Los ‘caballitos de acero’ que cambian vidas en zona rural

Los ‘caballitos de acero’ que cambian vidas en zona rural

16 de agosto del 2018

En la zona norte del departamento de Antioquia, en San Juan de Urabá, se ubica Siete Vueltas, un municipio lejano donde una población se esfuerza por sobrevivir. Juan Camilo es uno de sus habitantes, va a séptimo grado y vive con su familia en la vereda Los Volcanes. Sus padres se dedican a la agricultura y sus hermanos también estudian. Su casa, como es común en la zona por la herencia costera de este pueblo, está construida en madera.

Juan Camilo asiste diariamente, sin falta, a la Institución Educativa Rural Siete Vueltas. Para llegar hasta aquel lugar donde aprende, que visto desde el cielo es la construcción más grande del municipio, tiene que caminar una hora.

Los otros medios de transporte no son muy convenientes, el principal es el mototaxi pero este puede costar 5.000 un día normal, en que no haya llovido, y hasta 10.000 o más un día en que la calles estén enlodadas. Siete Vueltas no tiene sus vías pavimentadas y cuando llueve fuerte el único transporte es a pie.

Siete Vueltas, en su centro urbano, tiene una carretera junto a la cual se construyeron las viviendas. Esta población es predominantemente rural, se cultiva, como en todo el Urabá antioqueño, principalmente plátano.

El buen vecino

Casi a 200 kilómetros de la casa de Juan Camilo, en Chigorodó, Kelly Villa, coordinadora del programa Mi Bici de Postobón en Urabá, prepara el envío de bicicletas a diferentes escuelas cercanas a la zona donde está ubicada la planta principal de la compañía en la región.

Así que Kelly busca los niños que cumplan con las condiciones del programa para entregarles una bicicleta que les facilite asistir a sus clases. En una de las primeras entregas en las escuelas de Barranquillita y Nueva Deli, se encontró con dos niñas ansiosas por participar en el programa.

Los papás de las dos hermanas llegaron hasta ella con una carta para solicitarle que las incluyera en Mi Bici, aunque no pertenecían a las escuelas beneficiadas. El padre de las menores estaba enfermo y no se podía mover y la madre no podía acompañarlas a la escuela todos los días.

Cada una recibió la bicicleta y se convirtieron en un caso de éxito de la fundación, “eran las más juiciosas, las más cumplidas para llevar la bicicleta al mecánico y tenían el mejor promedio”, recuerda Villa. En las primeras entregas las bicicletas eran de freno contra pedal, un diseño especial para terreno plano, como gran parte del Urabá antioqueño.

Pero luego de esas entregas llegaron bicicletas tipo charger, un diseño con cambios, que permitía la facilidad para territorios en pendiente. Esta nueva bici permitió incluir al programa otras poblaciones más lejanas y con condiciones más difíciles como Siete Vueltas en San Juan de Urabá.

Pero recorrer los casi 200 kilómetros que separan a los dos municipios no sería tarea fácil. Además, la carretera del centro de San Juan de Urabá a Siete Vueltas es destapada, lodosa y empinada. Kelly recuerda que la planeación de este proyecto fue muy difícil, pero eso no impidió llevar los caballitos de acero a Juan Camilo y sus compañeros.

El camión que cargaría las bicis se desplazó hasta la zona con tiempo suficiente para sortear las dificultades, que no faltaron. En el trayecto se quedó enterrado varias veces porque la carretera estaba húmeda, solo eran dos personas las que transportaban las bicicletas.

“Incluso en este momento esa comunidad está aislada porque la carretera está destapada y solo entran motocicletas. Además es una comunidad que ha sido golpeada por el conflicto y que ha estado ampliamente abandonada por el Estado, hasta hace poco que ha tomado vocería el municipio”, aseguró Villa.

Las bicicletas que cambian realidades

Durante el día de la entrega, cuenta Kelly, los niños no podían esperar el momento de recibir la bicicleta. Hacían bulla, no podían quedarse quietos, estaban ansiosos, querían que terminase el protocolo de la ceremonia para subirse en los ‘caballitos de metal’ y jugar hasta el cansancio.

Entre ellos estaba Juan Camilo, quien como todos los niños que han recibido el beneficio, se emocionó y se subió al aparato tan pronto pudo. Ahora utiliza la bicicleta para ir a estudiar, se demora media hora en llegar a la escuela y se ahorra el pago de mototaxi.

La bici también le ha servido para ir a jugar con sus amigos e ir a la cancha de fútbol para entrenar en su sueño de convertirse en arquero de la Selección Colombia e imaginar que es David Ospina y ataja cuanto tiro le hacen sus amigos al arco.

Sus padres también se han beneficiado con este medio de transporte, su papá lo utiliza cuando Juan Camilo no va al colegio para vender parte de la cosecha con vecinos u otras veredas. Al igual lo hace su madre, quien se transporta en la bicicleta para comprar y vender productos y visitar amigas en otras partes del municipio.

“Todos los niños están muy contentos con las bicicletas porque nunca han tenido la posibilidad de tener una. Era muy emocionante porque usted le da alegría a alguien con algo que no pensaba que le pudiera dar tanta felicidad. La bicicleta es un objeto para cambiar realidades”, reconoce la coordinadora del programa.

Para los más de 3.000 beneficiados del programa Mi Bici de Postobón “la bicicleta, a pesar de ser un objeto inanimado, se convierte en un objeto transformador de la realidad”, concluye Kelly.