miedo, angustia, deseos de frenar. Tal vez me buscó para que lo ayudara, pero nunca lo sabremos. Es posible que yo también estuviera en su lista fatídica.

A.M.: ¿Cómo compañeros de clase, ustedes dos exploraron algunos de los misterios de la magia, el ocultismo y la mente subconsciente?

M.M.: Pues en realidad él y yo, explorábamos misterios. Yo preparaba mi tesis sobre aquelarres medievales y solía consultar mucho en ese tiempo La Rama Dorada, de Sir James George Frazer y Campo Elías estaba obsesionado con descifrar esa entidad maligna que Stevenson llamó Mr. Hyde. Y claro el punto de encuentro es que tanto la hechicería medieval como la novela de Stevenson hablan de desdoblamientos, de multiplicidad interior, del ser como una suma de vectores complejos e incluso contradictorios. No somos una unidad, sino una legión interna, y acerca de ese tema central giraban nuestras conversaciones.

A.M.: ¿Campo Elías Delgado le pedía material de investigación como por ejemplo, “los efectos de los trances en la brujas y sus aquelarres medievales” para leerlos y profundizar al respecto?

M.M.: Le presté, justamente, el libro de Frazer. Sus preguntas, más bien, estaban relacionadas con el inconsciente, con ese ser misterioso que se esconde detrás de cada uno de nosotros.

A.M.: ¿Cree que un espíritu maligno poseyó la psique de Campo Elías?

M.M.: Parecería, sí, que hay una relación entre el libro que él llevaba el día de la masacre (Doctor Jekyll y Mister Hyde, de Stevenson), y los hechos. Eso lo subrayó con mucha lucidez en su momento el psiquiatra Luis Carlos Restrepo.

A.M.: ¿Por qué su novela más famosa se llama “Satanás”?

M.M.: Porque Satanás habla sobre la multiplicidad interior, sobre el hecho de que somos muchos, varios, y que esa multitud que nos habita no siempre es positiva. Somos legión, como lo enuncia Satanás en las Sagradas Escrituras.

Foto: Cortesía Armando Martí.

A.M.: ¿Se obsesionó con la historia de la masacre del “Pozzeto” y sintió la necesidad de plasmar la misma para revelar verdades y secretos que lo atormentaban? 

M.M.: Sentí culpa, y para hacer catarsis escribí la novela. Fue una expurgación. La escritura como liberación de fuerzas oscuras.

A.M: ¿Piensa que el fantasma de Campo Elías Delgado lo acompaña y quizás hasta lee lo que usted escribe?

M.M: No, por fortuna. Con la escritura del libro dejé atrás esa historia para siempre.

A.M.: ¿Cómo exorciza a sus demonios interiores?

M.M.: Escribiendo, indudablemente. Y espero que esas historias y esos personajes liberen también al lector de sus fantasmas interiores. Catarsis social.

A.M.: ¿Qué opina de los lugares “malditos” como Pozzeto por ejemplo? 

M.M.: Creo que hay fuerzas que impregnan los lugares de manera inexplicable. Los hospitales, por ejemplo, las cárceles y los antiguos manicomios despiden una energía oscura que deprime de inmediato. Eso es muy evidente en lo que queda hoy en día de los campos de exterminio alemanes. En el Museo de Memoria y Tolerancia, por ejemplo, en México D. F., hay un vagón original de Auschwitz, y bastan unos pocos segundos dentro de él para empezar a sentirse mal, con mareo, con ganas de vomitar. Creo que la materia es capaz de guardar rezagos de la energía.

A.M.: Sabía que próximamente van a demoler el restaurante Pozzeto para construir una gran torre de apartaestudios, ¿qué opina al respecto?

M.M.: Sí, lo supe hace meses porque el ilustrador de la novela gráfica, Keco Olano, me lo contó. Él es arquitecto, y, curiosamente, lo llamaron para consultarlo sobre una posible remodelación del lugar. Mientras él visitaba el restaurante como arquitecto, nadie sabía que en realidad estaba boceteando y tomando notas como artista para la novela gráfica.

A.M.: ¿Compraría uno de esos apartaestudios? 

M.M.: No, jamás (sonrisa). Va a pasar TransMilenio justo al frente.

A.M.: Su novela “Satanás” además de haber sido llevada al cine, hoy se publica una edición de novela gráfica en Colombia por Editorial Planeta, ¿cómo fue el proceso para decidir realizar este proyecto? 

