La sonrisa de la cineasta Abad Lombana

Andrés Lozano/kienyke

La sonrisa de la cineasta Abad Lombana

12 de enero del 2019

La muerte de su abuelo no logró silenciar a su familia. El destino de los Abad era grande y poseían una historia que se debía contar a los colombianos. ‘Carta a una sombra‘ es el documental que hace una radiografía de la vida y deplorable asesinato del médico y defensor de derechos humanos: Héctor Abad Gómez.

Fue una idea ajena y no se apartó de ella hasta que la materializó. En 2006 el hijo de Abad Gómez, Héctor Abad Faciolince, publicó el libro ‘El olvido que seremos’, una historia que años más tarde le daría la convicción a Daniela Abad Lombana, hija del escritor, de narrarla a través de las voces de su esposa, hijos y amigos más cercanos en el documental ‘Carta a una sombra’.

La joven colombo-italiana, tras revelar la vida y asesinato de su abuelo paterno en un documental, decidió adentrarse y esculcar los secretos esta vez de su familia materna: los Lombana-Cannas. Un matrimonio entre el colombiano Tito Lombana y la italiana Laura Cannas que dejó dos niñas, Barbara Lombana, madre de Daniela, y Mónica Lombana. Es el segundo largometraje que realiza y lo nombró ‘The Smiling Lombana”.

En entrevista con KienyKe.com la cineasta habló sobre este proyecto que estará en las salas de cines desde el 17 de enero. Contó de su vida y la importancia del cine, el arte y la educación en un país como Colombia.

Daniela Abad Lombana directora de “The Smiling Lombana” / Foto: Andrés Lozano – KienyKe.com

La cineasta: nieta del médico, hija del escritor

En su corazón siempre estuvo presente la tierra mágica de mariposas amarillas aun cuando nació en Italia en 1986. Su sangre corre al ritmo de la historia. Y finalmente eso terminó acercándola a Medellín, ciudad cuna de su padre Héctor Abad Faciolince y también de su madre, Barbara Lombana.

Una sonrisa la acompaña siempre, quizá heredada de su abuelo Tito Lombana, el protagonista de su nuevo film. “Me siento mucho más colombiana que italiana”, dijo entre risas y con un arraigo digno de la cultura paisa. Agregó que siempre se he movido entre estos dos mundos, lo que la ha ayudado a tener una visión distinta del país, una visión de extranjera.

Sin esta tierra, adolorida por la guerra y la injusticia, como la ven algunos, las dos historias que ha narrado desde su profesión no existirían. El primer recuerdo que tiene de Colombia es el colegio en el que ahondan sus primeras experiencias. “Tenía cinco años, era súper necia”, admitió. Le gustaba que era una institución “medio hippie” y que pocos conocían. Consideraba que era mejor estar lejos de lo ostentoso.

Se define a sí misma como cinéfila (aficionados por el séptimo arte). Sus mejores momentos los pasó con sus ojos fijos en películas que miraba junto a su mamá Barbara. Cuando terminó la educación básica, en Italia, quiso estudiar cine pero no tenía los recursos para costear las escuelas que ella conocía. Así que tomó la decisión de regresar a Medellín y estudiar medicina en la Universidad CES. Con el pensamiento que muchos pueden llegar a tener a esa edad pensó que era mucho más útil para la humanidad “estudiar medicina y salvar vidas”.

Un día estaba en un pueblo, mientras recorría sus calles polvorientas, y coincidió con un festival de cine pequeño. Entró a ver un largometraje y escuchó como la gente charlaba y discutía sobre la película. Entendió que no tenía nada que hacer en medicina. “Me parece hermosa pero no era mi profesión”, confesó Daniela… ‘zapatero a tus zapatos’.

Dos años le bastaron para desistir de esta profesión. No descansar y no tener tiempo para disfrutar de su mayor pasatiempo, ver películas, la llevaron a desertar. Si bien el destino no está escrito, para ella estudiar cine fue un camino que llegó directo a su corazón. Recordó un encuentro con un amigo suyo, que estudiaba lenguajes audiovisuales, que le comentó sobre una universidad en España que ofrecía dirección de cine y era accesible. Parecía que el destino había decidido sonreírle.

Sin pensarlo dos veces averiguó sobre esta institución y tomó rumbo hacia Barcelona, exactamente a la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña. Cinco años después y contra todo pronóstico, Daniela Abad Lombana se graduó como directora de cine.

Su familia, la protagonista de sus películas

La misión era comenzar con proyectos profundos que le ayudaran a conocerse a sí misma y aprovechar para explorar a su familia. Admitió que por su mente nunca pasó la idea de hacer ‘Carta a una sombra’, ni adaptar el libro de su papá. De hecho confesó que fue una idea externa a la que ella le dijo sí. En cambio, con ‘The Smiling Lombana’, sentía que sí estaba en su mente desde hace tiempo, cuando estaba produciendo la historia de su abuelo Abad Gómez. “Son dos producciones que nacieron casi al mismo tiempo”, apuntó.

