Mi hermano y su fuerza interior

12 de febrero del 2015

¿Cómo se vive la enfermedad que padece Stephen Hawking al interior de una familia?

Stephen Hawking

Ahí está sentado mi hermano en una poltrona con enormes almohadones que parecen fabricados especialmente para amortiguar su pesado cuerpo inerte ante la inclemente enfermedad degenerativa que paulatinamente ha venido disminuyendo el movimiento de sus músculos.

Ya no son necesarias esas plumas de ganso recomendados para mitigar cómodamente su rutina diaria frente a un televisor, para él es suficiente la fe y su fuerza interior descomunal que lo hace diferente y le permite tolerar la nueva vida que con estoicismo lleva sin renegar jamás de su suerte.

Su mente inteligente y ágil se encuentra activa, lo que le permite participar en todo el rol de su vida familiar al lado de su esposa y sus queridas hijas con la ayuda del abecedario instalado en un Ipad, que al activar con sus ojos letra por letra logra hilvanar las frases e ideas que quiere trasmitir.

Cuántos recuerdos y vivencias me vienen a la memoria de aquellos años que convivimos fraternalmente en el mismo techo, cuando realizaba sus estudios en Bogotá, compartiendo con mi esposa y sus tres sobrinos a quienes vio crecer. Siempre unidos y acrecentando esa unión donde ha imperado un amor profundo y respeto mutuo, transcurrieron muchos años que cada momento recordamos con cariño. Siento nostalgia por aquellos tiempos alegres y trascendentales en nuestras relaciones familiares, semejantes a las flores que el viento es incapaz de desprender de su tallo.

Cuando se casó con una bella mujer de ojos verdes, se fue a vivir inicialmente a Barranquilla, posteriormente viajó a trabajar y a especializarse en Urbanismo en Bruselas (Bélgica). Al culminar sus estudios regresó a Barranquilla, allí en una tarde lluviosa, su esposa sufrió un lamentable accidente de tránsito, que posteriormente le produjo la muerte.

Este demoledor suceso le causó un dolor profundo, amaba a su esposa, su súbita desaparición le produjo una pena inmensa que lo afligió durante mucho tiempo. En una de nuestras conversaciones telefónicas diarias lo sentí demolido emocionalmente. Después de analizar circunstancias y posibilidades tomó la determinación de vivir en mi casa en Valledupar.

Stephen Hawking

Nueva vida, nuevas inquietudes, nuevos proyectos y con esas expectativas y realidades se reencontró con una preciosa y afectiva mujer que le devolvió la alegría. Después de un tiempo de reflexión tomó la feliz determinación de casarse nuevamente y formar un hogar ejemplar que fue bendecido con dos hermosas hijas.

En un día de junio mi teléfono timbró muy temprano. Era mi hermano. Después de un corto saludo me dijo: “Ricardo, la próxima semana mi hija María Camila se gradúa, igual que todos los años se celebrará la fiesta de grado. Yo tengo un problema serio en la pierna izquierda que no me permite caminar bien, por tanto te pido que la acompañes tú.”

Esa sorpresiva llamada me dejó preocupado, por eso me fui de inmediato a su casa. Allí lo encontré acostado en su cama, después de una corta charla pude constatar que su pierna no le respondía. La preocupación congestionó mi estado anímico, de inmediato solicitamos cita con una destacada neuróloga quien procedió a realizarle los exámenes de rigor. Una vez tuvo claro el diagnóstico me comunicó: ” Tu hermano tiene una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta las células nerviosas del cerebro y la medula espinal, cuando mueren las neuronas motoras, el celebro pierde la capacidad de iniciar y controlar el movimiento de los músculos. Esta enfermedad denominada esclerosis lateral amiotrófica no tiene cura conocida, solo se recomienda terapias”.

Él, un hombre sereno pero intuitivo, aceptó su enfermedad, recibe sus terapias diarias acomodado a su nueva realidad. Su actitud positiva y su fecunda espiritualidad me hacen reflexionar sobre diferentes tópicos de nuestra existencia y las respuestas que tenemos ante muchas situaciones que nos toca enfrentar. A veces no encontramos la aceptación de un problema, porque no lo analizamos, solo está lejos de nuestra fuerza interior, lo que no sabemos mirar.

Disfruto al visitarlo, lo encuentro fortalecido, constantemente le da gracias al Creador por la luz que lo llena de esperanza para seguir luchando por sus sueños e ilusiones. Recientemente le pregunté cómo se sentía. Con la ayuda del Ipad me contestó: “En paz”. Conociéndolo he entendido que esa paz que experimenta al ver sus dificultades motoras con una visión más elevada de comprensión del por qué, deja a un lado tristezas y preocupaciones que deteriorarían más su estado emocional

En una de mis visitas, acompañado de nuestra hermana Telle, quien ha estado todo el tiempo a su lado, me dijo: “Acerca tu mejilla derecha a mis labios”. Al hacerlo, sentí un beso fraternal, propio de su sensibilidad que me hizo estremecer por el mensaje infinito de cariño que me trasmitió. Este gesto jamás lo olvidaré, será el motor de mis luchas frente a las adversidades que la vida cotidiana nos trae.

En octubre pasado me envió esta nota que me emocionó muchísimo. Todo lo que viene de mi hermano es sorprendente.

“Ricardo… Han pasado tantos años que recordarlo me produce mucho dolor, cuando en aquella tarde de enero, montados en el techo de nuestra casa paterna tú me enseñaste a volar cometa.
Desde entonces he aprendido tantas cosas que ti, sin saberlo me has enseñado. Ha pasado toda una vida… que cualquier persona pensaría que somos muy distintos, pero por el contrario son tantas cosas que compartimos que al encontrarnos fluyen enseguida las identidades y los acuerdos.
Admiro de ti tu aguda inteligencia, el imán que tienes para atraer a las personas, la capacidad para afrontar todas las tormentas sin disminuir tu fuerza interior. En fin… son tantas las virtudes que tienes y tan pocas las fuerzas que yo tengo para expresarlas, que solo me alcanza para agradecerte lo bien que has sido conmigo y mi familia.
Te quiero mucho. Tu hermano Raúl.”

Cuando decaigo emocionalmente ante la inclemente realidad de mi hermano, recuerdo  lo que dijo Hipócrates, padre de la medicina, “las fuerzas naturales que se encuentran dentro de nosotros son las que verdaderamente curan las enfermedades.”

Riguti@yahoo.com

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