M.M.: La verdad es que trabajar con Keco Olano y su equipo ha sido muy gratificante. La novela gráfica es como hacer cine en dos dimensiones, como hacer cine en libro. Y eso requiere de mucho trabajo: revisar las locaciones, el vestuario, los objetos, diseñar muy bien los personajes. Por fortuna, Keco trabaja con Heidi Muskus y con Gabriel Pedroza, que son otros dos diseñadores y dibujantes de enorme talento visual.

A.M.: ¿Nos podría contar algunos de sus nuevos proyectos literarios? 

M.M.: Estamos trabajando ya con Keco en una trilogía gráfica. Se trata de un mundo distópico, apocalíptico, que esperamos que sorprenda a los lectores. La novela gráfica ha estado relegada a un segundo o tercer lugar en el mundo de los libros, y ojalá que los lectores vayan descubriendo su estética, su brillo particular, y se aficionen a leerla al mismo nivel que leen novela, cuento o ensayo.

A.M.: ¿A qué le teme Mario Mendoza? 

M.M.: A una muerte lenta, a una enfermedad incurable que me vaya disminuyendo poco a poco.

El artista que abrió las puertas del infierno

Foto: Cortesía Armando Martí./ Armando Martí entrevistando a Keco Olano. 

Keco Olano es un colombiano que nació en Cali y estudió arquitectura en la Universidad Javeriana de Bogotá, donde ejerció como docente. Asimismo ha publicado cómics en las revistas Larva, Klan-Destinos y Don Juan, también ha participado y expuesto sus ilustraciones en varias ocasiones en Calicomix. Actualmente es el ilustrador de la novela gráfica “Satanás” del escritor Mario Mendoza.

Armando Martí: Keco desde su experiencia profesional y natural creatividad ¿cómo logró elaborar la ambientación de esta novela gráfica “Satanás” de Mario Mendoza?

Keco Olano: Ser arquitecto me permitió utilizar herramientas digitales poco habituales en el terreno de la ilustración como programas tridimensionales que ayudan a texturizar y modelar las maquetas, con el fin de crear los espacios de una manera muy cinematográfica dotando de más dramatismo todas las escenas, combinando a su vez, herramientas manuales y artesanales, que dan como resultado un contraste muy interesante.

A.M.: ¿En qué se inspiró para darle vida a las ilustraciones de esta novela?

K.O.: Yo sentí que debía distanciarme de alguna manera de la película “Satanás” del director caleño Andy Baiz y también de la obra literaria, para que los lectores sintieran que tenían en su manos una novela gráfica innovadora y novedosa. Por eso mi propuesta gráfica fue radical, de modo que dijera algo más, de lo que ya se había presentado.

A.M.: ¿Cuál es el sentido del juego de colores que se ve a lo largo de la novela gráfica?

K.O.: Lo primero que hice fue poner dos realidades, es decir, la esencia de la novela que de alguna manera se basa en el libro de Stevenson “Doctor Jekyll y Mister Hyde” y la dualidad que hay en la condición humana, reflejada no sólo en Campo Elías Delgado sino también en los otros personajes que se van transformando a medida que la novela avanza, hasta llegar al lado más oscuro.

Entonces quise reflejar esas realidades en dos estilos gráficos: por un lado la historia de los cuatro personajes se hizo a color, pues el contexto es objetivo y así los lectores pueden identificar claramente la ciudad y los detalles de la cotidianidad. Esto se contrastó, con un entorno complemente subjetivo que transmite y percibe Campo Elías: una realidad flexible y radical, pues él no ve matices, todo es blanco o negro a nivel inconsciente, permitiendo a su vez, eliminar fondos y crear claros oscuros para dramatizar mucho más las escenas. También uso el collage, con el fin de generar escenas donde se disloca el tiempo y el espacio transcurriendo todo a la misma vez pero a diferentes escalas.

Foto: Armando Martí.

A.M.: ¿De qué manera se conectó con el personaje de Campo Elías Delgado para evocar en el lector esas sensaciones sombrías y plasmarlas en la novela gráfica?

K.O.: Yo quería manejarle dos facetas a Campo Elías Delgado. Por un lado, sí deseaba mostrar este personaje entrenado, agresivo y con una cantidad de traumas mentales cuando utiliza las gafas, porque carece de una mirada que no le permite crear un vínculo directo con el lector, pero por otro parte, también busqué presentar un lado vulnerable, aislado y solitario como “uno más”, cuando no lleva esas gafas. De esta manera, se logró enriquecer la personalidad que tenía y jugar con la dualidad.

A.M: ¿Siente usted que alcanzó a impregnarse de la energía del asesino Campo Elías Delgado?