En su primera producción contó con la ayuda de Miguel Salazar, un experto en la imagen y la composición cinematográfica, y juntos lograron construir ‘Carta a una sombra’, tiempo que le permitió a ella aprender del cine documental… Su fuerte era la ficción.

Cuando empezó a producir ‘The Smiling Lombana’ le pareció muy interesante adentrarse en la historia de Colombia, sobre qué había pasado en el país entre los años 40 y los años 90. “Toda esa investigación me sirvió para comprar ambas historias de cómo esos dos abuelos de alguna manera pertenecían casi que a bandos distintos. Tenían posiciones distintas”, expresó con fluidez. Es de palabras precisas, como si intentara narrar con un voz en off uno de sus documentales.

Un hombre político y público como el abuelo Abad y una figura enigmática como Tito Lombana, que no era alguien público, le permitieron crear sus piezas audiovisuales. Añoraba crear un contraste que casualmente se encontraba justo en ella, en su idiosincrasia. Una joven atrapada por la historia y los secretos incrustados en la vida de sus seres queridos.

“Ese contraste creo que me ha ayudado a no juzgar tan duro a la gente, a entender que uno puede tener decisiones buenas y malas, e intentar humanizar un poco al otro”.

De niña no sabía mucho de la historia de su abuelo Héctor ni tampoco de Tito. Confiesa que de Tito sabía aun menos, primero porque no era una figura pública, y segundo porque en su familia es un tabú hablar de él: “Es un secreto. Poco se menciona su nombre”.

Lo que más le llamó la atención fue que no pudo conocer a ninguno de los dos. No hubo una charla profunda con ninguno, y hacer un documental sobre ellos “era un ejercicio de revivirlos de alguna manera para poder conocerlos, para lograr vivir un tiempo y saber quiénes eran”. Sin embargo, en el caso de Tito, afirmó que es imposible decir quién es, pero por lo menos le queda esa opinión: no saber quién es Tito Lombana.

The Smiling Lombana: sonríe y reinarás

Esta nueva historia se centra en Tito, una persona con matices que genera profundos conflicto éticos y morales. En palabras de Daniela: “Es como un personaje que a uno no le cae ni bien ni mal”.

Y precisamente esos conflictos permanecen muy vivos en su familia materna. Ellos no querían que se hiciera la película. Incluso muchas de las personas que contactó y que tuvieron una relación cercana con su abuelo no quisieron salir en la película. Otros ni siquiera le aceptaron un encuentro para conversar.

Póster oficial ‘The Smiling Lombana’

Una de las pocas personas que estuvo frente a la cámara hablando sobre Lombana, fue su hija Mónica, quien envuelve al espectador con una personalidad atrevida y sin máscaras. Su otra hija es Barbara, la madre de Daniela, que si bien no aparece en el documental, sin ella todo el material fílmico y valioso para que la cinta tuviera sentido alguno, no estaría hoy revelado.

“Su historia, que hasta hoy fue un gran secreto, representa también la de un país que sufre una pérdida de valores por cuenta de la cultura del dinero fácil”, dice la sinopsis del documental. Y no se equivocan, la ambición de Tito fue tan grande que devoró a su familia y carrera.

La abuela Laura (esposa de Tito) tampoco estuvo muy convencida de remover el pasado. “Los recuerdos duelen más que las balas”, dicen algunos. finalmente sucumbió ante su nieta y le regaló su voz para contar la película. “Grabar esas entrevistas y es conversaciones fue muy difícil y sigue siendo difícil para mí que salga en cines. Para ella también, porque no quieren verla en la pantalla grande. No les gusta la película, y eso para mí es doloroso pero entiendo su posición”.

En ella los conflictos internos también estuvieron sobre la mesa. Pensaba que “hasta qué punto llega uno en poner la vida de los otros en pro de uno mismo, del trabajo que uno realiza”. Pero al mismo tiempo, se convenció que hacer este documental y contar el secreto de Tito, podía aligerar el peso de muchas otros personas que también guardan secretos y con esto pueden salir a decir: “Miren a mí también me pasó esto”.

Daniela Abad lo único que espera es que la personas reaccionen a su trabajo. Quiere que se abran temas de discusión en el país, que la gente empiece a dialogar. Sobre el cine dijo que hay que pensar en la gente al momento de crear un proyecto, sobre la importancia en la capacidad de reflexión desde el arte.

Hace un semestre dicta una clase de cine en el ITM de Medellín. “Me ha gustado mucho la docencia, creo en la educación y siento que es la única solución”, afirmó. La responsabilidad de cualquier cineasta es generar pensamiento. Considera que la educación actual en el país es mala y apoya con total optimismo la lucha de los estudiantes para fortalecerla.

Esta cineasta, de tierras colombianas y europeas, creció entre historias profundas y significativas. Logró poner en una pantalla los secretos de su familia y no le teme a las críticas porque precisamente quiere abrir debate. Su sonrisa disfraza una mente que lo analiza todo de adentro hacia afuera, y que la puede llevar a surcar caminos tan interesantes como el sus abuelos a los que conoció gracias al papel y a una videocámara.

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