K.O.: Cuando uno va a construir un personaje, no solo nos interesa los rasgos físicos sino también la historia personal, es decir, todo el bagaje que hay detrás y fortalece la personalidad. Entonces para lograr esto, quisimos construir el edificio donde Campo Elías vivió a través de la recolección de material audiovisual y los planos de la Sijin del levantamiento de la masacre, con el fin de crear una maqueta tridimensional de lo que era su apartamento y todo lo que fue su recorrido, pero nos faltaba estar presencialmente en el sitio para poder sentirlo.

Mario y yo, empezamos a estar atentos a que el apartamento estuviera en alquiler y justamente días después, colocaron el aviso y llamamos por teléfono para concretar una cita con la inmobiliaria. Lo curioso fue que cuando nos iban a mostrar el apartamento, la persona encargada no quería y con evasivas buscaba que entráramos a otro apartamento contiguo, pero fue tanta nuestra insistencia que cuando finalmente accedió a enseñarnos el espacio, quedamos impactados al entrar.

En las entrañas del mal

Foto: Cortesía Armando Martí

A.M.: ¿Cuál fue su percepción al ingresar a este lugar que guarda en sus paredes una historia funesta?

K.O.: Como no podíamos sacar fotos, intentamos grabarnos todos los detalles posibles. Por ejemplo, la zona social del edificio, las escaleras y las barandas, eran las mismas que habíamos detectado en el material audiovisual. Cuando entramos al apartamento la primera sensación que tuvimos fue de agobio, porque yo sabía que Campo Elías no soportaba a su mamá e intentaba evitarla a toda costa, especialmente cuando las dos únicas habitaciones estaban enfrentadas, es decir, puerta con puerta, y además, sólo contaban con un baño minúsculo para compartir. Entonces con esta distribución no hay manera de no ver a la otra persona, la única forma posible era encerrándose en el cuarto.

Yo sentí una pesadez al recorrer ese espacio, pero el sitio que me pareció más cargado fue la cocina donde mató e incineró a su madre. Ahí nos dimos cuenta, que hay una salida (vía de escape) hacia la calle, a través de la zona de ropas y me detuve a pensar como a forma de visión, que cuando estaba quemando el cadáver y teniendo conocimiento de esa salida, Campo Elías se quedó observando las llamas y pudo deleitarse por un momento, lo cual me impactó mucho.

A.M.: ¿Pudo también ir a Pozzeto como parte de su inmersión personal?

K.O.: Debido a que soy arquitecto y también hago remodelaciones de espacios, a mí me llamó casualmente la dueña de Pozzeto, para que le hiciera una propuesta de remodelación, justamente cuando estaba en medio de la elaboración gráfica de la novela, por lo que pude conocer de primera mano desde su historia hasta cómo funciona el sistema de circulación del restaurante y la distribución de las mesas, la iluminación y la decoración. Es curioso pero este lugar quedó detenido en el tiempo, casi nada cambio.

Toda la información que recabé, me sirvió para ponerme en la posición de Campo Elías, evaluar y recrear la planificación de la masacre. Suena macabro pero no había otra manera de hacerlo creíble. De ahí que cada detalle de Pozzeto, coincide a la perfección con las ilustraciones de la novela gráfica.

Foto: Cortesía Armando Martí.

A.M.: ¿Qué detalle fue el que más quiso marcar de Pozzeto?

K.O.: De alguna manera el pozo que hay en el restaurante. Es un punto en el cual, Campo Elías pudo haber analizado todo lo que iba hacer, sin llamar la atención. Ahí fue cuando me di cuenta que todos los detalles, son la esencia del espíritu del lugar y hace creíble todo lo que pasa.

A.M.: ¿Cree usted en lo paranormal?

K.O.: Yo primero era muy creyente y místico en esos temas. Luego me volví muy racionalista y ahora la misma ciencia con sus nuevos descubrimientos en la parte de la teoría cuántica y la teoría de cuerdas, me está abriendo nuevamente ese aspecto de las múltiples dimensiones.

A.M.: ¿Le gustaba profundizar en los misterios ocultos que reflejaba por ejemplo Edgar Allan Poe y H.P Lovecraft en sus obras literarias? ¿Fue este el lazo que los unió con Mario Mendoza?

K.O.: ¡Claro que sí! Los temas subconscientes y misteriosos siempre me han llamado la atención. Mario y yo, estamos muy conectados en la manera que percibimos la realidad, por eso fue muy natural trabajar juntos.

Por: Armando Martí